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Estos últimos quince años han sido vitales en
la ciencia del trasplante capilar, por los grandes avances y modificaciones
en su ejecución práctica.
Heredamos la valiosa técnica del trasplante
de punch de Orentreich, ya publicada en el año 1959 y digo valiosa
porque de ella hemos aprendido todos, aunque su estigma quirúrgico
la abocó al fracaso, su imagen final de pelo de muñeca o en forma
de pincel han hecho del trasplante una técnica de difícil aceptación
por parte del paciente, que todavía hoy sigue preguntando como
si este resultado fuera inherente a cualquier trasplante.
Posteriormente y como medida de subsanación
de dicha imagen se propugna la técnica del microinjerto capilar
de Marrit, siendo esta una técnica muy laboriosa, lenta y que
requiere de un gran equipo junto al cirujano; por ello su progreso
fue muy lento, más bien debido a las reticencias médicas de un
cambio tan profundo en la metódica de trabajo.
Este momento de confusión técnica fue aprovechado
por los defensores del cabello artificial, que proponían una técnica
sin necesidad de donación por parte del paciente y con la implantación
unidad por unidad, casi como un juego. Rápidamente el mundo médico
nos dimos cuenta de sus efectos secundarios indeseables y abandonamos
su práctica, pero no fue así por parte del mundo comercial que
aprovechó la oportunidad de proponer al paciente lo que quería
oír: una técnica fácil, sencilla, sin cirugía, sin donación y
colocando los cabellos uno a uno.
Todo ello creó una falta de credibilidad en
el sistema médico, y la guerra del mundo comercial y el médico.
La opinión general del público sigue siendo de que no existe solución
para la alopecia y que todo son tratamientos con intereses crematísticos.
Después de muchos años de dedicación y práctica
rigurosa, se empieza a reflotar el sistema de trasplante capilar
y va en aumento el porcentaje de credibilidad de la población
en general, pero no existe todavía el axioma de alopecia-solución
quirúrgica.
Hoy en día la práctica médica del trasplante
capilar es una especialidad reconocida en América, que requiere
dedicación exclusiva. Es una de las cirugías más gratificantes,
con menos efectos secundarios y problemas postoperatorios de las
practicadas en el hombre, pero requiere una gran profesionalidad,
un equipo altamente preparado y grandes dosis de minuciosidad
y bricolage. De no ser así los resultados obtenidos no suelen
ser aceptables por el paciente.
La técnica actual por excelencia es el microinjerto
folicular practicado bajo sedación, con control de anestesiólogo,
para un mayor confort y bienestar del paciente. Su tendencia actual
es a disminuir el número de intervenciones practicando las mismas
en un grado más avanzado de alopecia y un mayor número de injertos
por sesión.
En la actualidad se soluciona una gran alopecia
con una sola sesión, aunque lo deseable es poder practicar un
segundo tiempo quirúrgico.
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