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de Artículos > Técnicas Intervencionistas
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Anestesia local en Medicina Estética
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Dra. Mª A. Ruano Gonzalo
(Especialista en Medicina Interna. Clínica de Medicina Estética.
Madrid)
Dr. J. M. Pereira Alvarez
(Especialista en Medicina Interna y Neumología. Medico Adjunto
Servicio de Neumología. Hospital Cantoblanco. Madrid)
Fecha de Publicación:
Noviembre de 1995
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Nota: Este artículo está
orientado a profesionales no especialistas en anestesiología
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Resumen
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Existen distintas técnicas de intervención en
Medicina Estética que serían impensables sin la anulación de la
sensación dolorosa. Los autores revisan la historia de la anestesia
locorregional y de sus aplicaciones en este campo, repasando las
características de los diversos compuestos, aplicaciones, indicaciones
y contraindicaciones.
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Introducción
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Las nuevas técnicas que actualmente se utilizan
en la corrección de los diversos defectos estéticos y la aparición
de materiales de más fácil manejo han evitado, en múltiples casos,
la utilización de anestesia general, que queda en manos del especialista
en anestesiología. Pero sí se pueden realizar, en muchas ocasiones,
anestesias locorregionales-infiltraciones, que están más al alcance
del médico-cirujano no especializado en anestesiología.
Pero ello debe significar que se posee un perfecto
conocimiento farmacológico de los anestésicos locales utilizados
en la técnica a emplear, así como tener muy presente la prevención
o previsión de reacciones adversas, sobredosis, etc.
Se requiere, además, un perfecto conocimiento
anatómico de la zona tratada y de la técnica de la anestesia locorregional.
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Recuerdo histórico
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Desde la antigüedad, una de las grandes metas
de la Medicina fue lograr la desaparición del dolor en todo acto
profesional, y su consecución llevó al extraordinario desarrollo
de la cirugía.
Las primeras experiencias se efectuaron con
el frío, ya que se observó que, al aplicarlo localmente, disminuía
la sensación de dolor. Posteriormente, se intentó anestesiar zonas
determinadas del cuerpo por compresión de los nervios.
Las primeras descripciones de las acciones anestésicas
datan de la época de la conquista de América, con la utilización
de la planta de la coca por los indígenas peruanos. En el siglo
XIX, se consiguió aislar su alcaloide así como su primera utilización
como anestésico en oftalmología, aunque pronto se observó que
era muy tóxico y que producía opacidades corneales (1).
El primer gran paso se dio con la síntesis de
la procaína (Einhorn, 1905), continuando con la aparición de múltiples
preparados (tetracaína, percaína, etc.).
El segundo y fundamental avance fue la síntesis
de la lidocaína (Lofgren, 1943), que presentaba grandes ventajas
respecto a las previas y, a partir de ese momento, se sintetizaron
muchas más: prilocaína (Lofgren, 1953); mepivacaína (Ekenstam,
1956); bupivacaína (1963); etidocaína (1972).
No haríamos justicia si nos olvidásemos de otro
gran descubrimiento, sin el que no hubiera sido posible la realización
de la anestesia locorregional y sólo se podrían utilizar dichos
anestésicos por vía tópica, nos referimos al revolucionario invento
de la jeringa de inyección (C.G. Pravaz) y al de la aguja hipodérmica
(A. Wood), a mediados del siglo XIX.
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Acción farmacológica
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La parte activa del anestésico local es la base
no disociada y que se libera al pH de los tejidos. Cuanto más
fuerte sea dicha base, mayor será su disociación y menor su penetrabilidad
celular. Las que pertenecen al grupo amida son más estables in
vitro y en el organismo, que las pertenecientes al grupo éster.
Los anestésicos locales bloquean la conducción
nerviosa por paralización, fundamentalmente, de las fibras sensitivas.
Sus acciones afectan al sistema nervioso y aparatos
a distintos niveles:
1. Sistema nervioso periférico:
- Anestesia local.
- Aplicación superficial en mucosas: tópica.
- Aplicación subcutánea: infiltración.
- Aplicación en troncos nerviosos. Troncular: epidural, B. simpático.
- Aplicación espacio subaracnoideo: raquídea.
2. Sistema nervioso central: al absorberse,
puede inducir estimulaciones que producen inquietud, temblor y
convulsiones tónico-clónicas (sobre todo, estas últimas). A continuación,
puede aparecer depresión central por agotamiento de los centros
nerviosos y presentarse clínica de coma, arreflexia e incluso
llegar a la muerte por parálisis del centro respiratorio.
Los estimulantes respiratorios son ineficaces.
La mejor forma de prevenir y tratar la intoxicación es administrar
medicamentos depresores centrales (los más activos son los barbitúricos),
que actúan sobre la protuberancia y producen una «descerebración
funcional» regional, interrumpiendo así los impulsos provenientes
de la corteza cerebral y disminuyendo las convulsiones.
3. Sistema nervioso autónomo: la procaína tiene
acción anticolinérgica. La procaína y la lidocaína poseen acciones
bloqueantes ganglionares (2,3).
4. Sistema cardiovascular: la procaína y la
lidocaína tienen acción antifibrilante y antiarrítmica (semejante
a la quinidina), alargando el período refractario. Se utilizan
para inhibir la extrasistolia y la T.S.V. (taquicardia supraventricular).
5. Aparato respiratorio: a dosis elevadas pueden
deprimir, por acción directa (4), el centro respiratorio, posteriormente
y por agotamiento de los centros nerviosos, producir apnea-muerte.
6. Acción local: muchos pueden producir irritación
local del tejido, sobre todo, la cocaína en la córnea (1). La
lidocaína es Ia menos irritante.
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Mecanismo de acción
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Los anestésicos locales actúan sobre la fibra
nerviosa uniéndose a su porción hidrofílica; el grupo amínico,
a la correspondiente de la membrana nerviosa; y por su porción
lipofílica, el residuo aromático, a la fase respectiva de aquélla
(5).
Las fibras sensitivas se bloquean antes que
las motoras. Dentro de las sensitivas, primero se bloquea la sensibilidad
dolorosa y luego la térmica, la del tacto y la presión.
A concentraciones altas, también se bloquean
los impulsos motores.
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Manejo y precauciones
de los anestésicos locales
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Cuando la anestesia sea de una cierta entidad
es necesario tener una vía permeable para poder adoptar, de inmediato,
medidas adecuadas en caso de reacción de hipersensibilidad y/o
alergia, o por intoxicación debida a sobredosis (absorción excesiva,
cálculo erróneo de dosis, etc).
- Conocer o revisar, de forma previa, la anatomía
de la zona a tratar.
- Asepsia rigurosa en el punto de aplicación,
adoptando medidas generales: lavado de manos, guantes y paños
estériles, etc.
- Utilizar alguna solución antiséptica y esperar
a que se seque antes de pinchar.
- Utilizar inicialmente una aguja de pequeño
calibre -30 G 1/2= 0,3 x 13 o de 25 G 5/8= 0,5 x 16 (insulina)-,
introduciendo sólo la punta con el bisel paralelo a la piel y
formando una pápula con el anestésico. Así, se habrá conseguido
una vía de entrada no dolorosa para otros instrumentos.
- Antes de proceder a la correspondiente inyección
del anestésico se debe aspirar -como precaución- para evitar una
posible administración intravascular, debiendo repetirse varias
veces a lo largo de toda inyección.
- Si la zona a tratar está irrigada por arterias
terminales (orejas, punta de nariz, dedos, pene) no asociar vasoconstrictor,
ya que puede producirse unas isquemia y/o necrosis. Tampoco puede
asociarse en pacientes con enfermedades coronarias, bocios tóxicos,
HTA grave y feocromocitoma. Puede producirse elevación de las
cifras de glucemia.
- Excepto en los casos indicados, utilizar siempre
vasoconstrictor asociado al anestésico, ya que se produce una
absorción más lenta y alargamos el tiempo de duración de la anestesia,
además, es menos probable la posibilidad de reacciones tóxicas
(6).
- Calcular siempre la cantidad total de anestésico
suministrado, ya que su absorción puede ser rápida, sobre todo
en mucosas, equiparándose a una inyección endovenosa lenta.
- Nunca actuar con prisa. Esperar el tiempo
de lactancia del anestésico que estemos utilizando (Tabla I).
- Algunos tipos de anestesia locorregional están
contraindicados en pacientes sometidos a tratamiento anticoagulante.
- No administrar anestésicos locales del mismo
grupo a pacientes con historia de problemas anestésicos previos
(extracciones dentarias, etc.)
- Precaución con los bloqueos si hay una zona
infectada próxima. Puede diseminarse la infección y retrasarse
la hidrólisis de la sal anestésica, mecanismo indispensable para
una buena anestesia.
- Debe utilizarse siempre la concentración
efectiva más baja y el menor volumen con el que se consiga un
efecto óptimo.
- Dosis en relación con el peso, edad y estado
general. En ancianos o personas en mal estado, hay que disminuir
la dosis en un 25%.
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Tabla I: Características,
concentraciones y dosis de anestésicos locales
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Nombre
Genérico
|
Sinónimos
|
Potencia
|
Toxicidad
|
Tiempo
Laten.
|
Duración
|
Técnica
|
Dosis máx.
mg
|
|
|
Local %
|
Regional %
|
Sin
adrena.
|
Con
adrena.
|
mg/kg
|
|
Lidocaína
|
Xilocaína
Lincaína
|
3
|
3
|
corto
|
media
2h
|
0,5-1
|
1-1,5
|
200
|
500
|
3-6
|
|
Mepivacaína
|
Scandicaín
Carbocaína
|
3
|
2
|
corto
|
media
2-3 h
|
0,5-1
|
1,5-2
|
400
|
600
|
6-8
|
|
Bupivacaína
|
Svedocaín
Marcaína
|
12
|
8
|
medio
|
muy larga
4-15 h
|
0,125
|
0,25-0,5
|
100
|
150
|
1,5-2
|
|
Prilocaína
|
Citanest
|
3
|
2
|
corto
|
media
2-3 h
|
0,5-1
|
1-1,5
|
400
|
600
|
6-8
|
|
Etidocaína
|
Duranest
|
|
|
|
|
0,25-
0,5
|
0,5
|
100
|
150
|
1,5-2
|
|
Procaína
|
Novocaína
|
1
|
1
|
medio
|
corta
45-60 m
|
0,5-1
|
1,5-2
|
500
|
1.000
|
10-15
|
|
Tetracaína
|
Pontocaína
|
10
|
10
|
largo
10 m
|
larga
3-4 h
|
0,1
|
0,15-0,20
|
75
|
100
|
1-1,5
|
|
| |
|
| |
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