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Límites de la vida humana: longevos y grupos
de longevos
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Dr. J. R. Zaragoza Rubira
Catedrático de Radiología y Medicina Física
Fecha de Publicación:
Enero de 1997
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Resumen
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Las técnicas de prolongación de a vida o, dicho
más correctamente, de prevención del envejecimiento, requieren
de la máximo precisión posible de su objetivo final: ¿cuál es
la edad máximo alcanzable en la especie humana? ¿hasta qué edad
podemos vivir? Las consideraciones históricas, el estudio del
humano como especie animal y los estudios sobre la disminución
de la capacidad funcional orgánico son curiosamente coincidentes
respecto o los límites de duración de la vida humana.
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Introducción
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Diferentes técnicas o métodos de estudio han
intentado dar una respuesta aproximada sobre cuál es la máxima
edad alcanzable en la especie humana. Por un lado, los testimonios
históricos correspondientes a personas de extraordinaria longevidad.
Por otro, el estudio del ser humano como especie animal, comparando
su longevidad con la de especies más o menos afines. Finalmente,
estudios sobre el decrecimiento de la capacidad funcional de los
órganos, o sobre los límites de la multiplicación de células humanas
(fenómeno de Hayflick) aportan datos, curiosamente coincidentes,
sobre los límites de la vida humana.
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Podemos vivir ciento
veinte años
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La conclusión más interesante de todos estos
estudios -que indicamos de entrada- es que la vida humana tiene
un límite máximo, situado hacia los ciento veinte años.
A esta cifra conducen, de una parte, las cifras máximas de longevidad
registradas; de otras, los estudios sobre el decaimiento funcional
(el envejecimiento) de los órganos con la edad, que aseguran que
la "muerte biológica" es decir, la producida sólo por la involución
corporal y no por enfermedades intercurrentes, ocurriría a esta
edad.
Las experiencias de Hayflick con cultivo de fibroblastos humanos
conducen también a esta cifra como límite de la replicación celular.
Este límite se considera también el máximo admisible antes de
que sobrevenga el decaimiento completo de los sistemas de integración
del organismo como un todo.
Los ciento veinte años serían, pues, la meta máxima a la que podríamos
llegar si utilizáramos los medios adecuados. Lo que la ciencia
quiere conocer es, precisamente, cuáles son los medios más idóneos
para alcanzar este límite vital en las mejores condiciones físicas,
mentales y emocionales y si, por otra parte, hay medios que permitan
sobrepasar este límite biológico.
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Longevos famosos
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Comencemos por los datos que la historia aporta
sobre longevos famosos. El tema ha sido objeto de diversas recopilaciones,
de las que quizá la que alcanzó más fama fue la de Eaton, Human
longevity, publicada en 1799, y en la que se recogen relatos de
1.712 individuos con constancia de haber vivido al menos cien
años, desde el 66 d. J.C. hasta la fecha de publicación del libro.
Por desgracia, las referencias que aporta son totalmente incomprobadas,
por lo que no es posible sacar de esta recopilación ningún tipo
de conclusión.
De las historias individualizadas quizá la más famosa sea la de
Thomas Parr, que murió, según se dijo, en 1635 a la edad de 152
años. Vivió toda su vida en el condado de Shropshire, propiedad
del conde de Arundel. Al conocer su extraordinaria edad fue llevado
a Londres para presentarlo al rey Carlos I, pero el cambio de
aires y, sobre todo, de dieta, le afectó tanto que murió en dicha
ciudad.
La historia de Thomas Parr ha gozado de mucha fama porque fue
autopsiado por William Harvey, el famoso médico descubridor de
la circulación de la sangre, quien confirmó la edad que se aducía.
Con ello, Parr alcanzó uno de los mayores honores que puede tener
un inglés: ser enterrado en la abadía de Wetsminster.
Sin embargo, y con la debida perspectiva histórica, la longevidad
de Thomas Parr no se sustenta. Hoy sabemos que, en una autopsia,
no hay forma de atestiguar los límites de edad que indicó Harvey.
Por otra parte, el hecho de que Parr tuviera la concesión vitalicia
de unas tierras y propiedades, da que pensar sobre una posible
sustitución de personas (cosa, por otra parte, no demasiado rara
en la época). De modo que este precedente, tan "confirmado", hay
que considerarlo desde un sano escepticismo.
Otro longevo famoso fue el noruego Christian Drackenberg, que
murió en 1772, según se dijo, a los 145 años. Se trataba en realidad
-como en otros casos de longevidad inusitada, como el de Thomas
Parr-, de las llamadas "vidas dobles" (padres e hijos, o sucesores
de la misma propiedad con el mismo título). Las falacias sobre
el chino Li Chung-Yung, muerto en 1933 a los 256 años, o los del
ruso Shirali Mislimov, fallecido en 1973 a los 168 años, no resisten
la menor comprobación, por lo que no merecen más comentarios.
Sí que es interesante intentar saber porqué se han dado tales
engaños. Por una parte, está la propia vanidad de haber vivido
mucho tiempo. En otros casos hay intereses de tipo económico,
como seguir disfrutando de una situación que sólo tenía el padre
a título personal. En el caso de los longevos del Cáucaso, los
motivos de atribución de una edad superior a la real han sido
variados. Primero fue, sin duda, un recurso para que no se reclutasen
jóvenes (tan importantes en una comunidad agrícola) para el ejército
del zar. Cuando aparecían los encargados de la recluta, bien los
inscribían en los registros con una edad muy superior a la que
tenían, bien adoptaban la identidad de personas fallecidas con
una edad muy superior. Estas inscripciones (realizadas, suponemos,
con la ayuda del oportuno soborno) sirvieron luego de base para
que personas naturalmente longevas pudieran demostrar documentalmente
edades desmesuradas: 140, 150 años.
Pero el Cáucaso siguió en los récords mundiales de longevidad
por otros motivos: al llegar Stalin al poder, le gustaba saber
que los georgianos, como él, eran longevos, y por ello se desarrolló
una actividad febril para "encontrar" georgianos de edades avanzadas
que le pudieran confirmar sus propios deseos de alcanzar una larga
vida.
Hoy en día para figurar en los registros de longevidad se precisa
-como hace el Guinness- la existencia de registros de nacimiento
o documentos de valor probatorio similar (como las partidas de
bautismo). La introducción del rigor histórico en las comprobaciones
de edad ha reducido drásticamente la cifra de los supuestos longevos.
Basándonos en datos comprobados, la persona más longeva hasta
1995 era el japonés Shigechiyo lzumi, que murió en 1986 a la edad
de 120 años y 237 días. Su edad parece estar correctamente establecida
ya que, en el primer censo histórico realizado en Japón en 1871
fue inscrito con seis años. Según las declaraciones que hizo el
redactor jefe del Guinness, los mejores consejos para una larga
vida consisten en "no preocuparse, y dejar las cosas a Dios, al
sol y a Buda".
Siguen de cerca a la longevidad de Izumí las de Fannie Thomas,
estadounidense, y Pierre Joubert, canadiense, que alcanzan los
113 años. Pierre Joubert murió en 1814, y su nacimiento, hacia
1701, está bien documentado, así como las fechas de nacimiento
y muerte de Fannie Thomas (1867-1981), mucho más recientes.
Aunque existen datos muy probables de que la ex-esclava estadounidense
Martha Graham muríera a los 117 o 118 años, que la canadiense
Ellen Carroll alcanzara a su muerte, en 1943, los 115 anos; que
la abuiense Benita Madrana falleciera en 1979 con 114 años, y
que otras personas en otros países alcanzaran cifras similares,
el registro del Guinness no las ha aceptado por no parecer totalmente
convincentes los testímonios aportados.
Así tendríamos, en el ránking de longevos, y después de Shigechiyo
Izumi, resumiendo los que superan los 110 años: dos de 113; cinco
de 112; cuatro de 111 y seis de 110. Del total de dieciocho, cinco
son varones y trece son hembras en lo que se refiere a límites
de longevidad.
Además de lo indicado, desde el año 1966 disponemos de un nuevo
récord mundial de longevidad: se trata de la francesa Joanne Calment,
de Arlés, con certificado de nacimiento fechado el 21 de febrero
de 1875 y que, por tanto, acaba de cumplir 122 años. Su continuidad
vital podrá ir proporcionando cifras cada vez superiores al límite
temporal demostrado de longevidad humana.
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Datos de los longevos
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Si estudiamos a las personas que alcanzan edad
avanzada -aun sin llegar a los límites que acabamos de indicar-
para descubrir si existe alguna característica especial ligada
a la longevidad, pronto descubriremos que algo que favorece llegar
a viejo es el tener o haber tenido padres que hayan llegado a
viejos. Como si la iongevidad tuviera un fuerte componente hereditario.
La receta, por desgracia, no es de posible aplicación práctica,
pero los datos son indicativos.
Así, un estudio realizado en Inglaterra ha comparado la edad alcanzada
por hijos de padres longevos (que murieron con más de setenta
años) con la de hijos de padres que murieron jóvenes (con menos
de cincuenta años). El resultado fue el que se muestra en la tabla.
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Tabla
I: Longevidad y herencia
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Padres que
murieron
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Exp. de vida
al nacer
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Exp. de vida
a los 40 años
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Podrán
vivir hasta
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Antes de los 50 años
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47
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27,3
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57,3
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Entre 50 y 79 años
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50,5
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28,9
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68,9
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Despues de los 80
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57,2
|
32
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72
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La estadística muestra claramente qué diferencias
de longitud de vida tan importantes se pueden encontrar según
la edad de los progenitores. Para ampliar el estudio, y aún más,
para poder dar una tabulación en la que se aprecie individualmente
su situación en términos de herencia de la longevidad, se ha propuesto
aplicar la cifra denominada TIAL (iniciales de Total, Immedíately,
Ancestral Longevity; o sea, longevidad ancestral total inmediata),
que consiste en la suma de la edad de la muerte de los cuatro
abuelos y delpadre y la madre, o cuando vive alguno de ellos,
de su edad en ese momento.
La aplicación de esta cifra a estudios prospectivos ha dado resultados
muy interesantes. Se puede ver que el TIAL oscila desde un máximo
de 600 a un mínimo de 60 y que, aplicado a registros de población
-en Inglaterra se ha podido hacer con los registros de la nobleza-
muestra que, en efecto, cuanto más elevado es el TIAL, mayores
son las esperanzas de vida de una persona concreta.
Todo lo cual viene a confirmar la importancia de los estudios
sobre el papel de la herencia en la longevidad. En la práctica,
quien tenga un TIAL bajo deberá cuidar con mayor intensidad sus
revisiones y las normas de conservación de la salud ya que, el
tener antepasados que murieron jóvenes, sólo indica que hay que
ampliar las prácticas de medicina preventiva respecto a las enferrnedades
o problemas que motivaron su acortamiento vital.
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Grupos de longevos
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Del estudio de los longevos individuales -históricos
o recientespodemos pasar al examen de ciertas comunidades donde
abundan los centenarios, alcanzando las cotas de longevidad más
elevadas del mundo, y que se ubican en tres lugares de condiciones
de vida muy semejantes: el valle del Hunza en Pakistán, la región
de Abjasia, en Georgia, y el valle de Vilcabamba, en Perú.
Ya se conocía -hemos aludido a ello- la legendaria longevidad
de los habitantes de Georgia, longevidad que, aun eliminando los
excesos propagandísticos, sigue siendo impresionante.
En la actualidad, los habitantes de Georgia están censados y estudiados
por el Instituto de Geriatría y Gerontología de Rusia. Viven en
la alta montaña, desarrollan un tipo de vida rural basado en la
agricultura y la ganadería, y un sistema social en el que es de
gran importancia el respeto y la veneración a los ancianos. No
existe entre ellos la jubilación, sino la acomodación al trabajo
físico según las fuerzas de cada uno, por lo que no es raro ver
centenarios cuidando el campo o llevando el ganado a pastar.
Lo mismo ocurre en el valle del Hunza, en Pakistán. Quizá aquí
la única peculiaridad sea el elevado consumo de melocotón, natural
y seco y, sobre todo, de sus almendras, que los nativos estiman
muchísimo y a las que atribuyen su buen estado físico.
Por último, el valle de Vilcabamba, en Perú, llamado popularmente
"el valle de los viejos" -por la cantidad de centenarios existentes-
reúne unas condiciones de vida similares.
Si quisiéramos extraer unas conclusiones generales de este estilo
de vida semejante de las tres comunidades, llegaríamos a las siguientes
conclusiones:
- Todos ellos viven en zonas situadas a gran altitud, en torno
a los 2.000 metros. la vida en la alta montaña supone aire puro
y estimulante; gran cantidad de iones negativos en la atmósfera
(cuyo papel en la prevención del estrés y en la tonificación física
es bien conocido) y una radiación solar muy activa. En términos
generales se puede decir que viven en plena naturaleza.
- Existen variaciones climáticas muy intensas, en el sentido fríocalor,
con escasa adecuación en las casas. Se puede decir que la mayor
parte del tiempo se encuentran sometidos a temperaturas bajas.
Y podemos recordar que, experimentalmente, los animales expuestos
al frío pueden presentar alargamiento de su vida. Se discute si
una continuada exposición al frío -al menos durante amplios períodos
vitalespudiera hacer el mismo efecto.
- En relación a la dieta, su promedio nos muestra que es de tipo
claramente hipocalórico, con ingestas medias de 1.200 calorías
al día lo que, en países occidentales, se consideraría como dieta
de adelgazamiento. Además, la base de la alimentación la constituyen
frutas, verduras y cereales; raramente entra la carne -apenas
un día a la semana-, así como la leche y los huevos.
- Los habitantes de estas regiones trabajan durante toda su vida
en trabajos físicos intensos (agricultura, pastoreo), que siguen
realizando mientras tienen fuerzas. Pero aunque trabajan todo
el día, lo hacen de forma pausada, a su ritmo propio, sin apresuramiento.
- Presentan una vida aparentemente con poco estrés. Esta firmación
puede discutirse, porque el estrés es de percepción individual
y podría ocurrir que viviesen sus problemas particulares con una
intensidad emocional comparable a los problemas estresantes de
la sociedad desarrollada. Pero, de todas formas, los investigadores
no encontraron señales de importantes "situaciones de estrés".
- Apenas toman toxinas; poco café, tabaco o alcohol. Y el alcohol
que se consume es de pocos grados (la altura acelera la eliminación
del alcohol y disminuye su concentración en la bebida).
- Por último, y a esto le dan gran importancia, tienen una organización
social estable, sólida, con preeminencia social del anciano, que
se encuentra respetado y considerado. No hay problema de marginación
por el envejecimiento; al contrario, cuando mayor sea la longevidad,
más importante es el papel social. Por eso, la ancianidad es algo
respetable y deseable, y los jóvenes saben que su acatamiento
a las normas establecidas garantiza su estabilidad futura.
Estas son las conclusiones que, cara a la longevidad, extraemos
de estas tres distintas comunidades. Podemos ver que, en nuestra
sociedad occidental, seguimos pautas de vida muy contrarias desde
todos los puntos de vista: falta de ejercicio, alimentación copiosa,
consumo abundante de tabaco y alcohol, ninguna exposición al frío,
estrés continuado, escaso respeto a los longevos. Los consejos
relacionados son de difícil aceptación, pero, a pesar de ello,
son muy útiles.
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Conclusiones
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Las teorías sobre la longevidad pueden sistematizarse
en dos grandes grupos. Las que se refieren al "reloj interno",
y las que se refieren al "desgaste" o a la "teoría de los errores".
El primer punto de vista mantiene que la duración máxima de la
vida humana está preestablecida, codificada, en nuestro material
genético. El segundo, que la vida humana sería teóricamente ilimitada,
pero que ciertas causas (errores en la multiplicación celular,
radicales libres, etc.) producen lesiones a distintos niveles,
que conducen finalmente a un acortamiento de la vida que la sitúa
en sus límites actuales.
Podemos decir que, hoy en día, se admiten conjuntamente ambos
puntos de vista. Hay, en la vida hmana, un "reloj interno", con
límite en torno a los ciento veinte años. Hay, por otra parte,
un continuo desgaste añadido, motivado por hábitos incorrectos
para la salud, que nos muestra la estadística (obesidad, sedentarismo,
errores dietéticos, tabaquismo, alcoholismo, etc.) y que contribuyen
a acortar la vida. De ahí que lo principal, para prevenir la longevidad,
sea tanto llevar una vida sana como combatir las causas externas
de envejecimiento; así se hace respecto a los radicales libres
con los fármacos antioxidantes.
Concluimos, pues, recordando este límite temporal de la vida humana,
situado alrededor a los ciento veinte años según datos históricos,
estadísticos, metabólicos y citológicos, y que curiosamente coincide
con el expresado en la Biblia: "Cuando los hombres se fueron multiplicando
sobre la tierra y engendraron hijas, los hijos de Dios vieron
que las hijas del hombre eran bellas, cogieron algunas como esposas
y se las llevaron. Pero el Señor dijo: "Mi aliento no durará siempre
en el hombre; puesto que es de carne, no vivirá más que ciento
veinte años" (Génesis, 6,1-3).
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