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Peso normal, peso ideal
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Prof. J. R. Zaragoza
Catedrático de Radiología y Medicina Física.
Universidad de Sevilla
Fecha de Publicación:
Mayo de 2001
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Introducción
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Una de las técnicas de más importante aplicación
cara a una vida sana, es adoptar unas normas correctas de dietética.
Para iniciarse en ellas es preciso conocer, de entrada, los problemas
de la alimentación en el mundo actual, y los conceptos fundamentales
para la alimentación sana, de peso normal y peso ideal.
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La alimentación
en el mundo actual
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Si examinarnos la situación actual de la alimentación
en el mundo veremos que, junto a una enorme cantidad de personas
que se alimentan de modo insuficiente (se indica hasta los dos
tercios de la población mundial), los habitantes de los países
desarrollados tienen problemas alimentarios de signo opuesto:
los creados por la superalimentación.
La paradoja es, además, que disponiendo de redes de supermercados
y de productos congelados, disponiendo de los medios de adoptar
la alimentación más sana que jamás se haya podido conseguir en
la historia de la humanidad, mantengamos sin embargo un tipo de
comidas muy nocivo para la salud, con exceso de azúcares, grasas
animales y proteínas, así como ausencia de fibras y, en ocasiones,
de oligoelementos.
¿Por qué nos comportarnos así? Porque no estamos educados en dietética,
y nos comportamos respecto a la alimentación como el pequeño al
que se deja suelto en una pastelería: toma en cantidad lo que
más le apetece, y al día siguiente sufre las consecuencias. Nosotros
comemos ¡y bebemos! lo que nos apetece, y las consecuencias las
sufre nuestro organismo, con una carga dietética cada vez más
importante.
Si consideramos tanto nuestra evolución como la conducta de los
pueblos primitivos, deducimos que nuestra alimentación debe ser
predominantemente vegetal, con residuos (fibras), añadiendo una
discreta cantidad de carne o de pescado; que esta comida se debe
repartir adecuadamente durante el día, y, sobre todo, que debe
ser completada con una vida de ejercicio físico que ayude tanto
a la regulación dietética como al consumo del exceso de nutrientes.
Para estudiar adecuadamente este tema, examinaremos previamente
nuestras necesidades orgánicas, para ver, luego, cómo dar una
respuesta correcta y adecuada a nuestros requerimientos.
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Las necesidades del
organismo
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Supongamos, como ejemplo base, que un varón
de 35 años pese -peso promedio de las tablas- 73 kilos. De ellos,
unos 45 kilos serian de agua (intra y extracelular), 23 de grasa
y proteínas y 5 de hidratos de carbono, vitaminas y minerales.
Lo primero que comprobamos ante estos datos es que la mayoría
del peso del organismo está formado por agua. Parece como si en
nuestra evolución hubiéramos salido del mar y debiéramos llevar
el mar con nosotros, en nuestro interior. A este respecto es de
interés saber que composición del plasma sanguíneo es muy parecida
a la del agua del mar. La proporción de agua del organismo no
es constante durante toda la vida; es máxima en recién nacido
y disminuye con la edad; como si sufriéramos un proceso de "desecación"
progresiva.
La provisión de agua es para el organismo de enorme importancia.
Podemos pasar muchos días sin comer (las huelgas de hambre pueden
durar más de cien días), pero no podemos pasar más de cuatro sin
beber, ya que diversas formas eliminamos al menos un litro de
agua día, y el organismo no puede sobrellevar la pérdida de un
10% de su contenido normal en agua (lo que para los 45 litros
de nuestro ejemplo suponen 4,5 días). El contenido en grasa del
organismo puede ser enormemente variable, ya que las grasas esenciales,
aquellas de las que no podemos prescindir porque intervienen en
la estructura de tejidos y órganos, apenas suponen un kilo. El
resto son grasas de reserva, de fácil aumento y disminución (aunque
algunos piensen que su eliminación no es tan fácil), controlable
con una dieta adecuada.
Los hidratos de carbono, cuya misión es actuar como combustible
orgánico, suponen, tanto los inmediatamente disponibles como los
de reserva, una pequeña cantidad del peso total, aproximadamente
un 1,5 % (en nuestro ejemplo, poco más de un kilo).
Los minerales suponen el 6 % del peso total (en nuestro ejemplo,
unos 4,38 kilos). De ellos, las tres cuartas partes se localizan
en el esqueleto (unos 3,3 kilos) en forma de fosfatos cálcicos
(atención: el esqueleto, en conjunto, pesa más, porque tiene otros
componentes, y además, partes blandas).
Las proteínas son el componente plástico fundamental del organismo;
constituyen la base constitucional de los tejidos y órganos. Pero
no se encuentran estables, sino en perpetua renovación. De ahí
que, aunque haya pasado el periodo de crecimiento, precisemos
un aporte diario de proteínas de en tomo a un gramo por kilo de
peso para asegurar esta continua reposición y transformación de
los órganos.
Todo esto quiere decir que la dieta correcta debe aportar, por
una parte, la energía que consumimos para vivir; por otra, las
materias plásticas que precisamos para reponer las pérdidas de
nuestros tejidos y órganos.
Y a este respecto un concepto interesante es el de "vida media
de un órgano", que se define como el tiempo necesario para que
la mitad de su peso sea sustituido por las nuevas sustancias plásticas
(fundamentalmente proteínas). Este tiempo oscila entre 180 días
para el hueso (uno de los más lentos en su proceso de cambio)
hasta 10 días para el hígado, cuya capacidad metabólica es extraordinaria.
A lo largo de nuestra vida consumimos una enorme cantidad de alimentos.
Se ha calculado que un hombre de setenta años del mundo occidental
ha ingerido, durante este periodo, unas treinta y cinco toneladas
de alimentos sólidos, dejando aparte la ingestión de agua y lóquidos.
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Peso normal y peso
ideal
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Todo ello, para mantener una normalidad de estructura
y funcionamiento corporal, cuyo reflejo es el peso. Porque el
peso es un reflejo bastante adecuado del estado nutritivo de una
persona. Su desajuste se traduce en excesos (lo más frecuente)
o defectos (lo más raro) respecto de la normalidad.
¿Que es el peso normal? Definimos el peso normal como el peso
promedio de un sector de la población, expresado generalmente
en relación a la altura. Las tablas de peso normal se adaptaron
primero para varones y hembras, pero luego, viendo la diferencia
que impone la constitución corporal -sobre todo en relación a
la morfología, y por tanto al peso del esqueleto-, se adaptaron
a la constitución individual, para personas delgadas, medias y
robustas.
Para no manejar tablas se han introducido fórmulas cuya aplicación
nos da el peso normal de la persona de que se trate. La más sencilla
supone que el peso normal es la expresión en kilos de los centímetros
con los que se sobrepasa el metro de altura. Para 1,70 metros,
70 kilos. Aquí no se introduce la constitución corporal, que si
se incorpora en otras fórmulas más complicadas donde entra como
valor el perímetro de la muñeca, una de las zonas donde es más
apreciable una sección del esqueleto sin apenas aposición de partes
blandas.
Con ello tenemos calculado el peso normal. Pero este peso medio
de la población, ¿es el mejor para la salud? ¿Cómo podríamos confirmar
qué peso corporal es el mas conveniente para llevar una vida sana?
La respuesta nos la da la estadística. Denominaremos peso ideal
el que, siendo capaz de responder a las exigencias orgánicas,
plantee los mínimos problemas cardíacos, de estática (columna)
y de repercusión orgánica general, proporcionando el mejor estado
de salud.
Pues bien, las estadísticas médicas, sobre todo las de las compañías
de seguros de vida y de enfermedad, han calculado cuál es el peso
que para cada altura supone la presencia de menos complicaciones
físicas (enfermedades, muerte). Y tabulando este peso, resulta
ser aproximadamente 4 o 5 kilos menos que las cifras correspondientes
al peso normal.
Consecuencia importante para la salud: sea usted delgado. Procure
mantenerse delgado. Sea mediante la práctica del ejercicio, la
regulación dietética, o ambas cosas a la vez, consiga y continúe
manteniendo el peso ideal, este peso de 4 o 5 kilos menos que
el peso normal correspondiente a su talla.
Y, por otra parte, una consecuencia social: la mayor parte de
la población está situada por encima del peso ideal correspondiente.
Lo que indica que si se hiciera un esfuerzo colectivo por mantenerse
en forma, redundaría en un aumento general del bienestar físico
y en una disminución de la incidencia de enfermedades y de mortalidad.
No obstante podemos considerar que aunque el aumento de peso por
encima del normal se puede calificar ya de obesidad, existe un
sobrepeso y obesidad discreta o moderada cuando este exceso de
peso no sobrepasa el 10 % del peso normal, mientras que el sobrepeso
que supera este limite ya constituye una obesidad patológica.
Y así como el peso ideal, y aun el peso normal, aseguran un estado
de salud correcto, la obesidad supone una duración de vida inferior
a la de los sujetos de peso normal, y que además guarda relación
directa con el grado de obesidad, así como una mayor incidencia
de determinadas enfermedades, en especial diabetes, cardiopatías,
afecciones hepáticas y vesiculares y otras muchas que son consecuencia
de la acción directa dcl sobrepeso sobre el organismo: varices,
afecciones de columna, artrosis, etc.
Interesa, pues, conocer y aplicar las técnicas que permiten mantener
un peso normal y evitar el sobrepeso que constituye la obesidad.
Con ello tendremos una buena salud, y podremos prevenir los principales
problemas sanitarios ligados al sobrepeso, cumpliendo la norma
consagrada de "vivir mejor para vivir mas".
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