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En los últimos diez años la Medicina Estética,
disciplina de origen internista y humanística, se ha centrado
especialmente en la prevención clínica, como siempre lo ha enseñado
la Escuela Internacional de Medicina Estética - Fundación Internacional
Fatebenefratelli, principal exponente didáctico de la Sociedad
Italiana de Medicina Estética. De esta forma confirma su objetivo
de garantizar su servicio al sujeto que vive y trabaja en la sociedad
actual.
De hecho, el usuario de hoy en día expresa renovadas
necesidades sociológicas y psicológicas destinadas a alcanzar
y tutelar el mejor rendimiento psico-físico. En este sentido,
la Medicina Estética toma como suya la recomendación de la Organización
Mundial de la Salud, que considera el estado de salud como el
bienestar psicofísico y no como la mera ausencia de enfermedad.
Aunque la Medicina Estética sigue manteniendo
una función correctiva y en la mayoría de la veces en el ámbito
de una colaboración multidisciplinar, se propone como principal
deber, el de ocuparse de la prevención y por tanto indicar las
reglas de higiene alimentaria, física, psicológica y de conducta,
así como cosmetológica, en el ámbito de un programa de formación
permanente para la vida dedicado a quien acude a la disciplina,
aunque sólo sea en principio por una alteración estética mal aceptada.
La atención de la piel ha sido, en general,
poco practicada en el pasado, a excepción de sus estados patológicos,
competencia del especialista dermatólogo. Pero el cutis sano,
como sabemos, tiene fundamental importancia en su peculiaridad
de elemento de superficie y en su función homeostática. El cutis
sano tanto desde un punto de vista físico como estético merece
conocimiento y atención cotidiana.
El médico estético "especialista en prevención
general", debe promover el cuidado y atención de la piel con el
mismo interés que pone al formular las adecuadas conductas diarias
referidas al programa alimentario, a la práctica del ejercicio,
o a las técnicas de relajación, tan útiles para aprender a convivir
con el estrés.
Para personalizar este proyecto preventivo
general, la Escuela propone en sus ambulatorios hospitalarios
de Medicina Estética ante todo un chequeo médico-estético general
para la valoración del estado de salud. Este chequeo supone una
fase anamnésica y un examen objetivo tradicional, con una serie
de valoraciones morfológico-instrumentales (valoración psicológica,
valoración morfo-antropométrica, valoración postural, valoración
angiológica, valoración de la capacidad física, valoración ecográfica
de la hipodermis, valoración cutánea, valoración hematoquímica).
Tras la correcta ejecución de la valoración
cutánea -según un protocolo propuesto a finales de los años 70
por Bartoletti y Ramette- el uso del cosmético en su función de
instrumento de prevención asume hoy igual importancia y precisa
el mismo conocimiento del fármaco. Con el mismo cuidado hay que
atender la prescripción. Por tanto, se debe subrayar la importancia
que, para quien se ocupa de la prevención, debe darse a la cultura
del cosmético.
Por eso al médico estético, fundamentalmente,
se le exige una competencia en este campo. No se trata de perderse
en un conocimiento dispersivo al que fácilmente puede conducir
la plétora de los productos actualmente en comercio, sino de profundizar
el conocimiento en el número mínimo e indispensable de productos
necesarios para la higiene cosmetológica de los varios tipos de
piel.
El resultado pedagógico con respecto a los usuarios,
es que éstos consigan conocer su propio tipo de piel y los cosméticos
aconsejados, y que posean una satisfactoria pericia en la aplicación
y en la gestión personal de los medios adecuados para la higiene
del cutis y para el mantenimiento de su salud.
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