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La aparición a finales de los 90 del láser combinado
para el resurfacing facial ha revolucionado la sistemática a seguir
en este tipo de tratamientos.
El láser de Erbio-yag cuenta con una longitud
de onda de 2.940 nm y un pulso ultracorto de 350 microsegundos.
Esta característica técnica le da la posibilidad de vaporizar
más eficazmente en superficie, superando la capacidad de ablación
del láser de CO2, y todo ello sin apenas trasmitir calor en profundidad.
El láser de CO2, con una longitud de onda de
10.600 nm, y un pulso de 200 milisegundos, cuenta con mayor penetración
por pulso y menor capacidad de ablación que el láser de erbio.
El láser de CO2 provoca una mayor transmisión de calor en profundidad,
calentando, coagulando y efectuando una necrosis térmica perilesional
en modo ablativo.
La combinación de ambas tecnologías (erbio ablativo
+ CO2 subablativo) permite un rejuvenecimiento facial a la carta,
controlando perfectamente con el erbio la profundidad a la que
queremos trabajar y calentando en profundidad con el láser de
CO2, lo que provoca una estimulación para la síntesis de colágeno
y glucosaminoglicanos, elementos fundamentales del tejido conectivo.
La combinación de estas tecnologías con la toxina
botulínica facilitan unos mejores resultados en todas las arrugas
de fruncimiento frontales, entrecejo y perioculares, permitiendo
una mejor epitelizacion post-resurfacing.
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