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La menopausia, parecida a la época de adolescencia,
es un tiempo de cambio, implicando tanto los sistemas biofísiológicos
como psicológicos y sociales. Reducir los problemas que aparecen
a un aspecto especifico incluye el peligro de lo que Watzlawick
llama Ia "terrible simplificación" (Watzlawick, 1980). En opinión
de la autora, el conjunto de los procesos implicados y su complejidad
sólo se pueden entender desde un enfoque sistémico-integral, partiendo
de 3 supuestos:
A. La menopausia es un proceso de cambio biológico natural, no
una enfermedad, que, aunque relacionado con la capacidad reproductora,
se teme actualmente sobre todo por la perdida de atributos de
atractivo sexual.
B. Los problemas sexuales de la mujer en la menopausia NO son
cualitativamente diferentes a los de fases anteriores en su ciclo
vital, aunque existen problemas que aumentan cuantitativa mente
de manera considerable.
C. Los factores interpersonales, especialmente aquellos relacionados
con la pareja, son como mínimo tan importantes a la hora de determinar
los problemas sexuales que cualquier otro problema físico o psicológico.
La segunda mitad del siglo XX le ha traído a la sexología el reconocimiento
oficial (por lo menos en el mundo occidental) de ser una disciplina
seria con bases científicas y firmes anclajes deontológicos (Declaración
de Derechos Sexuales, Valencia 1997).
Hablar y escribir de sexo ya no es tabú. Nuestra sociedad parece
haber integrado el disfrute sexual de la mujer en su escala de
valores principales. Hablar en público, y me refiero a un público
no científico, de los problemas relacionadas con la entrada en
la menopausia hasta bien poco sí era un tabú, dejando las mujeres
desamparadas y el campo abierto a toda clase de mitos.
Actualmente, a través de los medios de comunicación, se introduce
el tema en tertulias radiofónicas y televisivas. Existen libros
de divulgación (la mayoría traducciones extranjeras) que tratan
el tema de manera específica. Hay una creciente conciencia sobre
el problema de la osteoporosis, el cuidado de salud de la mujer
en general y la prevención de enfermedades.
Ahora bien, el tema del sexo postmenopausico sigue siendo un tópico
delicado. La menopausia, es decir el cese de la menstruación y
de la capacidad reproductora natural de la mujer, es el resultado
de unos cambios hormonales importantes.
Estos cambios afectan el conjunto biospsicológico y social de
la mujer, y el impacto de estos cambios se debe en parte una serie
de mitos profundamente arraigados en el subconsciente colectivo.
Los orígenes de estos mitos hay que buscarlos en tiempos con mucho
menos información médica, y con una integración social de la mujer
con connotaciones muy diferentes a lo que podemos apreciar actualmente.
El texto gira alrededor de estos cambios, del sexo, y del reto
que supone ser mujer en la mediania de su vida en el umbral del
siglo XXI.
Las tesis sistémicas respecto a los problemas sexuales de la mujer
menopausica se expondrán sobre la base de 3 afirmaciones, que
se ilustrarán con los datos correspondientes.
Afirmación 1
La menopausia es un proceso de cambio biológico natural, no una
enfermedad, que, aunque relacionado con la capacidad reproductora,
se teme actualmente sobre todo por la pérdida de atributos de
atractivo sexual.
Afirmación 2
Los problemas sexuales de la mujer en la menopausia NO son cualitativamente
diferentes a los de fases anteriores en su ciclo vital, aunque
existen problemas que aumentan cuantitativamente de manera considerable.
Afirmación 3
Los factores interpersonales, especialmente aquellos relacionados
con la pareja, son como mínimo tan importantes a la hora de determinar
los problemas sexuales que cualquier otro problema físico o psicológico.
Para comprender el entramado sociocultural y psicológico con el
que cuenta la mujer que actualmente tiene alrededor de 50 años,
se expone a continuación su curriculum sexual prototípico. Este
marco contextual se considera imprescindible para no caer prematuramente
en la patologización de unos procesos y comportamientos, cuyos
remedios pueden ser en muchos casos de tipo psicoeducativo, y
no necesariamente médicos. Los datos referidos proceden de la
experiencia clínica y de publicaciones específicas. Por lo tanto
no son vinculantes a nivel individual, pero sí se consideran representativos.
Curriculum sexual de la mujer española que actualmente
tiene 50 años
Nació en 1948, y generalmente el parto se desarrolla en una casa
particular, no en un hospital. Esto es cierto incluso en ambientes
urbanos y de clase sociocultural alta.
La niña del 48 tomó la comunión alrededor de 1956. Lo que aprendió
sobre sexo y su propio cuerpo durante el período de la infancia
es bastante escaso, mas bien nulo, si consideramos el aspecto
de datos objetivos o de actitudes positivas hacia su propia corporalidad.
Hay unas diferencias de género aplastantes: la madre de nuestra
niña prototípica del 48 todavía está desprovista de los más elementales
derechos en el código civil y de comercio. Sin licencia marital,
la mujer casada prácticamente no puede hacer nada. Un ejemplo:
hasta el año 1970, si nuestra niña hubiera tenido mala suerte,
el padre la podia haber dado en adopción sin el consentimiento
de la madre.
En 1961, a los 13 años, con casi toda probabilidad, ya tiene la
regla, acontecimiento para el cual, a nivel psicológico, estaba
poco o nada preparada con anterioridad. Una vez producido el hecho,
la información general se reduce en la mayoría de los casos a
un "eso te pasará ahora todos los meses. Tienes que ponerte esto
(compresas) y ya eres una mujer y puedes tener niños."
Además, en muchas ocasiones, abuelas, tías y madres no ahorran
advertencias poco claras que se refieren a tener que ir con cuidado
con los chicos, por el peligro del embarazo. No pocas mujeres
de esta generación se quedaron durante un tiempo presas de pánico
por pensar que un beso las podría dejar encinta. En muchos casos,
el contacto con el sexo opuesto en la adolescencia, a un nivel
que implica un mínimo de conocimiento mutuo, se reduce al padre
(que habitualmente no está involucrado en la educación de sus
hijas e hijos) y a los hermanos varones, en caso de suerte.
A nivel mundial, en 1961, J.F. Kennedy llega a la casa blanca.
La familia española se entretiene con radionovelas, porque sólo
un porcentaje muy pequeño tiene un pequeño televisor. Los mensajes
escasos sobre el sexo, si se producen, lo describen ligado a la
reproducción. Gozar de él especialmente fuera de una relación
matrimonial, es un pecado.
En 1968, a los 20 años, la mujer del 48 vibra con el Dúo Dinámico,
y si puede, con los Beatles, simpatiza con el mayo Francés, y
empieza a cuestionar si los estudios sólo son para los chicos.
Hay un número creciente de estudiantes de sexo femenino, mujeres
que posteriormente se considerarán privilegiadas.
A principios de los 70 la sexualidad de la mujer joven española
está claramente diferenciada de la de las "demás mujeres europeas",
sobre todo de las de los países nórticos, que empiezan a invadir
las playas de las costas españolas. Generalmente, su comportamiento
abierto se rechaza y se las considera unas "frescas".
Aun así, hay también un porcentaje de mujeres españolas de esta
generación que se casa incluso antes de los 20 años, por quedarse
embarazadas. Si se casa por esta razón, tiene mas que el doble
de probabilidad de solicitar el divorcio en 1981 que sus compañeras
casadas sin "penalti" (Borrajo, 1990).
La perspectiva de casarse implica en la mayoría de los casos dejar
de trabajar y convertirse en ama de casa, y este paso se realiza
sobre 1973/74. Las parejas sólo se pueden casar por la iglesia.
La muier de 1948 elige a un hombre unos 3 años mayor que ella,
lo cual significa que él nació alrededor de 1945.
La preparación para la noche de boda es en la mayoría de los casos
equivalente a la recibida para la menstruación, e implica toda
clase de mitología popular, en algunos lugares rurales reforzados
con rituales específicos.
Las fuentes de información proceden de dos lados: la información
permitida, impartida en colegios (en su mayoria en las clases
de religión), o en casa, y la información "no-cificial", recibida
en la calle y a través de publicaciones "prohibidas", es decir
revistas o libros extranjeros. Los sesgos que ello implica en
ambos casos no aumentaban precisamente las probabilidades de éxito
para los primeros encuentros sexuales completos de nuestra joven.
Para la mujer, el estereotipo de la "primera vez" no implica gozo,
como para el hombre, sino más bien dolor. No es habitual que nuestra
mujer del 48 se haya masturbado con regularidad en su juventud,
y si lo hizo, no seguirá haciéndolo cuando se casa.
La responsabilidad para su vivencia sexual pasa a ser patrimonio
del marido, al igual que muchos otros derechos. Es más probable
que llegue virgen al matrimonio a que no, y que la pareja con
la que se casa sea el único varón que conoció sexualmente hablando.
Como joven casada, vive la época del destape; la deja mas bien
fria: es cosa de hombres.
En 1975, cuando muere Franco, tiene 27 años, y un hijo como mínimo.
Su generación va a tener una media entre 1.9 a 2.7 hijos, cifra
que en las generaciones venideras bajará a 1.2, la media más baja
a nivel europeo. (Son las hijas de nuestra mujer del 1948), que
en 1978 le regalan la nueva constitución, y poco después, va a
votar por primera vez.
Alrededor de los 30, los partos que ha tenido afectan su sexualidad,
de la misma manera que la posibilidad de quedarse embarazada de
nuevo. (A diferencia de su madre, la mujer del 48 ya tiene algunos
de sus hijos en el hospital).
Los anticonceptivos no están en el mercado libre, muchos médicos
son reacios a prescribirlos, y si está felizmente casada, para
qué. A su marido no le gustan los preservativos, y el pónselo/póntelo
(lema de un anuncio televisivo, popular después de la detección
del HIV para prevenir el SIDA) todavía tardará casi 20 años en
aparecer. Así que, si no se quiere quedar embarazada, puede elegir
entre la abstinencia, y el "coitus interruptus".
Lástima que como efecto secundario nuestra mujer del 48 no se
entera de su pico de capacidad de disfrute sexual mas que ocasionalmente,
(muchas llegan a tener los primeros orgasmos en esta época del
ciclo vital) (Tordjman, 1996).
Como un apunte adicional sirve el dato de una investigación sobre
la frecuencia de coito y dispareunia en mujeres jóvenes histerectom
zadas: refieren una disminución de dolores y aumentan considerablemente
sus relaciones sexuales. El autor de la investigación alega corno
una de las razones la imposibilidad de un nuevo embarazo.(Prasertsawat
1997)
Cuando la mujer prototipo tiene 33, puede divorciarse sin pasar
por la nulidad eclesiástica. Son mujeres de la generación suya
las que más separaciones y divorcios piden en los 5 primeros años
después de su legalización en España en Septiembre de 1981. Esta
alta frecuencia alrededor de los 33/35 años, que coincide con
8 a 11 años de matrimonio, se mantiene como constante en las estadísticas
de divorcio, y aparece en casi todos los países occidentales.
Cuando su hija primogénita entra en la adolescencia, nuestra mujer
del 48 intenta hacerlo mejor, pero es la hija quien le enseña
utilizar los " tampax" correctamente. Como madre de adolescentes
ve la película " 9 semanas y media', y el programa televisivo
de la psicóloga Elena Ochoa sobre sexo los jueves por la noche.
Este programa de divulgación ayuda a erradicar muchos mitos falsos,
y proporciona un impulso para empezar a hablar del sexo en un
número considerable de parejas. Nuestra mujer del 48 en cuestiones
de sexo, vive entre dos fuegos: Por un lado, el mensaje de su
madre y de la iglesia: el sexo es algo sagrado, y por el otro
lado, el de su hija: el sexo es parte del curriculum y por lo
tanto, cuanto más amplia la preparación, mejor. Cuando nuestra
mujer prototípica celebra sus bodas de plata, el hombre a su lado
combate el riesgo al infarto, la calvicie, problemas de próstata,
y ocasionales problemas de erección, si mantiene todavía relaciones
sexuales con ella. Los hijos mayores, que deberian ya tener una
vida independiente, siguen en casa por falta de empleo, y a desgana,
lo cual alarga la aparición del síndrome del nido vacío, y lo
convierte en el síndrome de "hotel marná".
A juzgar por los comentarios, ninguno de los dos roles atribuidos
satisfacen mucho.
Hasta aquí el curriculum vitae sexual, que forma un andamio biográfico
único sin el cual no se pueden entender el resto de las afirmaciones
referidas.
Afirmacion 2: Los problemas sexuales de la mujer menopausica no
son cualitativamente diferentes a los de fases anteriores en su
ciclo vital.
Problemas sexuales en la mujer y en el hombre tienen que ver con
una combinación compleja y dinámica de estresores de diferente
tipo: médicos psicológicos, culturales, sociales, interpersonales
y personales (Naplan, 1981) Existen interesantes cifras de estudios
comparativos de frecuencia de relaciones sexuales antes, durante
y después de la menopausia, evidenciando un declive claro. Sin
embargo parecen incluir como mínimo el peligro de una percepción
sesgada por el género, al suponer que las relaciones que se tienen
dependen exclusivamente de las ganas de las mujeres. Los datos
clínicos no corroboran esta visión. La frecuencia de las relaciones
sexuales no dependen exclusivamente de "ellas", para decirlo de
una manera suave, la vivencia de la sexualidad para la mujer menopausica
sufre indiscutiblemente una disminución, tanto de cantidad como
de calidad. Ahora bien, reducir las causas de estas disminuciones
a una explicación únifactorial-biologicista, que radica en el
hecho de la menopausia, parece ser mas bien una simplificación.
Lo que sí es cierto es que, determinados problemas médicos y físicos
asociados a los cambios hormonales aumentan algunos problemas
fisicos, por lo que se incrementan algunas quejas cuantitativamente
de manera considerable. (Palacios, S. 1992, Weeks, 1987).
Como en el resto del ciclo vital, la queja mayor responde a problemas
de bajo deseo sexual, seguido de problemas de la fase de excitación,
y problemas en la fase orgásmica. Las causas de los problemas
sexuales se pueden dividir en causas inmediatas, es decir en la
dimensión temporal del aquí y ahora, como ansiedad relacionada
con el sexo, y comportamientos maladaptativos, que interrumpen
los reflejos sexuales, y causas profundas, es decir conflictos
sexuales que tienen su origen en experiencias y aprendizajes,
sobre todo aquellos ubicados en la infancia. En la tabla 1 se
resumen las principales quejas y los tratamientos correspondientes.
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Tanto hombres como mujeres aprenden en sus experiencias
eróticas lo que algunos autores llaman el esquema corporal sexual.(García,
1997) Este esquema corporal sexual es un mapa individual de sensaciones
de excitación. Se puede relacionar con la identificación de lo
deseable o bello, y de lo indeseable o feo en el propio cuerpo.
En este contexto, la representación psíquica del cuerpo vivido
por la mujer tiene una especial importancia. El tacto, la estimulación
de la piel, parece ser un estímulo erótico y placentero mucho
mas potente para las mujeres que para los hombres. Las raíces
de tales diferencias probablemente se encuentran en las diferencias
de contacto físico con niñas e niños en la primera infancia: se
coge mas a las niñas que a los niños en casi todas las situaciones
sociales que se prestan a contacto físico. Este entrenamiento
de contacto físico aumenta la capacidad de disfrute y la dependencia
de ello en el campo de la sensualidad. Como efecto secundario
incrementa también la consciencia referente a los aspectos de
belleza implicados. Los hombres no son tan conscientes ni dependen
personalmente ni socialmente ni sexualmente tanto de la representación
y estimulación táctil. No es casualidad que las mujeres gastan
millones en cremas corporales.
Afirmación 3: Los factores interpersonales, especialmente los
relacionados con la pareja, son como mínimo tan importantes a
la hora de determinar las dificultades sexuales que los problemas
médicos o personales.
La relación sexual que una pareja de larga duración puede tener
en su fase de madurez, tiene una historia relacional especifica,
e implica el modo intransferible en que esta mujer se relaciona
con este hombre a lo largo de su convivencia. Intimidad psicológica,
es decir el saber del otro y encontrarse bien con este conocimiento,
e intimidad sexual están estrechamente relacionadas. Dependerá
de la comunicación abierta entre ambas personas que la pareja
pueda mantener una vida sexual atractiva para ambos. En un experimento
interesante sobre el efecto de la testosterona respecto al aumento
de deseo sexual, un número considerable de mujeres relataban que
evidentemente, se sentían con mas deseo sexual, pero no para con
sus maridos. (Meehan, 1997). En una relación de larga duración,
la probabilidad de haber tenido una aventura extramarital por
uno o ambos lados, es mas del 50 %. Algunas mujeres nunca llegaron
ni llegan al orgasmo con su pareja habitual, pero sí con su amante.
No he hablado de los problemas específicos de inseguridades, vergüenzas
y miedos relacionadas con el sexo de las mujeres menopausicas
separadas, divorciadas o viudas. Es positivo que en algunos medios
de comunicación se hacen intentos honestos de desmitificar estos
temas a través de testimonios, pero desgraciadamente estos no
son siempre representativos. ( Kreuz,1998,Marqués, 1995)
Una mujer que experimenta en el día a día que su pareja le valora,
la tiene en cuenta, que se siente tratada con cariño y deseo por
él, y que nota que su hombre es capaz de aceptar los cambios que
la edad implica en la vivencia de la sexualidad y sensualidad
compartida, tiene una probabilidad alta de tener unas relaciones
sexuales que resultan satisfactorias para ambos. Una mujer que
vive su relación de pareja como desagradable, inexistente, o en
ocasiones degradante, va a evitar el contacto sexual con el hombre
en cuestión de manera progresiva, no porque es menopausica, sino
por que no hay nada atractivo en ello. La pareja en la fase menopausica
o postmenopausica tiene unas exigencias psicofísicas diferentes,
y no todas las parejas están dispuestas a hacer los cambios necesarios
para mantener el nivel de satisfacción para ambos. A través de
tratamientos hormonales, las mujeres consiguen escapar a los sofocos,
los vértigos, la fatigabilidad, la sequedad de las mucosas, y
parte de los altibajos anímicos, pero no al desencanto de una
mala relación de pareja. Parece ser que el hecho de estar casado,
en relación con la depresión, actúa de manera diferente en ambos
sexos: a los hombres les protege de deprimirse, a las mujeres
les aumenta el riesgo. (Papp, 1997)
¿De que modelos de mujeres menopausicas dispone nuestra mujer
del 48?
¿Cómo se orienta la gran masa en el ámbito de sus expectativas
en el campo sexual?
(Zacarés, 1998, Friedhan, 1996). A través de la televisión, el
bombardeo, ahora en color, de mujeres con una vida sexual activa,
es constante, pero implica mensajes que en general no hacen mas
que aumentar la autocrítica de las mujeres maduras, a través de
los estereotipos implícitos. ¿Cuantas escenas de sexo pasional
no ridiculizadas entre un hombre maduro y una mujer madura se
suelen ver al mes en la pequeña pantalla? ¿Cuantas escenas de
sensualidad y caricias, de cariño expresado en el ámbito verbal
y no verbal, que implican pieles femeninas con arrugas visibles
y pelos canosos ganan la audiencia masiva.? Las mujeres calificaron
la película "Los puentes de Madison" como excelente, al igual
que los que la consideraron merecedora de un Oscar. La historia
relata la aventura pasional de un ama de casa, mujer madura con
hijos adolescentes, en el ambiente rural americano de los años
60. Los hombres no compartieron este entusiasmo, su identificación
fue para con el marido engañado. La identidad sexual y social
de la mujer casada fue durante siglos determinada por su capacidad
reproductora. Los anticonceptivos, conjuntamente con la integración
de la mujer en el mundo laboral, han desplazado esta identidad
reproductora hacia un modelo de conquista y atractivo, pero en
el ámbito de mitología social compartida, se ha mantenido la exclusividad
del derecho a la satisfacción sexual en la juventud.
Parece ser que en aquellas sociedades en las que se le trata con
respeto a las mujeres mayores, el paso a la menopausia no conlleva
desajustes psicológicos que se consideran dignos de mención. Es
el miedo excesivo a la vejez, que convierte los cambios biológicos
relacionados con el envejecimiento en sospechosos de ser constitutivos
de enfermedad. Con ello, el envejecimiento se despoja de la posibilidad
de ser considerado como algo normal. Se convierte en algo "malo",
con un tratamiento necesario, y la expectativa de una "curación".
Persiguiendo el mito de la juventud eterna, el remedio puede ser
peor que la enfermedad. Ninguna edad del hombre o de la mujer
debería ser privada del respeto de los demás, y de la consideración
de ser receptor digna de afecto expresado de maneras diferentes.
Esto incluye una apertura para nuevas formas de vivir, el cuidado
de la salud física y psíquica, y una resonancia positiva social.
El principio del siglo 20 trajo una revolución sexual con la rotura
del tabú alrededor de la sexualidad infantil y la divulgación
de las teorías de Sigmund Freud. Es posible que el umbral del
siglo 21 nos traiga la rotura del tabú referente al sexo postmenopausico,
y una mayor libertad para ser lo que somos de manera plena, y
a todas las edades, tanto mujeres como hombres: personas con derecho
a una sexualidad dinámica y cambiante.
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