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Obesidad y ejercicio físico
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Dres. J. R. Cabo Soler
y J. Moreno Mercer
Departamento de Bioquímica y Biología Molecular.
Facultad de Medicina y Odontología (Valencia)
Fecha de Publicación:
Enero de 1997
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Resumen
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La obesidad es el problema metabóloco
más frecuente y en su génesis y mantenimiento siempre
existe un balance energético positivo, con menor gasto
calórico que el obtenido de la ingesta. La escasa actividad
física suele ser un factor importante en este menor gasto.
Se recuerdan los aspectos bioquímicos y fisiológicos
básicos del ejercicio físico, con énfasis
en el tipo de sustratos consumidos para producir el ATP necesario,
en función de la intensidad y, especialmente, de la duración
del ejercicio. Se justifican bibliográficamente las ventajas
del ejercicio físico en los programas de adelgazamiento,
ya que ayuda a mejorar la composición corporal, perder
grasa conservándose la masa muscular, lo que mantiene unas
necesidades energéticas altas, con lo que es más
fácil mantener la pérdida de peso con dietas estrictas.
Se recuerdan especialmente las ventajas del ejercicio físico
sobre el perfil metabólico de glúcidos y lípidos.
Finalmente, los autores opinan sobre cómo llevar a la práctica
esta recomendación de promover el ejercicio físico
regular en los programas de reducción de pesol e, incluso,
en la prevención del desarrollo de la obesidad.
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Introducción
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La obesidad consiste en un exceso de peso por
un aumento de grasa, que conlleva una serie de problemas endocrino-metabólicos,
estéticos y socio-económicos de la más diversa índole. Es de gran
interés controlar la obesidad para minimizar estos efectos nocivos.
El ejercicio físico está entre las ayudas a considerar para mantener
el peso más adecuado para la salud.
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¿Por qué
se produce la obesidad?
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La obesidad se origina por una ingesta de alimentos
con aporte calórico superior al requerido para las necesidades
energéticas del individuo. En cualquier tratamiento de obesidad
el sujeto debe cambiar, si son incorrectos, sus hábitos alimentarios
y el ritmo de vida para que el gasto energético sea superior al
aporte calórico.
Numerosos estudios han demostrado el importante papel que una
insuficiente actividad física tiene en favorecer el desarrollo
o el mantenimiento de la obesidad, tanto en los niños como en
los adultos y en los viejos. El ver televisión en exceso es una
causa frecuente de la menor actividad física.
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Interés del
ejercicio físico en la obesidad
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Acaba de publicarse el último informe anual
del Cirujano General de los Estados Unidos, donde se hace referencia
a la Actividad Física y la Salud (1996). También se han publicado
recientemente (Meisler y St. Jeor, 1996) las recomendaciones del
Comité de Expertos en Peso saludable de la Fundación Americana
de la Salud. El mensaje de fondo en ambos trabajos es que todos
podemos mejorar la salud y la calidad de vida si realizamos diariamente
una actividad física moderada.
Una de los efectos descritos en estos informes es el interesante
papel del ejercicio físico regular para controlar el peso corporal.
De hecho, la realización regular de ejercicio físico para controlar
la obesidad ha sido ampliamente aconsejada desde siempre. Si se
incrementa el gasto energético mediante un aumento de la actividad
física y la ingesta calórica se mantiene constante y debajo de
las necesidades ricas totales, se produce un pérdida de peso corporal
y, casi clusivamente, de la grasa.
Hay que tener en cuenta se requiere un esfuerzo físico considerable
para gastar un número importante de calorías. Las tablas reflejan
el gasto calórico para un período de tiempo determinado. Es evidente,
sin embargo, que un individuo que no realizase la actividad física
no daría un gasto calórico cero, sino que presentaría un cierto
consumo por encima de los niveles basales (sentarse, estar de
pie, andar). Por tanto, al mirar las tablas siempre se deben restar
entre 1 y 1,5 kcal/min, correspondientes al gasto metabólico en
reposo o sentado que se produce de todas formas.
En condiciones normales, la tercera parte de la energía consumida
corresponde al trabajo muscular, siendo esta proporción aún mayor
en el trabajador manual. Como la actividad muscular es, con diferencia,
el gasto de energía más importante del organismo, se considera
que la obesidad se debe a una ingesta de alimentos excesiva en
comparación con la cantidad de ejercicio realizado (Tabla l).
Tabla
I: Valores diarios del gasto energético para varios trabajos
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Fuentes energéticas
para el ejercicio físico
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Es interesante recordar las principales fuentes
de obtención del ATP necesario para la actividad muscular, en
función de la intensidad y, en especial, de la duracíón del ejercicio
a realizar.
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Sistemas metabólicos
musculares durante el ejercicio físico
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El adenosintrifosfato (ATP) es la fuente básica
de energía para la contracción muscular. Cuando se retira un radical
fosfato de la molécula se liberan 7.300 calorías de energía que
se pueden emplear para el proceso contráctil del músculo.
El esquema es el siguiente:
La cantidad de ATP que hay en los músculos basta para mantener
la potencia máxima durante 3 segundos, por lo que es esencial
que se forme continuamente ATP nuevo, incluso durante la ejecución
de la actividad deportiva.
Figura 1: Sistemas
metabólicos importantes en el suministro de energía
(Tomada de Guyton)
Los tres mecanismos metabólicos encargados de reconstituir y así
mantener una provisión sostenida de ATP en las fibras musculares,
son:
Sistema de la
fosfocreatina
La fosfocreatina es un compuesto químico con un enlace de fosfato
de alta energía, siendo su representación química: Creatina PO3.
La fosfocreatina se descompone en ión fosfato y creatina. El enlace
fosfato de alta energía de la fosfocreatina tiene capacidad de
liberar al romperse un poco más de energía que el enlace de ATP,
10.300 cal/mol, por lo que puede proporcionar con facilidad la
energía suficiente para reconstituir los enlaces de alta energía
del ATP. Esta transferencia de energía desde la fosfocreatina
al ADP, para regenerar el ATP, se produce instantáneamente, en
una fracción de segundo.
La fosfocreatina y el ATP de la célula se llaman, de manera global,
"sisterna energético del fosfágeno". juntos pueden producir una
potencia muscular máxima durante 8-10 segundos. Se utiliza la
energía de este sistema para las descargas breves de fuerza muscular
máxima.
Sistema del
glucógeno-ácido fáctico
El glucógeno almacenado en el músculo, tras la ingestión de glúcidos
y en los momentos de poca actividad muscular, se puede degradar,
cuando haga falta, por acción de la glucógeno fosforilasa en glucosa
fosforilada, que es la utilizada para obtener energía.
Las etapas iniciales del proceso de degradación de la glucosa,
la glucólisis, se producen sin necesidad de la utilización de
oxígeno, constituyendo lo que se conoce como la glucolisis anaeróbica.
Durante esta glucólisis cada molécula de glucosa se convierte
en dos moléculas de ácido pirúvico y se producen dos moléculas
netas de ATP. Normalmente, el ácido pirúvico entra en las mitocondrias
de las células musculares y, al oxidarse, forma una gran cantidad
de ATP. Sin embargo, cuando la provisión de oxígeno es insuficiente
para que se produzca esta segunda etapa oxidativa del metabolismo
de la glucosa, la mayor parte del ácido pirúvÍco se convierte
en ácido láctico, que difunde hacia el exterior de las células
musculares y llega a la sangre. Por esta razón, gran parte del
glucógeno muscular, en estas circunstancias, se convierte en ácido
láctico pero, al hacerlo, se forman ciertas cantidades de ATP,
aun sin tener oxígeno.
Este sistema del glucógeno-ácido láctico puede formar moléculas
de ATP con una rapidez 2,5 veces mayor que el mecanismo oxidativo
de la mitocondria. Cuando se requieren grandes cantidades de ATP
para un período moderado de contracción muscular, este mecanismo
de glucólisis anaerobia se puede utilizar como fuente rápida de
producción de energía.
En condiciones óptimas, el sistema del giucógeno y el ácido láctico
permite formar el ATP necesario para 1,3-1,6 minutos de actividad
muscular, además de los 8-10 segundos proporcionados por el sistema
del fosfágeno.
Sistema aerobio
Este sistema implica el consumo de oxígeno a nivel de las mitocondrias
para sintetizar el ATP necesario para la contracción muscular.
La glucosa, los ácidos grasos y los aminoácidos de los alimentos,
después de cierto procesamiento metabólico intermedio, liberan
electrones que al final se combinan con el oxígeno, produciéndose
en el proceso de transferencia de los electrones, saltos energéticos
que permiten convertir el ADP en ATP.
Si comparamos los tres mecanismos, las velocidades relativas máximas
de producción de ATP son:
- Sistema aeróbico: 1 M ATP/min
- Sistema del glucógeno-ácido láctico: 2,5 M de ATP/min
- Sistema del fosfágeno: 4 M de ATP/min
Estos sistemas permiten actividad muscular de una duración aproximada
de:
- Sistema del fosfágeno: 8-10 segundos
- Sistema del glucógeno-ácido láctico: 1,3 a 1,6 min.
- Sistema aerobio: tiempo ilimitado (mientras duren los nutrientes).
El sistema del fosfágeno el utilizado por el músculo para las
cargas puntuales de fuerza, sistema aerobio es el requerido para
la actividad deportiva prolongada. Entre los dos se encuentra
el sistema del glucógeno-ácido láctico, de especial importancia
para brindar fuerza extra durante el ejercicio físico de duración
intermedia (Tabla II).
Tabla II: Contribución
relativa de los procesos anaeróbicos y aeróbicos
a la producción total de energía durante el ejercicio
máximo de diferente duraciones.
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Producción
de energía (Kcal)
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Tiempo de trabajo.
Ejercicio máximo
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Procesos anaeróbicos
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Procesos aeróbicos
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Total
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10 seg
|
20
|
4
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24
|
| |
1 min
|
30
|
20
|
50
|
| |
2 min
|
30
|
45
|
75
|
| |
5 min
|
30
|
120
|
150
|
| |
10 min
|
25
|
245
|
270
|
| |
30 min
|
20
|
675
|
695
|
| |
60 min
|
15
|
1.200
|
1.215
|
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Tabla III: Sistemas
energéticos empleados en diversos deportes (Tomada de Guyton)
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Sistema
del fosfágeno, casi exclusivamente:
100 metros lisos, salto, levantamiento de peso, buceo, carreras
de fútbol americano
Sistema
del fosfágeno, casi exclusivamente:
200 metros lisos, baloncesto, carrera de beisbol, carreras
de hochey hielo
Sistema
del glucógeno-ácido láctico, principalmente:
400 metros lisos, 100 metros en natación,
tenis, fútbol
Sistema
del glucógeno-ácido láctico y sistemas
aerobios: 800 metros lisos, 200 metros
en natación, 1.500 metros patinando, boxeo, 2.000
metros remo, carrera de 1.500 metros, 400 metros de natación
Sistema
aerobio: 10.000 metros patinando, ski
de larga duración, carrera de maratón (42,2
Km), jogging
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Según el vigor de la actividad física y su duración, se pueden
estimar cuáles son los sistemas energéticos que se emplean para
cada actividad (Figura 2 y Tabla III)
Figura 2: Esquema
de la utilización de sustratos durante el ejercicio
Para obtener la energía que el músculo precisa para la actividad
física, se emplean preferentemente las reservas de glucógeno muscular
y la energía proporcionada por la dieta rica en glúcidos. Sin
embargo, hay que recordar que los músculos suelen consumir también
grandes cantidades de ácidos grasos y derivados, tales como el
ácido acetoacético, para obtener energía, y también pueden consumir,
en mucha menor proporción, aminoácidos.
En la Figura 3 se muestra el consumo relativo aproximado de grasas
y carbohidratos para obtener energía durante el ejercicio exhaustivo
prolongado bajo tres condiciones dietéticas diferentes: dieta
rica en carbohidratos, dieta rica en grasas y dieta mixta. Se
observa que la mayor parte de la energía se deriva de los carbohidratos
durante los primeros segundos o minutos del ejercicio, pero que,
en el momento en que sobreviene el agotamiento, se está extrayendo
del 60 al 85% de la energía de las grasas.
Figura 3: Efecto
de la duración del ejercicio y del tipo de dieta sobre
los porcentajes relativos ...
No toda la energía procedente de los azúcares se deriva del glucógeno
muscular almacenado. También se almacena una cantidad notable
de glucógeno en el hígado, que puede degradarse hasta glucosa,
que pasa a la sangre y es captada por los músculos para obtener
energía.
Por tanto, si se dispone de glucógeno muscular y de glucosa en
la sangre, éstos serán los nutrientes de elección para la actividad
muscular intensa.
Aún así, para un acontecimiento de verdadera resistencia y, por
tanto, de larga duración, la grasa aporta más del 50% de la energía
requerida después de las 3 a 4 primeras horas de esfuerzo.
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Ventajas del ejercicio
físico en los programas de adelgazamiento
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La incidencia de la obesidad se ha incrementado
dramáticamente en los últimos tiempos, debido a los cambios en
el estilo de vida, que reflejan una actividad física reducida
y la disminución en el consumo de alimentos ricos en azúcares
complejos, ricos en almidón y fibra, acompañado por un aumento
en la ingesta de azúcares simples y de grasas.
Numerosos trabajos científicos ya señalados, algunos incluyendo
datos epidemiológicos, muestran una clara relación positiva entre
inactividad y obesidad. Por ello, es importante adoptar hábitos
que se mantengan, a ser posible de por vida, y que conduzcan al
control del peso y a la salud general, en lugar de medidas, a
veces extremas y temporales, sólo para una pérdida de peso rápida
y de corta duración.
El ejercicio físico es un factor importante que facilita el adelgazamiento
en el obeso, por aumento del gasto calórico, por lo que ayuda
a reducir el peso corporal y a conservar la masa muscular, y también
es esencial para mantener la pérdida de peso con dietas menos
estrictas y más aceptables.
En ocasiones, basta un intenso ejercicio físico para conseguir
el adelgazamiento. Asimismo, Racette y cols. (1995) y Kempen y
cols. (1995), han mostrado el efecto beneficioso del ejercicio
aeróbico sobre la composición corporal y sobre el gasto energético
total diario en sendos estudios de reducción de peso mujeres en
obesas. De hecho, los libros monográficos sobre la obesidad suelen
dedicar siempre un capítulo al interés de la actividad física
en el manejo de este problema (Figuras 4 y 5)
Fig 4: Pérdida total de peso durante
un programa de dieta hipocalórica, con y sin ejercicio
...
Fig
5: Porcentaje de grasa corporal en función del grupo tras
un programa de reducción de peso ...
El ejercicio físico permite o adelgazamiento local, al reducir
la grasa de una forma más notable en aquellas zonas del cuerpo
que más participan en la actividad.
El ejercicio físico ayuda, sobre todo, a la pérdida de grasa corporal,
estando especialmente indicado el ejercicio aeróbico de baja intensidad
y de larga duración, considerado como el más apropiado para formar
parte, junto a la dieta, de los programas de adelgazamiento, ya
que se puede realizar a diario y permite los mismos cambios en
la masa corporal que la dieta y el ejercicio de alta intensidad
y corta duración y presenta muchos menos riesgos (Tabla IV).
Heymsfield y cols. (1989) han demostrado que la actividad física
añadida a la dieta hipocalórica favorece y facilita la pérdida
de masa grasa, sin variar la proporción de masa magra, siendo
ésto lo deseable en la reducción de peso corporal, además de conseguirse
otros beneficios físicos y psicológicos, con un perfil más positivo,
como la disminución de la ansiedad, mejora de la depresión y mejora
del humor que, con frecuencia, se acompaña de la reducción de
ingesta calórica y que, también, favorece el adelgazamiento. En
algunos estudios han demostrado que estos efectos se consiguen
con actividad física no muy prolongada (Tabla V).
Esto es de gran importancia, ya que el contenido en grasa corporal
para la mayoría de los adolescentes en nuestra sociedad oscila
entre el 15 y el 23%, siendo superior en las mujeres que en los
hombres, sobre todo tras la pubertad. Esta proporción de grasa
corporal se correlaciona de forma inversa con la actividad física
desarrollada, en estudios realizados en niños preescolares. Este
porcentaje de grasa corporal aumenta con la edad, tanto en hombres
como en mujeres, y normalmente va acompañado de una disminución
de la masa corporal magra y un pequeño aumento en el peso corporal
total. Así, para varones, la grasa corporal puede aumentar del
18-20% a la edad de 20 años, hasta el 35% a la edad de 60 años,
con pequeños cambios en el peso corporal y el correspondiente
descenso en la masa magra corporal. Sería deseable, por tanto,
mantener el contenido en grasa corporal en proporciones no superiores
al 20-25% para varones, y al 25-30% para mujeres.
El ejercicio físico sensibiliza al adipocito a la acción lipolítica
de las catecolaminas y de otras hormonas, favoreciéndose por este
medio el catabolismo de las grasas.
Por otra parte, se ha estudiado, tanto de forma experimental como
clínica, la relación entre la ingesta alimentaria y el gasto energético
con el ejercicio físico. Se ha visto que existe una estrecha relación
entre la ingesta y la duración del ejercicio, manteniéndose el
peso corporal constante, hasta un punto en el que se produce la
pérdida de ese equilibrio ingesta-ejercicio. De gran interés es
el hecho de que, a medida que la actividad física se reduce por
debajo de 1 hora/día en los animales de laboratorio, la ingesta
no se reduce más, sino que se desequilibra y luego aumenta, por
lo que se produce un incremento de peso.
Los estudios realizados en nos han demostrado una relación similar
entre los grados de actividad y la ingesta (Figura 6).
Figura
6: Ingesta calórica e intensidad de la actividad física
Incluso el ejercicio puede aumentar la preferencia para ingerir
glúcidos en lugar de grasas, lo que es muy conveniente para disminuir
grasa y mantener esta pérdida.
Otras observaciones también nos indican la relativa inactividad
de los sujetos obesos, tanto de adolescentes como adultos, y se
ha demostrado en estudios comparativos que son menos activos que
los sujetos controles no obesos. Esta menor actividad conlleva
un menor gasto energético y, por tanto, contribuye al balance
positivo que mantiene o aumenta la obesidad.
Además esta inactividad relativa podría incrementar la ingesta
de alimentos. Estas observaciones apoyan la necesidad de algún
tipo de actividad física como parte integrante de cualquier programa
de reducción de peso.
Es importante mantener el ejercicio físico, ya que una menor actividad
física se correlaciona con un aumento de la Lipoprotein-Lipasa
del tejido adiposo, lo que aumenta la lipogénesis y la recuperación
de la grasa.
Otro efecto interesante de la realización de ejercicio físico
es la potenciación de los efectos de ciertos fármacos, como los
agonistas beta-3.
Un reciente estudio ha demostrado la efectividad del ejercicio
físico en minimizar el aumento de peso que suele producirse al
dejar de fumar. Se ha demostrado que una gran acumulación de grasa,
especialmente en la mitad superior del cuerpo, está asociada con
ciertas complicaciones metabólicas, como intolerancia a la glucosa,
llegando incluso a la diabetes, hiperlipidemias e hipertensión.
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Efectos del ejercicio
físico sobre el perfil metabólico de glúcidos
y lípidos
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El ejercicio físico contribuye de forma notable
a mejorar el perfil metabólico de las personas con problemas de
exceso de peso. Numerosos estudios han demostrado una resistencia
a la acción de la insulina en la obesidad y cómo se puede mejorar
esta acción de la insulina con el ejercicio físico regular y la
disminucion de peso.
De hecho, la actividad física regular puede prevenir y disminuir
la incidencia de la Diabetes Mellitus tipo II.
A nivel del metabolismo de los glúcidos se favorece, por medio
de la actividad física, la captación de glucosa por el músculo
y otros tejidos y se favorece la acción de la insulina, que así
tiene un mayor efecto, disminuyendo la resistencia a la hormona
y conllevando a menores necesidades de producción de la misma
(Figura 7).
Figura 7: Capacidad
metabólica máxima de las células adiposas
de ratas controles jóvenes, ...
Estudios experimentales realizados por Hirshman y cols. (1989),
han demostrado que el entrenamiento físico mantiene un tamaño
pequeño de célula adiposa, al ser utilizadas las grasas para dicha
actividad física, y aumenta el número total de transportadores
de glucosa en las células adiposas, produciéndose este incremento
por incorporación de los transportadores almacenados en el interior
de la célula. Con la estimulación por la insulina, un número aumentado
de transportadores de glucosa es traslocado a la membrana plasmática
y se asocia a tasas incrementadas de entrada y metabolización
de la glucosa en esas células (Figura 8).
Figura 8: Actividades de transporte de glucosa
en adipocitos basales y con estimulación insulínica
...
El entrenamiento físico también induce cambios beneficiosos de
adaptación en el metabolismo de los lípidos, observándose en los
obesos mejoras significativas en los niveles de lípidos y lipoproteínas
plasmáticas con el ejercicio físico prolongado, acompañado por
una dieta baja en grasas, haciéndose equiparables los valores
obtenidos a los de los sujetos no obesos.
Se ha demostrado que el entrenamiento físico de los obesos induce
a una disminución del LDL-colesterol, VLDL-colesterol y de los
triglicéridos en sangre, y a un aumento del HDL-colesterol plasmático.
Estos cambios se correlacionan con la cantidad de peso perdido
(Figura 9).
Figura 9: Porcentaje
de disminución en diferentes fracciones de colesterol y
diferentes grupos de ...
Como indican estos estudios de Williams y colaboradores (1990),
estas variaciones en los valores del colesterol sérico total y
del LDL-colesterol están mediados, por lo menos parcialmente,
por mecanismos relacionados a cambios en la insulina plasmática
y/o cambios en la sensibilidad a la insulina, como se deduce de
la correlación observada entre cambios inducidos por el entrenamiento
en los niveles de insulina plasmática y los inducidos en los niveles
de colesterol y LDL-colesterol.
Incluso el ejercicio físico en los niños contribuye a mantener
niveles más adecuados de los parámetros lipídicos.
Los cambios en la masa grasa corporal total y en el nivel de grasa
abdominal, inducidos por el entrenamiento físico aeróbico, se
correlacionan con los cambios inducidos en el metabolismo de los
lípidos y los glúcidos.
Estas variaciones en los lípidos, además de los otros cambios
relacionados con una modificación del estilo de vida, se acompañan
en la mayor parte de los sujetos obesos de una reducción de la
agregación plaquetaria y otros factores coagulantes, así como
de una mejora en el control de la diabetes o de la intolerancia
a los glúcidos, y de la hipertensión, tal vez por una disminución
en la producción de insulina, que da lugar a una disminución en
la reabsorción renal de sodio, y por la eliminación de éste por
el sudor durante el ejercicio físico, con lo que se produce una
reducción en el riesgo de aterosclerosis y sus secuelas clínicas.
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Otros efectos del ejercicio
físico
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Entre los efectos beneficiosos del ejercicio
físico, no descritos previamente en este trabajo de revisión,
está el de mantener la funcionalidad neuromuscular en los mayores,
asociándose claramente una menor actividad física con una peor
situación funcional.
Es interesante destacar que el ejercicio físico aumenta los niveles
de Vitamina D y que la inactividad, por el contrario, hace que
disminuyan los niveles de esta vitamina, con lo que aumenta el
riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Diversos trabajos apuntan al posible papel preventivo del ejercicio
físico sobre determinados tipos de cánceres, en especial el de
colon, al acelerar el tránsito intestinal, y los estrógeno-dependientes
(de mama, útero), al disminuir la produción de los estrógenos
si se controla el tejido adiposo.
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Recomendaciones prácticas
para promover el ejercicio físico regular en los programas
de reducción de peso
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La decisión de tratar a un paciente obeso depende
de varios factores:
a) El grado de obesidad, en relación con los niveles ideales de
peso corporal para el individuo.
b) La motivación para perder peso.
c) La presencia de enfermedades cuyo curso se ve complicado por
la obesidad.
El tratamiento de la obesidad comprende esfuerzos dirigidos a
disminuir la grasa corporal total. En este sentido, destaca el
papel del ejercicio físico como medio para incrementar el gasto
calórico y facilitar la respuesta lipolítica del tejido adiposo.
Los efectos beneficiosos múltiples del ejercicio físico son claros
y han sido descritos por numerosos autores. En las personas que
voluntariamente aumentan su gasto calórico sin aumentar de forma
correspondiente su ingesta al¡mentaria, se produce una pérdida
de peso extra.
El ejercicio físico está indicado en todos los casos de reducción
de peso, siendo muy buen complemento de las dietas hipocalóricas
sensatas y de otras medidas, y es especialmente beneficioso para
los individuos de costumbres sedentarias.
Como precaución se debe realizar siempre una valoración cardiorrespiratoria
previa al inicio de cualquier actividad física.
Los efectos positivos sobre el sistema cardiovascular y, probablemente,
un efecto óptimo para la reducción de la ingesta y del peso corporal,
se pueden conseguir mediante niveles bajos, pero relativamente
constantes de actividad aeróbica. La intensidad y duración del
ejercicio debe ser la suficiente para elevar discretamente el
pulso durante la sesión y debe continuarse durante un período
de tiempo considerable. Es importante realizar el ejercicio físico
a una velocidad suficientemente rápida para que proporcione al
sistema cardiovascular los efectos beneficiosos del incremento
de la frecuencia del pulso y del gasto cardíaco, así como la máxima
utilización calórica, mediante la realización del ejercicio a
una frecuencia confortable, pero rápida.
En cuanto a las pautas a seguir en su realización, se deben respetar
siempre los siguientes puntos:
1. Aumento progresivo en la intensidad y duración del ejercicio.
2. Calentamiento previo, para permitir las adaptaciones respiratoria,
cardiovascular y locomotora. Como adaptaciones respiratoria y
cardiovascular previas, hay que señalar:
3. Realizar diariamente, durante quince días, 10-15 minutos y
2-3 veces al día, ejercicios de flexibilidad, relajación y resistencia:
Estiramientos, caminar, subir escaleras, etc.
4. Repetir durante otros quince días la misma pauta de ejercicio
pero con una duración de 15 a 20 minutos.
5. Duración de 45 a 60 minutos al día o en días alternos.
6. La intensidad aproximada del ejercicio físico debe ser la suficiente
para alcanzar, aproximadamente, el 50% de la utilización de oxígeno
en un ejercicio aeróbico máximo (V02 MAX).
En cuanto a los tipos de ejercicio a realizar, se recomiendan
los ejercicios aeróbicos de media a larga duración como son, por
ejemplo:
- Andar rápido, a paso ligero notando que se está haciendo un
esfuerzo. Práctica especialmente recomendada para las personas
mayores
- Bailar
- Footing
- Natación
- Ciclismo
- Gimnasia
- Esquí
- Remo
Es aconsejable que se inicie la actividad física desde el comienzo
del tratamiento de exceso de peso.
Dado que se producen tantos fracasos en los tratamientos de la
obesidad, incluso en los sensatos, con reducción calórica combinada
con un aumento de la actividad física, es conveniente utilizar
el ejercicio físico regular en la prevención del desarrollo de
la obesidad y en el mantenimiento de un peso estable.
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