Desde la
Antigüedad, y con más o menos variantes
según épocas y países, se han aplicado
técnicas para el mantenimiento y la promoción
de la estética y la belleza femenina y masculina.
En general, y hasta el siglo XIX, estos cuidados han
sido empíricos, aunque en ocasiones químicos
o médicos importantes colaborasen, desde puntos
de vista científicos, en algunos de sus avances.
La aplicación de estos cuidados se realizó
históricamente por profesionales de muy distinto
grado de formación, que concretaron progresivamente
en la profesión de Esteticista, con una formación
técnica, que en España corresponde a un
nivel de Formación Profesional de Primer Grado.
Durante los primeros decenios del siglo XX, una serie
de factores se combinan para formar un cuerpo de doctrina
médico de los conocimientos referentes al saber
y el quehacer relativos a la estética y belleza.
Son, entre otros:
El hecho de que dentro de muchas especialidades
médicas se traten afecciones estéticas,
en especial en dermatología, endocrinología,
otorrinolaringología, cirugía plástica,
especialidades relacionadas con inestecismos mamarios,
etc.
Las técnicas relacionadas con la estética
se hacen cada vez más complicadas y requieren
un conocimiento, tanto de sus bases técnicas,
como de su aplicación clínica, que
solo puede poseer debidamente un Licenciado en Medicina.
Baste repasar la enumeración de técnicas
que luego realizamos.
La elevación del nivel de vida, que hace
que gran parte de la población solicite cuidados
estéticos, requiriendo especialmente profesionales
cualificados.
El alargamiento de la vida proporciona una base
clínica de enorme importancia, al aumentar
el número de personas afectas de inesteticismos,
muchas de ellas con otras patologías médicas
que requieren precauciones especiales al aplicar
los cuidados estéticos.
La responsabilidad legal
de las actuaciones practicadas, que dado el grado de
tecnicismo de la medicina estética solo puede
ser asumida por un médico.