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Desde un punto de vista físico-químico,
las aguas mineromedicinales se pueden considerar como una fase
heterogénea constituida por compuestos inorgánicos y orgánicos
en suspensión, que en un medio solvente como es el agua, forman
una disolución más o menos diluida (Armijo Castro, 1994).
Utilizadas por vía tópica o balneación, las aguas mineromedicinales
actúan sobre el revestimiento cutáneo y pueden ser absorbidas,
en parte, por la piel.
La concepción actual de la acción terapéutica de las aguas mineromedicinales
radicaría en la incorporación al organismo de las sustancias mineromedicinales
que forman parte de dichas aguas (Pratzel y Schnitzer, 1992).
Así, se ha demostrado que tras una aplicación tópica, la absorción
cutánea de elementos mineromedicinales es directamente proporcional
a su concentración en el agua del baño.
El fenómeno de paso a través de la piel del agua del baño fue
evidenciado por primera vez, a mediados de este siglo, por Pinson
(1942, 1952), mediante marcadores radiactivos, más concretamente,
con agua marcada con Tritio. A los 10-15 minutos del comienzo
del baño, ya se detectaba en sangre y orina el agua marcada radiactivamente
(Amelung y Hildebrant, 1985).
Según una recopilación de distintos autores, se ha hallado una
absorción acuosa cutánea de aproximadamente 2-4 microl/cm2/hora.
Esto correspondería a l'2-l'5 veces el propio peso de la capa
córnea. Por tanto, en cada baño traspasan la capa córnea de la
totalidad de la superficie corporal unos 20 ml de agua con todas
sus correspondientes sustancias disueltas. Cuanto más concentradas
estén estas sustancias en el agua del baño, mayor cantidad de
éstas se depositarán en la capa córnea.
Además del proceso de la absorción de sustancias disueltas en
el agua del baño, se produce la denominada "post-resorción" o
reabsorción posterior de los depósitos que se han almacenado en
la piel y que para los iones Cl-
y Na+ dura las siguientes 100
horas después del baño. Este fenómeno se explicaría por la notable
capacidad para el almacenamiento acuoso de la capa córnea.
Pero para los iones disueltos en el agua, la piel tiene una permeabilidad
muy pequeña, ya que el paso a través de la piel del agua del baño,
así como de las sustancias que ésta lleva en disolución se produce
por un mecanismo de transporte no activo o difusión simple.
Hay que tener en cuenta que la piel, de notable complejidad estructural,
constituye una gruesa capa que dificulta el paso de sustancias
a su través.
Se admite que en cuanto a la absorción percutánea, la piel se
comporta como una membrana protectora, constituyendo la principal
barrera a la absorción las células muertas de la capa córnea,
que forman un complejo queratín-fosfolipídico que limita el paso
de sustancias químicas y posee una elevada resistencia eléctrica.
La capa córnea está constituida en un 50% por estas células queratinizadas
y por una proporción considerable de compuestos hidrosolubles
que permiten la fijación del agua.
En la epidermis existen diversos anexos, entre los que destacan
los folículos pilosos, las glándulas sebáceas y las sudoríparas.
Se ha demostrado que el paso de sustancias químicas se produce
tanto a través de la epidermis como también a través de los complejos
pilosebáceo y glandular sudoríparo.
Para los electrolitos de las aguas mineromedicinales se puede
producir la absorción a través de la piel y también por los considerables
"shunts de difusión", es decir, los folículos pilosos, las glándulas
sudoríparas y sebáceas. En todos los casos el transporte iónico
va unido al tránsito de agua.
Según Scheuplein (1971), a estos "shunts de difusión" les corresponde
una penetración más rápida que por vía transepidérmica.
De las anteriores consideraciones se deduce que la penetración
de sustancias a través de la piel se produce por varios mecanismos,
esencialmente transcelular, intercelular y a través de los anexos.
De estas vías, la más importante es la transcelular. La absorción
se produce por difusión pasiva a través de las células epidérmicas,
siguiendo las leyes de difusión de Fick. Según estas leyes, la
difusión pasiva puede expresarse por: dQ/dt= K (C1-C2
), donde C1-C2
es la diferencia de concentraciones a cada lado de la barrera
y K es la constante de permeabilidad de la membrana interpuesta.
Pero hay que tener en consideración que la piel no actúa del todo
como una membrana semipermeable, sino más bien a modo de obstáculo,
de freno al paso del agua.
Por otro lado, se da la circunstancia de que el medio acuoso de
la capa córnea tiene una concentración de solutos equivalente
a 60 g/l, por lo que para que puedan pasar las sustancias disueltas
en el agua por un mecanismo de transporte no activo de difusión,
se considera obligado que el agua del baño supere en solutos dicha
concentración, lo que rara vez se produce en aguas mineromedicinales.
Mediante la utilización de isótopos radiactivos se puede determinar
la absorción percutánea de los elementos componentes de las aguas
mineromedicinales y que tienen interés terapéutico. Así, se ha
comprobado que los iones orgánicos disociados y las sales inorgánicas
tienen las cuotas de absorción más bajas, mientras que los gases
como el dióxido de carbono, el radón y el hidrógeno sulfurado
presentan una buena penetrabilidad cutánea. Las diferencias en
la capacidad de absorción se deben fundamentalmente a las distintas
solubilidades. Las sustancias que son a la vez hidrófilas y lipófilas
y las no ionizadas atraviesan más fácilmente la barrera cutánea
que las sustancias orgánicas o inorgánicas disociadas y que son
únicamente liposolubles o solamente hidrosolubles.
En líneas generales se admite que los gases alcanzan las cuotas
más elevadas de absorción cutánea, seguidos de los líquidos y
en último caso de las sustancias disueltas. Los aceites etéreos,
muchas veces añadidos a las aguas de los baños, se absorben con
relativa facilidad por la piel, en relación a su concentración
en el agua del baño.
Por lo tanto, la piel constituye una barrera, pero no infranqueable,
al paso del agua y de los elementos que esta lleva en disolución.
Así pues, para que las aguas utilizadas en balneación determinen
efectos terapéuticos por sus componentes químicos, son necesarias
condiciones determinadas de concentración, temperatura pH y tiempo
de contacto. Según Pratzel y Schnitzer (1987), si dichas circunstancias
no se cumplen, la penetración de las sustancias minerales disueltas
en el agua no se produce y por tanto sus efectos son nulos, por
lo que estas aguas mineromedicinales no se podrían considerar
como tales cuando se utilicen en balneación, aunque puedan serlo
en ingestión, inhalación o por otras vías de administración.
Así, en las aguas mineromedicinales se dan concentraciones de
sustancias que, aunque en bebida produzcan cambios en el contenido
mineral y acuoso del organismo y provoquen ciertas reacciones
fisiológicas, a través de la absorción cutánea parece muy poco
probable, según los conocimientos actuales sobre las peculiaridades
de la permeabilidad cutánea, que dichos cambios del balance mineral
y acuoso tengan lugar en el organismo por la penetración de iones
minerales procedentes del agua de la balneación.
En efecto, la concentración de sustancias minerales en gran cantidad
de aguas mineromedicinales es demasiado pequeña para que tengan
lugar dichos cambios. Precisamente esta circunstancia llevó a
Pratzel (1989), a sugerir una nueva clasificación de las aguas
mineromedicinales utilizadas en balneación, basada en las concentraciones
límite mínimas para asegurar la penetración a través de la piel.
Algunos de estos valores se recogen en la tabla 2 (San Martín
y San José, 1989).
De estos valores se deduce que iones de gran tamaño, como el sulfato,
apenas atraviesan la epidermis, por lo que no se pueden esperar
efectos terapéuticos relevantes de la balneación con aguas sulfatadas
dependientes de su composición química, aunque si tengan los derivados
de las características físicas propias de la balneación, como
la temperatura, la presión hidrostática y el efecto flotación
o empuje.
Por lo tanto, podemos concluir que el paso de las sustancias disueltas
en las aguas mineromedicinales a través de la piel es un fenómeno
en el que intervienen diversos factores, y es precisamente este
carácter multi-factorial, en el que se incluyen tanto las características
físico-químicas de las aguas como la complejidad estructural cutánea,
lo que proporciona a la aplicación tópica de éstas su singularidad
desde el punto de vista terapéutico.
Tabla1: Tomada de SCHEUPLEIN (1971)
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1. AMELUNG, W.; HILDEBRANDT, G. (1985): " Balneologie
und medizinische Klimatologie" Band 2. Springer-Verlag Berlin
Heidelberg.
2. ARMIJO VALENZUELA, M.; SAN MARTIN BACAICOA, J.(1994): "Curas
balnearias y climáticas. Talasoterapia. Helioterapia". Ed. Complutense.
Madrid.
3. GUTENBRUNNER, C., HILDEBRANDT, G., (1994): "Handbuch der Heilwasser-Trinkkuren".
Ed. Sonntag. Stuttgart.
4. PINSON, EA (1942, 1952) citado por AMELUNG y HILDEBRANDT, op.
cit. pg. 222
5. PRATZEL, H; SCHNIZER, W.(1987):"Medizinisch orientierte Grenzwerte
for Badheilwässer auf der Grundlage von Geseztmässigkeiten der
Hautpermeation". Z. Phys. Med. Baln. Med. Klim. 16, 367-373.
6. PRATZEL, H.; SCHNIZER, W. (1992): "Handbuch der Medizinischen
Bäder". Ed. Haug. Heidelberg.
7. SAN MARTÍN BACAICOA, J.; SAN JOSÉ ARANGO, C. (1989): "Paso
a través de la piel de los factores mineralizantes de las aguas
utilizadas en balneación". Bol. Soc. Esp. Hid. Méd. Vol.IV. nº
1, 27-32.
8. SAN JOSÉ ARANGO, C. (1998) "Hidrología Médica y terapias complementarias".
Serie Manuales Universitarios. Secretariado de Publicaciones de
la Universidad de Sevilla.
9. SCHEUPLEIN, R.J.; BLANK, I.H. (1971): "Permeability of the
skin". Physiol. Rev. 51, 702.
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