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Evolución de la alimentación en
España. El papel de los nuevos alimentos en la dieta del
siglo XXI
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Dr. Jesús Román Martínez
Álvarez
Presidente de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de
la Alimentación
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Introducción |
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Los requerimientos nutricionales de la población
humana, varían en función de una serie de condicionantes ecológicos:
- Propios: genéticos, actividad física, hábitos alimentarios,
circunstancias fisiológicas, ciertos comportamientos, patologías,
etc.
- Exógenos: disponibilidad de alimentos, clima, medio cultural,
etc.
La enorme capacidad de adaptación del ser humano al medio y a
las circunstancias, conlleva la aparición de muy diferentes modos
de alimentarse en las distintas sociedades. Asimismo la necesidad
de buscar y obtener recursos ha movido al ser humano a trasladar
sus actuaciones incluso a otros ecosistemas en busca de los alimentos
necesarios. Esta búsqueda, estos intercambios, producen cambios
en las maneras tradicionales de alimentarse haciendo que los hábitos
alimentarios de una población no sean estáticos sino adaptables
a las lógicas variaciones de su entorno vital.
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Selección de alimentos.
Los grupos de alimentos y su aporte energético
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En los países ricos, es claro el predominio
en la dieta de alimentos de origen animal en comparación con países
no desarrollados. Así, en algunos países, los alimentos de origen
animal suponen menos del 5% del aporte energético de la dieta
diaria (Ruanda, Alto Volta, etc.). Por contra, un ciudadano común
de los EE.UU. consume, al año, 1.5 veces su propio peso en forma
de carne.
En los países pobres, la base de la dieta son los alimentos de
origen vegetal. Debemos identificar cinco cereales básicos y sistemas
de alimentación ligados específicamente a ellos: trigo, maíz,
arroz, mijo y sorgo. Asimismo, existen dietas basadas en raíces
y tubérculos, usualmente en zonas del planeta cálidas y húmedas.
Destaquemos que un tipo de consumo parece excluir al otro.
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Modelos de consumo
y aporte de nutrientes
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1. La disponibilidad energética puede variar
hasta el 100% entre países ricos y pobres.
2. Los hidratos de carbono representan hasta el 85% de las calorías
diarias en la dieta de los países pobres. En los ricos, no suelen
aportar más del 50% aunque con una cantidad destacable de azúcares
sencillos (sacarosa: 24% en EEUU)
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Modelos de consumo
y necesidades nutricionales
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1. Las necesidades energéticas, son evidentemente
cubiertas de diferente manera en los países ricos y pobres. Así,
en 40 países existen alimentos disponibles para la población en
cifras tan bajas que no les es posible alcanzar las 2.200 kcal
diarias. Ello se traduce en que del 10 al 15% de la población
del mundo (500 millones de personas) ingieren menos de lo estipulado
como "crítico", es decir, menos de 1.2 veces su metabolismo basal
ó 1.500 kcal diarias.
Por otro lado, únicamente el 20% de la población mundial dispone
de más de 3.000 kcal diarias.
2. Las necesidades proteicas, en países ricos, están cubiertas
ampliamente y merced a productos derivados de alimentos de origen
animal. En el Tercer Mundo, más de 500 millones de personas viven
con aportes proteicos inferiores a los considerados de seguridad
por la OMS (es decir, 37 g de proteína de referencia: de 46 a
52 g de proteínas usuales). Donde mayores problemas se presentan
para cubrir las necesidades proteicas, es en países con consumo
modelo "raíz-tubérculos". El consumo de legumbres, afortunadamente,
eleva el valor proteico de la dieta de muchos países del Tercer
Mundo.
Según la posibilidad de cubrir las necesidades energéticas y proteicas,
podemos hacer tres grandes grupos clasificatorios:
A. Niveles energéticos y proteicos elevados: más de 3.000 kcal/día
y cerca de 100 g de proteínas. Se trata de países industrializados.
B. Niveles intermedios: 2.600 kcal y 70 g de proteínas al día.
Países de Oriente cercano, algunos países de América latina.
C. Niveles insuficientes: Menos de 2.200 kcal y de 55 g de proteína
al día.
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Consumo alimentario
y economía
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Perisse et als. realizaron una clasificación
según el P.I.B. de un país y sus variaciones en la estructura
alimentaria. Así, obtuvieron que:
1. Las calorías aportadas por los lípidos aumentan mucho a medida
que suben los ingresos. Es inferior al 15% en países con una renta
per capita que no alcanza los 100 $ anuales. En los que la renta
es de más de 600 $, la grasa aporta hasta el 40% de las calorías.
Ello ocurre por el aumento en el consumo de lípidos libres y de
aquellos de origen animal. Excepto en países mediterráneos, el
consumo de grasas vegetales disminuye.
Por contra, en países pobres, los lípidos vegetales representan
lo esencial en el aporte graso.
2. Los azúcares, disminuyen su importancia como fuente calórica
al aumentar los ingresos. Así, pasan del 75% en países con rentas
inferiores a 100$ a ser el 50-60% en aquellos con rentas superiores
a 600$ per capita.
3. Las proteínas, en el caso de las de origen animal, aportan
del 1.5-2% de calorías diarias en países con rentas bajas (<200$)
y cerca del 8% en los países ricos (EEUU).
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Consumo alimentario
y salud pública
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Se caracteriza en los países ricos por:
1. Participación importante de todos los grupos de alimentos en
la dieta habitual.
2. Gran consumo de productos de origen animal. Consiguientemente,
elevado aporte proteico y lipídico.
3. Aporte hidrocarbonado bajo, excepto en lo referente a la sacarosa.
4. Bajo consumo de fibra alimentaria.
En los países ricos con este tipo de consumo, se estima que existe
un 20% de obesos, del 10 al 20% de hipertensos, 6% de individuos
con hiperlipoproteinemia, del 2-3% de diabéticos, etc. La mortalidad
por enfermedad cardiovascular y por cáncer ocupa las primeras
plazas por causalidad.
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Los modelos de consumo
alimentario en los países desarrollados
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El espectacular desarrollo económico y las transformaciones
socioculturales ocurridas en el mundo occidental industrializado
durante las últimas décadas, a menudo ha hecho que se confunda
la posesión de bienes de consumo con Salud y Bienestar, frecuentemente
con menoscabo para estos últimos.
En el caso concreto que nos preocupa, la alimentación y la nutrición
humana, en nuestro medio, hemos podido contemplar en este siglo
el tránsito por la penuria y el hambre hasta la aparición de las
denominadas "enfermedades de la civilización" ó, más bien, enfermedades
del exceso. Sin embargo, no es extraño que los profesionales y
responsables sanitarios olviden los importantes problemas sanitarios
que plantean en nuestro medio determinados hábitos alimentarios
y de consumo. Sin intención de ser exhaustivos, desde aquí pretendemos
ofrecer unos datos suficientes y adecuados para que cada uno encuadre
en su justo sitio, valore de acuerdo a su importancia, ese vínculo
evidente, pero con un modo de interacción difuso, poco claro,
entre la evolución de nuestros hábitos de consumo alimentario
y la salud de la población.
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La evolución del consumo
alimentario en los países industrializados
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A menudo se afirma que los cambios sociales
y, en particular, los experimentados en el modo de alimentarse
un país, han sido mayores en los últimos 50 años que en todos
los siglos anteriores. Así, un pollo se comercializa hoy en día
a las 8-9 semanas frente a los 5-6 meses en que lo hacía antiguamente.
Un agricultor, en 1900, alimentaba con su trabajo a 1.7 habitantes;
en 1931 podía alimentar a 5.5 frente a los 26 habitantes que soporta
actualmente.
Por otro lado, los avances socioeconómicos y los cambios técnicos
ocurridos en todos los puntos de la cadena de producción de alimentos
(agricultura, ganadería, producción, almacenamiento, venta ...
), han difundido y puesto al alcance de cualquiera aparatos eléctricos,
productos y modos de consumo impensables hace simplemente dos
décadas (hornos microondas, alimentos precocinados, ultracongelados,
comidas realizadas en régimen de restauración colectiva, etc.).
A niveles individuales, los cambios en el modus vivendi se han
traducido como una general disminución en el gasto energético
realizado, sobre todo a causa de la creciente mecanización. Tengamos
en cuenta, además, el descenso en los gastos fisiológicos de termorregulación
al difundirse los aparatos de climatización de viviendas, autos,
etc. En fin, una disminución del consumo calórico suele ser la
adaptación de las personas ante estos hechos.
Esos mismos cambios sociales, han puesto al alcance de los más
desfavorecidos alimentos y productos que no podrían haber soñado
consumir hace años. Con ello, la "democratización" de la alimentación
es un hecho consumado en los países industrializados, donde las
diferencias dietéticas entre ambos extremos de la escala social
apenas se diferencia por el consumo de productos de "lujo" que
poco representan a niveles nutricionales.
Sin embargo, las diferencias sociales en los últimos años se han
ahondado, al parecer, en los países ricos, produciéndose una paradoja:
el aumento de la población marginal que difícilmente puede competir
e integrarse en una sociedad cada día más exigente, competitiva
e inaccesible a los faltos de recursos económicos. Como ejemplo,
sepamos que en el periodo 1910-75 una docena de huevos ha aumentado
10 veces menos su precio que el salario de un obrero, es decir,
ese obrero podría hoy llevar a su casa con el mismo trabajo diez
veces más huevos, 8 veces más jamón y 2.5 veces más carne.
Según decía Brubacher, las sociedades modernas se caracterizan
por la posesión, en sectores mayoritarios de la población, de
más alimentos de los que se pueden consumir, la generalización
del consumo de substancias químicamente puras, el aumento de la
longevidad junto con la disminución de la mortalidad infantil,
el aumento de la mecanización con la consiguiente disminución
del trabajo físico y de las necesidades energéticas. Cabe tener
en cuenta que las necesidades en determinados nutrientes no disminuyen
aunque lo hagan las necesidades de energía; en esas condiciones,
podríamos hallarnos en situaciones de deficiencias relativas de
algunas substancias nutritivas.
Prácticamente, es una regla que se cumple siempre la disminución
del peso específico de los alimentos dentro del presupuesto familiar
a medida que aumenta el nivel de vida de la sociedad. Tengamos
en cuenta que, en países subdesarrollados, los ingresos económicos
de la familia se invierten, y más que hubiera, en cubrir las necesidades
básicas de sus miembros. Por contra, en los países ricos, industrializados,
el porcentaje de los ingresos económicos que se dedica a alimentación
disminuye a medida que crece su capacidad adquisitiva. Así, los
españoles hemos pasado de un gasto en alimentación (en 1958) superior
al 50% a invertir en 1987 cantidades cercanas al 30%. En la R.F.A.
se gasta actualmente el 18%, en Dinamarca el 21% y en Francia
el 26% de los ingresos económicos habidos. Por tanto, cualquiera
que observase una estadística como la recién presentada, sin conocimientos
mayores, podría clasificar, de alguna manera, el estado de evolución
sociocultural de un país y su nivel sanitario.
Esta evolución, estas diferencias, se nos presentan incluso en
datos como el consumo de alimentos perecederos y de no perecederos.
Así, en España, se consumían en 1976 el 14% más de artículos perecederos
que en 1954. Por contra, los no perecederos en el mismo periodo
habían disminuido su importancia relativa en cerca de un 20%.
Aún siendo redundantes, debemos decir que esto tiene una representación
consiguiente en la ingesta de nutrientes en los diferentes países.
Así, el consumo per cápita en los EE.UU. de calorías y proteínas
es de, respectivamente, 3.261 y 97 g ante las 2.179 y los 59 g
de países africanos.
Pero no es necesario comparar países desarrollados con otros evidentemente
sumidos en problemas de grave penuria. En la propia Europa, las
diferencias alimentarias son, asimismo, suficientemente destacables.
Así, mientras que en Grecia la ingesta de frutas y verduras proporciona
más de 300 Cal. diarias, en Polonia o Dinamarca no proporcionan
más allá de 100 Cal. día. Hoy, que conocemos ampliamente la importancia
de la ingesta de vegetales, de la fibra alimentaria, de los problemas
de la grasa saturada, no cabe duda que, sin ser determinantes,
datos como estos son significativos si se comparan, sobre todo,
con las tasas de mortalidad por causas de cada país.
Las calorías totales ingeridas, también son diferentes en los
distintos países de nuestro ámbito de acuerdo a las recomendaciones
dietéticas (R.D.), Finlandia consume un exceso que alcanza un
18%, Alemania el 33 %, Bélgica el 60 %, etc.
En cuanto a los distintos productos que conforman la dieta de
un país, podemos observar siempre como los de origen animal aumentan
su importancia cuantitativa en la dieta al aumentar el poder adquisitivo
de un país. Esto es especialmente palpable en lo que a carne y
productos lácteos se refiere. Así, en España hemos pasado -según
datos del M.A.P.A.- de ingerir 28.1 kg/persona/año de carne en
1965 a los 67.8 kg en 1988; la leche se ingería en 1965 en una
cifra de 59.4 l/persona/año y en ese mismo año de 1988 la ingesta
era de 118.9 l.
Por contra, esa predilección de los ciudadanos por alimentos de
origen animal que estamos viendo, se invierte generalmente respecto
de muchos productos de origen vegetal. Parece como si el consumidor
tendiese a hacer la relación "Alimento animal = lujo ó mejor nutrición;
alimento vegetal = pobreza ó peor nutrición". En el mismo periodo,
se pasó de consumir 104.8 kg/persona/año de patatas (en 1965)
a los 56.5kg (en 1988). Las legumbres, que se ingerían en 1965
en cifras de 9.9 kg/persona/año, se consumieron en 1988 en cifras
de 6.9 kg.
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Algunos datos referidos
al consumo alimentario en España
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Si estudiamos los datos referidos a la evolución
del consumo de alimentos en España durante cuatro décadas (desde
el año 1958 al 1998), como nota destacada podemos ver los drásticos
cambios en la ingesta de alimentos de origen vegetal y en la de
productos de origen animal que tiene además su reflejo económico
en la estructura del gasto en el hogar: se observa claramente
la importancia decreciente del huevo, el aceite, los cereales
y las patatas y la importancia cada vez mayor de carnes, pescados
y productos lácteos.
Desde el punto de vista exclusivamente nutricional, la dieta española
también ha experimentado una lógica variación con el paso de los
años y los cambios en los hábitos de vida, aumentando como cabe
esperar la contribución de los lípidos al total de kcal ingeridas
diariamente así como el de las proteínas en detrimento de los
hidratos de carbono.
Es necesario destacar la importancia creciente del consumo de
alimentos en hostelería que ya supera el 26% de todo el presupuesto
familiar dedicado a la alimentación. Lógicamente, la transcendencia
nutricional de las comidas servidas en este medio es cada vez
mayor y le deberíamos prestar más atención.
Ver Gráfica
1
Ver Gráfica
2
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| % del gasto en
España |
1993
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1995
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1998
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| Hogares |
76,3
|
74
|
71,7
|
| Host. y Rest. |
21,5
|
23,4
|
26,3
|
| Intituciones |
2,2
|
2,5
|
1,9
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La evolución de los
hábitos alimentarIos y la salud. Las causas de mortalidad y el
consumo alimentario
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Si intentásemos establecer un vínculo, una relación
siquiera orientadora, entre la evolución que han experimentado
las diferentes causas de mortalidad en diferentes países, en porcentajes
de importancia, respecto de las variaciones también ocurridas
en los hábitos de consumo alimentario, por fuerza habríamos de
recurrir a las estadísticas que nos ofrecen las tasas de ambos
puntos, no sólo desde el punto de vista cuantitativo, sino también
desde otro más amplio que incluya las distintas condiciones de
vida, aspectos sanitarios, etc.
Muy aproximadamente esto lo cumple la comparación de mortalidades
entre países desarrollados y no desarrollados a través de los
años. En efecto, el poder económico abarca, como hemos visto y
es fácil de comprender, el mayor o menor acceso a la atención
sanitaria, a la adquisición de alimentos, y a la educación. Así,
la más importante causa de mortalidad en un país como Francia
a primeros de este siglo correspondía a enfermedades de índole
infecciosa, es decir, exactamente igual que ocurre actualmente
en países no desarrollados. Por contra, actualmente, y tanto en
Francia como en España o los EE.UU., las principales causas de
mortalidad corresponden a enfermedades cardiovasculares y cancerosas.
Para todas ellas, conocemos hoy relación, más o menos estrecha,
con determinadas condiciones derivadas de la alimentación de las
poblaciones.
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Perspectivas de la
alimentación española en el siglo XXI. Los nuevos alimentos
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Como hemos podido ver hasta el momento, hay
una serie de hechos comunes en la evolución alimentaria de los
habitantes de países desarrollados. En cuanto al futuro inmediato,
parece haber coincidencia en que las sociedades modernas, desarrolladas,
tienen unas tendencias muy similares:
- La tradicional transmisión de información alimentaria, que era
por vía materna, está siendo suplantada en parte por información
a menudo no suficientemente contrastada que proviene de medios
de comunicación (publicidad). Por el contrario, la información
contrastada, proporcionada por personal sanitario ó suficientemente
formado en estos temas, no puede competir ni en medios ni en recursos
ni en eficacia con la televisión, prensa especializada con el
concurso de personajes famosos, el uso parcial de "medias verdades"
ó la no obligatoriedad de decir estrictamente la verdad ... la
conclusión que numerosos autores en nuestro medio alcanzan es
que cada vez haya más posibilidades de que el patrón alimentario
de la población se vaya alejando progresivamente de la "dieta
mediterránea".
- Hay una tendencia clara hacia la homogeneización de costumbres
y de productos alimenticios, especialmente los manufacturados
(comidas preparadas, envasadas, bebidas, etc.). Esto hace que
sea posible hallar el mismo restaurante con la misma carta, los
mismos manteles .... en China o en Estocolmo. Es un síntoma más
de la globalización del planeta que en aspectos alimentarios permite
el intercambio de costumbres y productos y, por el contrario,
reduce la riqueza y la variedad cultural y gastronómica de los
países menos potentes o resistentes ante el alud de la publicidad
y de las nuevas costumbre que llegan de fuera. Un ejemplo extremo
sería el abandono, por motivos de "prestigio social", de la lactancia
materna por la lactancia artificial. Coincidimos en este apartado
con la constatación del crecimiento de la importancia de la alimentación
fuera del hogar y de productos fabricados dentro o fuera de España
pero de uso no tradicional. Estudiando las correspondientes estadísticas
podríamos observar como España es un exportador de alimentos de
la dieta mediterránea (verduras, hortalizas, vinos, aceite de
oliva) y un importador de alimentos de origen animal e incluso
de animales vivos.
- Diferentes condiciones sociales, de las que otros autores ya
se han extendido suficientemente, hacen que el número de comidas
realizadas fuera del hogar aumenten. Es evidente que los platos
disponibles en establecimientos de restauración no siempre son
tan variados en su composición ni disponen de la misma calidad
nutricional que la comida recién hecha en casa (especialmente
en lo que respecta a su contenido en grasa total y a los contenidos
de vitaminas, sobre todo hidrosolubles, y de ciertos minerales).
Es cierto que una alimentación basada en ingestas fuera del hogar
no tiene porqué ser peor que una "casera", pero realmente las
condiciones de manipulación y de cocinado y la variedad de productos
y materias primas empleadas no son siempre tan adecuadas como
debiera. Tampoco los conocimientos de los profesionales de la
cocina sobre estos puntos y sobre temas nutricionales en general
suelen ser ni siquiera básicos. En cualquier caso, una de las
condiciones básicas para alcanzar la salud a través de una alimentación
equilibrada (la libre elección de los alimentos de nuestra dieta)
se da en condiciones menos favorables.
- Por otro lado, aumentan las ventas de platos preparados más
ó menos listos para el consumo y cobran, ó cobrarán, mayor importancia
los alimentos diseñados especialmente para colectivos específicos
de la población: alimentos para ancianos, productos complementados
ó fortificados para mujeres embarazadas, etc. que vienen a sumarse
al tradicional mercado de alimentos infantiles y los antiguos
dietéticos (productos para diabéticos, fenilcetonúricos, celiacos,
etc.). Un caso destacable es el de los alimentos ó productos especializados
para "personas que quieren adelgazar" y que son una cantidad enorme
en la que alguno de ellos roza lo fraudulento per se ó por la
publicidad que se hace.
- En el apartado de los "alimentos milagro" que acabamos de citar,
la indefinición legal o la faltad de voluntad política para que
se cumpla la legislación vigente en temas de etiquetado y publicidad
es especialmente preocupante. Muchos de ellos se venden habitualmente
como alimentos de consumo general en vez de cómo dietéticos o
como fármacos, clasificación que, haciendo caso a la publicidad
que de ellos hacen sus vendedores, no habría otro remedio que
aplicar. Sin embargo, el abuso de los recursos publicitarios y
las referencias a la salud y a distintos aspectos nutricionales
de los diferentes productos no es patrimonio de "alimentos milagro"
sino también de alimentos de uso común (como quesos ó yogures)
que apoyan su venta con estudios y respaldo de entidades científicas.
El problema de fondo común a gran parte de estos productos es
la falta de literatura científica (es decir: ausencia de experimentación,
de verdaderos estudios de causa-efecto, de revisiones estadísticas
ó bibliográficas) que avalen las pretendidas bondades y propiedades
salutíferas de los productos. A esta confusión contribuye la ausencia
de información adecuada en los envases con lo que la información
al consumidor le llega exclusivamente de la mano del vendedor
ó a través de artículos y anuncios de determinadas revistas y
publicaciones semanales no científicas.
- Parece extenderse el gusto por lo que se ha dado en llamar "alimentos
sanos", "alimentos naturales" ó "biológicos", siendo este apelativo
buscado y bien valorado por los consumidores. La consecuencia
es, a menudo, el abuso por parte de los fabricantes de estas denominaciones.
Es el mismo camino por el que los fabricantes ponen también en
sus etiquetas "sin colesterol" aunque se trate de alimentos de
origen vegetal por naturaleza sin tal substancia.
- Al tiempo, está claro el rechazo de la mayor parte de los consumidores
a lo que consideran "venenos" o peligros potenciales para su salud:
los alimentos genéticamente modificados que vienen a unirse en
este peculiar infierno a los tradicionales aditivos. Lo nuevo
en alimentación está decididamente mal visto y goza de una pésima
reputación. Incluso cuando últimamente hayamos visto publicidad
sobre "nuevos alimentos" muy beneficiosos (los llamados alimentos
funcionales), se trata en su mayor parte de alimentos tradicionales
cuyas virtudes son rescatadas y anunciadas a bombo y platillo:
las virtudes de las bacterias contenidas en las leches fermentadas
(que ya usaban una publicidad similar a la actual a principios
de siglo), los flavonoides contenidos en el vino o en las uvas
o en las cervezas, etc.
- Proliferan los alimentos con valor añadido ó "alimentos servicio":
patatas prefritas ó simplemente peladas, verduras para ensaladas
ya limpias y lavadas, etc.
- La comercialización de los productos para orientarse hacia un
tipo de establecimientos de medio-gran tamaño (super e hipermercados)
con el consiguiente desplazamiento de las tiendas tradicionales.
No hay que dejar de decir que la oferta y variedad alimentaria
presente en estos grandes locales es por fuerza bastante mayor
que la de las pequeñas tiendas de comidas y bebidas.
- Muchos alimentos tradicionales se recuperan ante el auge de
una nueva cultura gastronómica convirtiéndose incluso en productos
de "delicatessen": quesos artesanos (como el de flor), ciertos
vinos, mermeladas artesanales, repostería tradicional, etc.
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Conclusiones
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A tenor de lo visto hasta este momento, podemos
concluir que la alimentación de la población española es en general
correcta manteniendo características propias de la dieta mediterránea
de la que, sin embargo, se va alejando paulatinamente. Actuaciones
tendentes a mantener los aspectos saludables de nuestra dieta
son realmente aconsejables.
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Bibliografía
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