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Los radicales libres son especies moleculares
o atómicas con un electrón desapareado, lo cual les confiere una
gran reactividad. Al ceder o compartir dicho electrón, reaccionan
con cualquier molécula de su entorno, produciendo alteraciones
importantes en el ADN, lípidos de membrana, enzimas y diversas
proteínas estructurales. Como consecuencia, la célula puede morir,
experimentar una mutación o iniciar un proceso de carcinogénesis.
Los RLO se generan constantemente en las células, de modo fisiológico,
especialmente durante los procesos oxidativos mitocondriales;
afortunadamente existen sistemas antirradicalares que constantemente
neutralizan los RLO formados o reparan las consecuencias de sus
acciones. Por ello, las consecuencias de los RLO dependerán tanto
de su formación como de la eficacia de los sistemas anti-radicalares
endógenos.
Los RLO están involucrados en numerosos procesos patológicos y
participan de un modo fundamental en el proceso de envejecimiento
biológico de todos los seres vivos. Así, la supervivencia de las
especies está íntimamente ligada a la producción de RLO y a la
actividad de los sistemas anti-RLO, de tal manera que las expectativas
de vida en cada especie depende del equilibrio entre ambos sistemas.
El proceso de envejecimiento afecta a los organismos de un modo
general, pero podemos hablar también de un envejecimiento a nivel
tisular, celular o molecular. Diversos factores, endógenos y exógenos,
pueden acelerar el proceso de envejecimiento fisiológico: hormonas
sexuales, tabaquismo, radiaciones solares, fármacos, polución
atmosférica, etc. La piel es uno de los tejidos en el que el proceso
de envejecimiento se manifiesta con una mayor claridad, por razones
obvias. Precisamente, en la piel hay que diferenciar el envejecimiento
fisiológico del fotoenvejecimiento producido por la exposición
más o menos intensa y/o continuada a los rayos solares; las zonas
corporales normalmente expuestas a los efectos de los rayos ultravioleta
(UV) solares envejecen más rápidamente que las zonas no expuestas.
Además, el fotoenvejecimiento origina alteraciones tisulares distintas
del envejecimiento fisiológico: elastosis, fibrosis, procesos
degenerativos, etc. Ello es debido a que los rayos UV inducen
la producción de RLO.
Por todo ello, el tratamiento y prevención del envejecimiento
se basa en gran parte en la lucha contra los RLO, ya sea neutralizando
sus efectos o potenciando los sistemas anti-RLO endógenos.
Los RLO principales son: el radical superóxido, el radical hidroxilo,
el oxígeno singulete e hidroperóxidos diversos, responsables de
reacciones en cadena. Entre los sistemas anti-RLO endógenos debemos
diferenciar los enzimáticos y los no enzimáticos. Entre los primeros
destacaremos: la glutation-S-transferasa (GST), la glutatión reductasa
(GR), la glutatión peroxidasa (GPx), la catalasa (CAT) y la superóxido
dismutasa (SOD). Entre los segundos: el alfa-tocoferol, el beta-caroteno,
el ácido ascórbico, el sistema ubiquinol-ubiquinona, el ácido
úrico, la taurina, el ácido lipoico, etc.
En los estudios relacionados con el envejecimiento, su prevención
y tratamiento, es importante disponer de técnicas que nos permitan
valorar la tasa de producción de RLO y el estado de los sistemas
anti-RLO de cada individuo, es decir, lo que se denomina el grado
de estrés oxidativo.
Actualmente, disponemos de técnicas in vitro e in vivo que permiten
determinar estos parámetros, especialmente en plasma y eritrocitos.
Conociendo el impacto que los RLO producen en un sujeto y cual
es el estado de sus sistemas anti-RLO, podremos decidir la aplicación
de una terapéutica anti-RLO adecuada y específica para cada persona.
En el envejecimiento cutáneo se producen las siguientes alteraciones:
adelgazamiento de la epidermis, aplanamiento de la unión dermo-epidérmica
con desaparición progresiva de las papilas dérmicas, fibrosis
del colágeno, pérdida de la capacidad melanogénica con distribución
irregular de los melanocitos, disminución de las células de Langerhans
y una menor capacidad de recuperación frente a agresiones diversas.
Si el proceso es facilitado por una exposición a los rayos UV,
estos aspectos se agudizan y aparece elastosis y procesos degenerativos
que conducen a un cáncer cutáneo. Exteriormente, la piel envejecida
se caracteriza por la presencia de arrugas, deshidratación, manchas
cutáneas, epidermis fina y quebradiza y flaccidez de la hipodermis.
Especial mención merece el proceso de pérdida de las células de
Langerhans (CL). Estas células derivan del sistema inmunitario
y se localizan entre las células epidérmicas de las capas más
basales. Su función es la de procesar señales de carácter antigénico,
emigrar hacia los ganglios regionales y activar la respuesa linfocitaria,
para luchar contra los diferentes agentes exógenos y endógenos
nocivos. Así, una de las funciones fundamentales de las CL es
la de evitar la proliferación de células malignas y premalignas,
mediante la activación de linfocitos citotóxicos. Actualmente
se considera que la aparición del cáncer de piel se debe a la
desaparición de las CL en la epidermis, especialmente importante
tras la exposición a los rayos UV. Está demostrado que tras la
irradiación UV, aún a dosis débilmente eritemógenas, las CL desaparecen
durante varios días; la exposición solar intensa y/o continuada
produce un estado de anergia sostenido que anula las respuestas
inmunitarias del organismo. Los RLO producidos tras la exposición
a los rayos UV están implicados en este proceso citotóxico. Para
prevenir y tratar el envejecimiento cutáneo podemos administrar
sustancias anti-RLO tópicamente o por vía sistémica. La vía sistémica
tiene la ventaja de poder distribuir cualquier sustancia en todas
las regiones cutáneas, especialmente a nivel de la dermis. No
obstante, hay que tener en cuenta que en la piel envejecida las
papilas dérmicas se encuentran muy comprometidas, por lo cual
la distribución de nutrientes hacia la epidermis está muy disminuida.
Por ello, es conveniente siempre aplicar tratamientos tópicos
para potenciar cualquier actuación sistémica.
En la prevención del envejecimiento cutáneo hay que insistir en
la importancia de la protección solar. En este sentido, la mejor
protección es evitar la exposición al sol o, en todo caso, utilizar
filtros solares adecuados para minimizar los efectos de los rayos
UV. De todos modos, en la actualidad la fiabilidad de los filtros
solares está en entredicho, especialmente los de protección elevada,
debido a que su capacidad inmunoprotectora (sobre las CL) puede
no correlacionarse con su capacidad de protección frente al eritema,
ya que las CL se afectan a dosis de radiación UV inferiores a
las necesarias para producir eritema.
Otro aspecto importante para prevenir el envejecimiento es evitar
o reducir la exposición a elementos electrofílicos, capaces de
generar RLO, como exposiciones a tóxicos ambientales, tabaquismo
y ejercicio físico excesivo. Finalmente, cuidar la alimentación
para disponer de suficientes elementos anti-RLO naturales: frutas
y verduras.
En el tratamiento del envejecimiento disponemos de sustancias
administrables por vía tópica y sistémica. El alfa-tocoferol,
la taurina, algunas formas de vitamina C, el ácido lipoico, etc.,
pueden administrase por ambas vías. La vitamina C natural es muy
inestable y difícilmente puede formularse por vía tópica, a no
ser en forma de algunas sales estables o liposomada. El beta-caroteno
y el licopeno son también difíciles de formular por vía tópica,
ya sea por su inestabilidad o por su color, por lo cual se prefiere
administrarlos por vía sistémica. La ubiquinona (coenzima-Q) y
la acetil-cisteína (precursora del glutatión) se administran por
vía sistémica. Respecto al beta-caroteno, se han publicado diversos
trabajos que demuestran que es contraproducente administrarlo
en sujetos fumadores, ya que se incrementa el riesgo de aparición
de cáncer de pulmón. La forma más eficaz del tocoferol es la natural,
ya que el acetato no presenta la misma caacidad anti-RLO; el alfa-tocoferol
previene de la desaparición de las CL cuando se administra por
vía tópica.
Existen en el mercado diversos tipos de liposomas que contienen
agentes anti-RLO y otros productos activadores de procesos celulares
que anulan algunos aspectos del proceso de envejecimiento cutáneo.
Los liposomas de ASC III estimulan la producción de citocinas
por parte de las células epidérmicas que, a su vez, inducen a
los fibroblastos a segregar colágeno III; de este modo se recupera
la relación colágeno III/colágeno I, propio de la piel joven.
En diversas experiencias, pudimos demostrar que la aplicación
de dichos liposomas in vivo y en biopsias de piel in vitro, recupera
las papilas dérmicas en pieles envejecidas. Entre las citocinas
utilizadas en dermocosmética para tratar el envejecimiento, destacan
los péptidos citorreguladores, como el MPC, capaz de activar los
fibroblastos y células epidérmicas, regenerando sus propiedades.
Estos péptidos, además, tienen propiedades anti-RLO.
En la prevención y tratamiento del envejecimieno cutáneo tiene
un gran interés el proceso de reparación de los ácidos nucleicos.
Las moléculas de ADN lesionadas por los RLO pueden ser reparadas
por los mecanismos propios de las células; de estos sistemas depende
que una célula sufra una mutación o una degeneración maligna.
Productos, como el denominado DNA-repair, son capaces de reforzar
estos sistemas reparadores, aumentando la viabilidad celular tras
una exposición letal a los rayos UV, aumentando la supervivencia
espontánea de los cultivos celulares y disminuyendo el número
de lesiones nucleares. Finalmente, no debemos olvidar la importancia
que tienen otros mediadores celulares en el envejecimiento, como
las hormonas esteroidales, la hormona el crecimiento o la melatonina,
que serán tratados en otras comunicaciones.
El control del estrés oxidativo, mediante estudios analíticos
de los indicadores que apuntábamos antes (en eritrocitos y plasma),
demuestra que el tratamiento sistémico con diversos anti-RLO durante
tres a seis meses, mejora diversos parámetros relacionados con
la producción y neutralización de RLO.
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