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La anorexia nerviosa se caracteriza por una
pérdida de peso y masa corporal, acompañada de una disminución
de tejido en especial del adiposo. Normalmente está originada
por una alteración en los hábitos alimenticios que conduce a una
semi-inanición voluntaria que afecta al 1% de las mujeres adolescentes.
Esta enfermedad da lugar entre otras manifestaciones a osteoporosis
y amenorrea, síntomas coincidentes con los efectos menopáusicos
que afectan a la regulación menstrual.
La asociación de una dieta alterada con problemas en la ovulación
parece tener un substrato fisiológico, a tenor de los últimos
descubrimientos. En estudios recientes con sujetos de masa corporal
y composición semejante y distintos hábitos alimenticios patológicos,
anorexia o bulimia, se ha observado que mientras más desequilibrada
sea la dieta del sujeto más significativa es la disminución de
la ingesta grasa (P< 0.02) y más elevadas las concentraciones
de alfacaroteno (P<0.005) (Rock y cols., 1996). En cualquier caso,
la etiopatogenia de estas patologías está ligada a una disfunción
del eje hipotálamohipófisis, que lleva a una elevación de los
niveles de cortisol y a una disminución de los esteroides sexuales
(Young, 1991).
Se conoce también que los esteroides sexuales están alterados
en las irregularidades menstruales que ocurren en las mujeres
que realizan ejercicio físico en exceso (De Cree, 1998) y en la
pérdida de peso inducida por retirada de benzodiazepina (Pires
y cols., 1998) y en el ayuno. Se ha atribuido un papel anoréxico
al 17-beta-estradiol (Dagnault y cols., 1993, Dagnault y Richard,
1997), así como un efecto condicionante en la desviación de la
preferencia alimenticia hacia la aversión alimenticia (Ossenkopp
y cols., 1996).
Por otra parte, los niveles de globulina portadora de esteroides
sexuales en mujeres con anorexia nerviosa aumentan, coincidiendo
con niveles más bajos de esteroides sexuales libres (Tomova y
cols., 1995). En un estudio en el que se midió la respuesta a
un serotonérgico específico (d-fenfluramine) se obtuvo que las
mujeres con anorexia presentaron un nivel basal de prolactina
y de estrógenos reducido, así como un nivel basal de cortisol
más elevado comparadas con los sujetos controles (Monteleone y
cols., 1998). Sin embargo, en las pacientes con anorexia nerviosa
se ha utilizado fundamentalmente el tratamiento estrogénico ,
tratando de restaurar la masa ósea. Cuando se recupera el 90%
de la masa corporal estandard en los sujetos anoréxicos se suele
recuperar la regla y por tanto se restaura la función hipotálamo-hipofisaria,
que no depende substancialmente de la cantidad de grasa corporal
(Golden y cols., 1997). Sin embargo, un tratamiento combinado
de progesterona y estrógeno mejora la densidad ósea dependiendo
del peso inicial. Esta recuperación de la densidad ósea se asocia
a la recuperación de la enfermedad (Klibanski y cols., 1995).
Ultimamente, a la luz de los recientes descubrimientos de substancias
mediadoras en distintos procesos fisiológicos, se ha puesto de
manifiesto el papel de las citoquinas en la anorexia. En concreto,
la administración de interleuquina-6 da lugar a fiebre, anorexia
y cansancio. La interleuquina está negativamente controlada por
los estrógenos y andrógenos y corticoides, y es un potente estimulador
del eje hipotálamo-hipofisario-adrenal. Estimula en gran medida
la secreción de hormona del crecimiento, inhibe la secreción de
hormona estimulante del tiroides y disminuye las concentraciones
de grasas en el plasma (Papanicolay y cols., 1998). En un estudio
clínico reciente se acompañó a la terapia para cáncer terminal.
Por otro lado, se sabe que el acetato de megestrol reduce la pérdida
de tejido adiposo y de masa muscular y que el acetato de medroxiprogesterona,
reduce la producción de citoquinas in vitro. En efecto, cuando
se combinaron estos dos fármacos con la quimioterapia anticancerosa
convencional se consiguió una mejora notable de las manifestaciones
y efectos anoréxicos en los pacientes tratados (Mantovani y cols.,
1998).
Conclusión
Existe una relación bien documentada entre la disfunción de la
secreción de las hormonas sexuales y la anorexia nerviosa. Así
mismo, se conoce cada vez mejor los efectos metabólicos y no sexuales
(participación en la función inmunológica, etc.) de la progesterona,
en especial los relacionados con la estimulación del apetito,
la eritropoyesis, aumento del volumen sanguíneo, aumento de la
grasa corporal, aumento de la densidad ósea, etc.; efectos que
han sido contrastados en las terapias anticancerosas generadoras,
junto con el proceso tumoral, de anorexia y caquexia. Consecuentemente,
parece fuera de toda duda la introducción de esteroides sexuales,
específicamente de progestágenos, en el tratamiento habitual de
la anorexia nerviosa.
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