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de Artículos > Dermocosmética
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Últimos avances en biología celular y
su aplicación en cosmética. Factores de crecimiento. Citoquinas.
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Dr. R. Giménez Labrador
Licenciado en Ciencias
Químicas por la Universidad de Barcelona
Investigador-ayudante
en la cátedra de Química Orgánica de la Universidad Central. Barcelona.
Fecha de Publicación:
Mayo de 1995
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Resumen
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Se exponen en este trabajo de revisión los datos
más actualizados acerca del desarrollo del ciclo celular y de
los mediadores químicos que lo modulan (factores del crecimiento,
citoquinas), así como de sus interacciones, para examinar las
posibilidades de incidir en estos procesos a través de la cosmética.
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Introducción
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Durante muchos años se consideró que la epidermis
(Figura 1) tenía una organización horizontal. Importantes trabajos,
realizados recientemente, han llegado a la conclusión de que la
epidermis está organizada verticalmente, en forma de columnas
A, B, C (Figura 2). En la misma línea, otros estudios han demostrado
que estas columnas están formadas, aproximadamente, por 25 células,
con una célula madre «inmortal» en la capa basal, que es el origen
de la columna y de todo este conjunto, conocido con el nombre
de Epidermal Proliferative Unit (EPU): Unidad Proliferativa Epidermal.
Cabe la posibilidad de que una célula de Langerhans
regule la EPU, a través de sus terminales, y transmita la información
necesaria a la columna (Figura 3). A su vez, se conoce que cada
melanocito está asociado a varios keratinocitos próximos y este
conjunto ha sido llamado Epidermal Melanin Unit (EMU).
Los actuales trabajos de investigación intentan
descubrir qué relación existe entre la EPU y la EMU y si pudiera
tratarse de una sola unidad epidérmica. Pero, aún queda otra cuestión:
¿cómo se comunican y activan entre sí las células de la piel?
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Figura 1. Visión de la
estructura horizontal de la epidermis
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Figura 2. Organización
vertical de la epidermis: columnas A, B y C.
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Figura 3. Una célula de
Langerhans junto a dos keratinocitos
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Formas de activación
de las células
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Recordemos ahora aquellos conceptos paralelos,
ya conocidos, pero que van a permitir acceder al conocimiento
de cómo se comunican y se activan las células de la piel.
Cuando una célula extraña al organismo (una
bacteria, por ejemplo) es reconocida como extraña por un linfocito
T (célula del sistema inmunitario) (Figura 4), éste libera unas
sustancias conocidas como linfocinas (también citoquinas), que
activan la capacidad de digestión de los macrófagos (células encargadas
de digerir diversas células y sustancias).
Esta explicación ha sido necesaria para comprender
que un mecanismo bastante generalizado en la concepción de la
vida consiste en: «Los estímulos externos producen una reacción
en el interior de las células, que conduce a la elaboración de
sustancias, las cuales son expulsadas de la célula y navegan en
la matriz extracelular; estas sustancias al chocar con los receptores
externos de las células obligan a las mismas, o bien, a otras
células a producir diversas acciones».
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Figura 4. Aspecto de un linfocito
T
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