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Sumario
Nº 1
> La Medicina del Tercer Milenio
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La Medicina del Tercer Milenio
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Dr. Juan Ramón
Zaragoza Rubira
Catedrático de Radiología y Medicina Física.
Universidad de Sevilla
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Introducción
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El tema que vamos a considerar tiene una clara
motivación: el cambio de siglo, que es a la vez de milenio,
impone una reflexión sobre los temas importantes de la
existencia humana. Uno de ellos es la salud.
Para ello repasaremos, en tres apartados, el ayer, el hoy y el
mañana de la medicina, entendiendo por el ayer la constitución
de la medicina científica en la Grecia del Siglo V a.C.,
enfoque que en la terapéutica durará hasta el Siglo
XVIII. Entenderemos por el hoy la medicina científica de
tipo inductivo y experimental, que en patología se inicia
en el XVIII, y cuyas consecuencias más actuales estamos
viviendo. Por la medicina del mañana consideramos la que
se ha iniciado a finales del siglo XX, y vemos desarrollarse,
en estos días, con nuevos enfoques y características.
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La enfermedad en la
medicina primitiva
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La medicina se inicia con la medicina prehistórica
y la medicina de los pueblos primitivos, de los cuáles,
aunque escasísimos, aun perduran algunos en la actualidad.
Su característica fundamental es basarse en el empirismo
y en la magia. Empirismo, porque se utiliza para la curación
lo que se sabe que es bueno (dieta, plantas, ejercicio-reposo,
masajes, etc.) aunque se desconozca el por qué. Magia,
porque se cree que la enfermedad se debe a la introducción
en el enfermo de malos espíritus, que hay que expulsar
mediante la acción de una persona dotada de poderes especiales
(el "chamán"), quien con su actuación
(en ocasiones revistiendo la forma de danza guerrera contra el
espíritu) consigue que abandone el enfermo y éste
quede curado.
Una pregunta que va a ser constante en cada época es ¿qué
es, por qué aparece la enfermedad?. La respuesta, para
la medicina primitiva será: la enfermedad es un espíritu
maligno que se ha introducido en el enfermo. Se cura mediante
la expulsión de este espíritu por las actuaciones
del hombre dotado del chamán.
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La enfermedad en las
civilizaciones primitivas
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En los inicios de la civilización, los
grandes ríos ejercen un papel unificador que propicia la
creación posterior de grandes Imperios. Entre el Tigris
y el Eúfrates aparece Mesopotamia, la más antigua
civilización conocida. El Nilo unificará la cultura
egipcia. Hacia el Este, el Ganges y el Indo formarán las
primeras civilizaciones de la India (cultura de Mojenjo Daro),
y el río Amarillo será la base de la civilización
china.
Nos interesa especialmente la consideración de la enfermedad
y el tratamiento en Mesopotamia, por la gran influencia que esta
cultura ejerció sobre los griegos, y sigue ejerciendo en
la actualidad sobre el mundo occidental. No hay que olvidar que
la estructuración del tiempo en semanas de siete días
con uno de descanso, la creencia en la influencia de los signos
del Zodíaco (que hoy vemos en todos los periódicos
y revistas), la división del ángulo recto en 90
grados, los relatos míticos sobre un primitivo diluvio,
etc, siguen marcando nuestra cultura con recuerdos imborrables.
En Mesopotamia existe una cultura teocrática; hay muchísimos
dioses, de muy diversa importancia, dioses de las ciudades, de
los campos, de las profesiones, de la salud y de la enfermedad.
Hay incluso un dios para cada persona, que asume papeles de protección
sobre la vida.
La aparición de la enfermedad se considera que es el castigo
debido a la ofensa a un dios. El dios enojado puede castigar al
pecador en sus posesiones (pérdida de cosechas, derrumbamientos),
produciéndole una enfermedad, o incluso afectando la vida
o la salud de sus familiares. El libro de Job es un ejemplo judío
de este modo dde pensar.
El enfermo, por tanto, es un pecador. Por eso debe ser curado
por el intermediario entre los hombres y los dioses: el sacerdote-médico.
Estos sacerdotes residen en los templos, acuden a visitar a los
enfermos, les examinan cuidadosamente y, como parte fundamental
de su estudio, les realizan un auténtico examen de conciencia,
repasando las preguntas contenidas en sus tablillas de arcilla
cocida y que hemos conservado. Preguntas tales como: ¿has
ofrecido el sacrificio con manos impuras?, ¿has dicho sí
en vez de no, o no en vez de sí?, ¿has corrido las
lindes del campo para arrebatar terreno al vecino?, nos indican
lo cuidadoso y extenso de estos cuestionarios.
En ocasiones se empleaban también las artes adivinatorias,
de las que la más importante era la inspección del
hígado del animal sacrificado, que ayudaban a conocer el
pecado cometido y el dios ofendido.
Finalizado el examen, se implantaba la trapéutica, que
consistía por un lado, en un auténtico tratamiento
médico, con dieta, fármacos, terapéutica
física, etc, en un grado muy avanzado de conocimientos
técnicos (los egipcios llegaron a practicar la trepanación).
Por otra parte, tras el interrogatorio, conocido a qué
dios se ha ofendido, se hacían las oraciones y sacrificios
oportunos para conseguir su perdón, y así liberar
al enfermo de la enfermedad.
La cultura egipcia mantiene un planteamiento semejante; sacerdotes
médicos como Sinuhé muestran esta doble actuación
médico-creencial. Lo importante es repetir ahora nuestras
preguntas sobre la enfermedad y su curación. ¿Qué
es el enfermo?: un pecador que ha ofendido a un dios. ¿Cómo
se cura?: mediante la oración y sacrificio al dios ofendido,
además de la aplicación de medios curativos específicos.
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La singularidad del
pueblo judío
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Inspirado por Dios, Abraham salió dde
la ciudad de Ur hacia Palestina, siendo el fundador del pueblo
judío. Transmite así la cultura mesopotámica
en su casi totalidad, a excepción del politeísmo
que ahora, por el mandato divino, se convertirá en el Dios
único.
Con ello también mantiene la misma consideración
respecto a la enfermedad. El enfermo es un pecador, ahora ofensor
y castigado por el Dios único. Por eso existen una serie
de ritos muy elaborados sobre las impurezas relacionadas con la
enfermedad, y sobre la readmisión a la sociedad tras la
curación de determinadas enfermedades.
Progresivamente surge otro enfoque, cuyos inicios vemos en el
libro de Job, y en especial en la doctrina de Cristo. Si la enfermedad
es consecuencia del pecado, ¿por qué enferma el
justo?. El libro de Job, en su final (añadido) indica que
la enfermedad también puede ser la puesta a prueba del
justo, Cristo desarrollará este pensamiento antes de la
curación del ciego de nacimiento (Maestro, ¿quién
a pecado, éste o sus padres? - Ni éste ni sus padres,
sino que es para que se vea la gloria de Dios). Finalmente, la
Iglesia hará, a partir del siglo IV, una clara aplicación
social de este principio.
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La medicina griega
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Hacia el Siglo V a.C., y por una compleja serie
de circunstancias, entre los pobladores de la costa egea del Asia
Menor aparece un nuevo modo de pensar, que podemos definir como
pensamiento lógico. Los griegos se plantean cómo
está construida la tierra y el universo, y finalmente condensan
las diversas respuestas parciales (el agua de Tales, el apeiron,
etc) en la teoría de los cuatro elementos de inferior a
superior, tierra, agua, aire y fuego. Los astros, que son puros,
están formados por un elemento distinto a los terrestres,
la quintaesencia.
Cada uno de estos elementos tiene unas propiedades concretas:
la tierra es fría y seca, el agua es fría y húmeda;
el aire es seco y frío, y el fuego seco y caliente. Los
elementos, mezclados según diversas proporciones, forman
todas las sustancias, que adquieren sus propiedades de la relativa
proporción de las cualidades proporcionadas por cada uno
de sus componentes.
Cuando los filósofos se cuestionan la estructura del organismo,
plantean, a semejanza de la teoría de los cuatro elementos,
la teoría de los cuatro humores. El hombre está
formado por cuatro humores: sangre, pituita o flema, bilis amarilla
y bilis negra. La sangre procede del hígado, la pituita
o flema sería nuestra secreción nasal, que se considera
proveniente del cerebro. La bilis procede de la vesícula
y por la bilis negra creemos se referían a la excreción
de sangre coagulada y digerida, lo que denominamos melenas.
La supuesta procedencia de estos humores nos hace ver las grandes
dotes de observación de los filósofos griegos. El
hígado es el órgano más grande y rebosante
de sangre del organismo. La pituita o flema la derivaban del cerebro
porque creían que circulaba por los nervios, y el cerebro
emite los llamados nervios olfatorios (en realidad prolongación
cerebral) hasta la lamina cribiforme del etmoides, zona ósea
con orificios atravesados por las prolongaciones del nervio olfatorio,
que creían portadoras de este humor. La bilis amarilla
se acumula en la vesícula; se forma en el hígado,
pero suponían su formación en ella. En cuanto a
la bilis negra, su mayor emisión ocurriría en casos
de paludismo, muy frecuentes, donde hay esplenomegalia, que conduce
a la hipertensión portal y aumento de hemorragias digestivas;
la asociación esplenomegalia-bilis negra ha continuado
hasta la actualidad, como enseguida veremos.
Si esta es la estructura del organismo, ¿qué es
la salud?. La respuesta es clara: la salud es el correcto equilibrio
de los humores, la eu-crasía o "buena mezcla".
La enfermedad, en cambio, ocurre cuando hay un desequilibrio,
bien porque un humor está en exceso o en defecto, bien
porque se encuentre afectado. En este caso, para volver al estado
de salud, se debe eliminar el humor afectado, o reestablecer el
correcto equilibrio entre ellos.
Y ¿quién realiza esta vuelta al equilibrio que supone
el estado de salud?. Para los griegos el tema es muy claro: la
fuerza curativa de la naturaleza, innata en toda persona, es la
que impulsa y realiza la vuelta a la normalidad. El médico
se considera sólamente un "servidor de la naturaleza",
es el técnico en el arte de curar que dispone al organismo
para que las fuerzas curativas de la naturaleza operen con total
capacidad, llevando al organismo a la curación.
Un ejemplo actual sería la conducta del médico ante
una fractura. El médico debe asegurar las mejores condiciones
para la curación: correcta colocación de los fragmentos,
eliminar cuerpos extraños, inmovilizar, para luego dejar
la libre actuación de la "fuerza curativa de la naturaleza"
que logrará la eliminación de la inflamación
y la formación de callo de fractura, conduciendo al sujeto
a la curación.
Un importante avance de los griegos fue el intento de diferenciar
entre los distintos tipos de enfermo, agrupándolos en los
llamados tipos constitucionales. Un discreto predominio de uno
de los humores no llega a producir enfermedad, sino marca una
forma de ser específica del sujeto en la salud y en la
enfermedad. Esta tipología aún nos ha llegado con
aplicación popular. Así, el predominio de la sangre
produce el tipo sanguíneo, con predominio cardíaco,
emotivo, acalorado; el de la pituita o flema, el flemático,
de predominio cerebral, pensativo, frío y calculador; el
de predominio de la bilis amarilla (colos, en griego) el colérico,
y el de predominio de la bilis negra, supuestamente procedente
del bazo, denominada en griego malan-colos, el tipo melancólico.
Véase que aún hoy en día en inglés
se utiliza la misma palabra, spleen, para designar el bazo y la
melancolía.
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La medicina moderna
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Hemos comentado con algún detalle el
fundamento de la medicina clásica griega porque, en terapéutica,
su vigencia se extiende hasta el Siglo XVIII. En efecto, a partir
del Renacimiento se inicia un nuevo modo de considerar el saber,
la ciencia moderna, basada en la inducción y en la experimentación.
La física, con Galileo, es el paradigma del saber científico:
reducir los fenómenos a leyes expresadas en forma matemática.
La medicina sufre un largo proceso de modernización. En
el siglo XVI, con Vesalio, supone la aparición de la anatomía
moderna, donde la descripción se basa en la pura observación,
sin influjo de teorías establecidas. En el siglo XVII asistimos
a la modernización de la filosofía: Harvey demuestra
la circulación de la sangre, iniciando la construcción
de la fisiología moderna que se completa con Haller. En
el XVII y en el XVIII aparece la nueva patología, con la
descripción inductiva de las enfermedades iniciada por
Sydenham y sus "especies morbosas". Pero la terapéutica
moderna se establecerá en el siglo XVIII, con la generalización
del uso de los medicamentos llegados de América, en especial
de la quina, que se opone a la doctrina galénica de la
curación por los contrarios.
Otros avances potencian la terapéutica en el XIX: el auge
de la cirugía, que gracias a la analgesia, la anestesis
y la hemostasia permite intervenir en las tres cavidades (cerebro,
tótax, abdomen) hasta entonces intocables la extracción
y utilización de los principios activos de las plantas,
en especial los alcaloides (quinina, cafeína, morfina,
digitalina, etc.); la aparición de las especialidades médicas.
Todo este avance persiste, por supuesto, durante el siglo XX.
El diagnóstico se desarrolla mediante las diversas técnicas
de imagen (radiodiagnóstico, ecografía, medicina
nuclear, TAC, Resonancia Magnética); las técnicas
de laboratorio permiten identificar sustancias hasta nanogramos;
la histopatología nos muestra las menores alteraciones
de los tejidos y células, y llegamos ya a la sistematización
de las técnicas de estudio del DNA; la microbiología
detecta las bacterias o virus causantes de las infecciones, las
pruebas funcionales de todo tipo detectan mínimas alteraciones
del funcionamiento de los órganos, incluso provocando su
aparición (pruebas funcionales). El médico dispone
de una batería de pruebas que suponen una ayuda increíble
para el diagnóstico de la enfermedad.
Pero si en diagnóstico el avance ha sido inmenso, es quizás
en la terapéutica donde podemos valorar más claramente
los grandes logros conseguidos por la medicina hasta el Siglo
XX. Se consideraban clásicamente cuatro formas de curar:
los fármacos (farmacología), las energías
curativas (terapéutica física), la intervención
instrumental en el cuerpo humano (cirugía) y el poder curativo
de la palabra (fisioterapia). Se añade ahora una quinta
técnica, elevada a la categoríande terapéutica:
la regulación de los hábitos vitales (dietética,
ejercicio, relajación, etc).
Sólo de modo enumerativo podemos considerar los enormes
avances de la farmacología (antibióticos, citostáticos,
corticoides, inmunomoduladores, etc), de la medicina física
(electroterapia, láser, radioterapia con altas energías,
técnicas de rehabilitación); de la cirugía
(cirugía cardíaca, transplantes, cirugía
funcional, cirugía endoscópica), de la psicoterapia
(psicofármacos, terapias de apoyo); además, cada
una de estas técnicas referidas a especialidades concretas
(oftalmología, obstetricia, oncología, medicina
intensiva, etc).
Este enome panorama de logros terapéuticos ha hecho que
la medicina actual posea un notable orgullo en lo referente a
su capacidad real de curación. La medicina confía
plenamente en sus medios, y no acepta la existencia de ningún
tipo de "fuerza curativa", que no capta en sus imágenes,
en sus análisis o en sus pruebas funcionales.
Y por ello, repitiendo la pregunta antes formulada, de ¿quién
cura?, la medicina actual dice "cura la terapéutica".
Y la terapéutica permite precisamente la curación
de personas que supuestamente carecían de fuerza vital,
como son los enfermos ingresados en una UCI o UVI, que están
en sobrevida y sólo se conservan vivos mediante los estímulos
y los fármacos que reciben.
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Las medicinas alternativas
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No obstante, y a pesar del confiado orgullo
de la medicina contemporánea en sus logros terapéuticos,
se han desarrollado al margen de ella un conjunto de medicinas
con distintos planteamientos al de la medicina oficial, y denominadas
de diversas maneras: medicinas marginales, blandas, alternativas,
o, con mayor fundamento de su mecanismo de acción, medicinas
biológicas.
Sólo para dar una breve enumeración recordaremos
que siempre ha existido una medicina popular, con remedios basados
en plantas, prácticas físicas o ensalmos y oraciones.
En el siglo XVIII aparecen dos tipos distintos de práctica
médica que persisten hasta la actualidad: Mesmer funda
el magnetismo animal, del que procederá, en el XIX, la
hipnosis, y en el XX, las técnicas de relajación
y de visualización, y Hahnemann, también en el XVIII,
fundamenta la homeopatía, de tan gran extensión
en su práctica hoy en día.
En el siglo XIX se detecta una vuelta a la naturaleza en relación
a la terapéutica, y se establecen técnicas como
la hidrología y la hidroterapia, el masaje y ejercicio
y técnicas derivadas, la helioterapia, la talasoterapia,
los balnearios y la cura climática. El fin de siglo supone
la incorporación de técnicas orientales: la presencia
de los franceses en Indochina les permite aportar a Europa la
acupuntura, y el dominio de la India por los ingleses nos importa
las técnicas de yoga y la medicina ayurvédica.
Todas estas medicinas son ampliamente practicadas, en general
con el rechazo de la medicina científica, que ellas denominan
"medicina escolar", o "medicina química",
por el predominio cada vez mayor de la farmacología. Pero
la propia medicina científica va a comprobar la aparición,
en su interior, de dos tendencias que ponen de manifiesto el papel
de la persona, de la sugestión o de la mente en la capacidad
curativa. Por un lado, el llamado efecto placebo, por el que la
administración de un medicamento similar al que contiene
el principio activo, pero sin él, permite obtener en muchos
casos un porcentaje más o menos importante de los efectos
terapéuticos del fármaco sugerido. Por otra parte,
la comprobación experimental y clínica del efecto
de la mente en la curación de las enfermedades han hecho
nacer una nueva especialidad, la psico-neuro-inmunología,
que estudia y potencia las técnicas psicológicas
de potenciar la curación.
Todo esto ha producido un cambio importante en la actitud de la
medicina oficial respecto a las medicinas alternativas. Del rechazo
inicial pasa ahora a estudiarlas dentro de los centros médicos
oficiales (Facultades, Colegios Médicos, Academias); se
investigan sus fundamentos científicos, y se promueve su
estudio y aplicación por parte de los médicos. Estamos
en un proceso de aceptación, pero aun no de total integración;
los profesionales de las medicinas alternativas son especialistas
en sus técnicas (homeopatía, acupuntura, medicina
naturista), pero el especialista médico aun no aplica,
él mismo, las técnicas alternativas dentro de su
propia especialidad.
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La medicina del tercer
milenio
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Podemos ya plantearnos cuáles serán
las líneas fundamentales de la medicina del milenio que
ahora comienza. Creo que pueden resumirse en cuatro puntos fundamentales:
la continuación de los grandes avances técnicos
en diagnóstico y terapéutica; la introducción
plena de las medicinas alternativas en la medicina científica;
la potenciación del papel del individuo enfermo en la curación,
y la consideración, de forma general, que el papel de la
medicina es la promoción de la salud.
Extraordinarios
avances técnicos
Los avances técnicos de todo tipo, en diagnóstico
o en terapéutica, son ya noticia diaria. Prácticamente
se ha bloqueado nuestra capacidad de sorpresa, tales son las nuevas
técnicas que rápidamente se introducen como técnicas
de trabajo habitual.
Uno de los mayores avances ha sido la incorporación de
la cibernética a la medicina, que se aplica a todo tipo
de técnicas, y a la conservación, detección
y transmisión de la información científica
y clínica.
La biotecnología, mediante intervenciones sobre el genoma,
es una de las mayores fuentes de progreso.
Relacionada con ella se sitúan los avances en la generación
de la vida, cuyas enormes perspectivas ya estamos viendo.
En el terreno del análisis, la determinación del
DNA, ya de rutina en estudios de identificación y de paternidad,
nos brinda el conocimiento de los factores de riesgo al nacer,
y pronto permitirá una intervención activa para
evitar su aparición.
Las técnicas de imagen permiten estudios mediante TAC y
Resonancia Magnética, morfológicos y funcionales,
con determinaciones de flujos, realización de estudios
dinámicos, espectroscopía clínica, y tantos
nuevos avances de introducción continuada. La ténica
PET, casi centrada en el diagnóstico tumoral, expandirá
sus indicaciones clínicas y de investigación.
Los avances en cirugía permitirán pronto la utilización
del cerdo obtenido genéticamente de modo que sus órganos
no tengan rechazo en el transplante humano. Por otro lado, la
bioingeniería trata de obtener y fabricar órganos
funcionantes intrahumanos (corazón, riñones).
Las nuevas energías: láser quirúrgico; posiblemente
pronto el xaser; nuevas formas de electroterapia, aplicación
de la biorresonancia, localización tumoral exacta de las
altas energías a lo largo de tratamiento, etc.
Somos conscientes que esto no es más que una rápida
enumeración y que las predicciones de la ciencia-ficción
han quedado siempre demasiado reducidas respecto a la realidad
inmediata. Por eso la medicina está, y deberá estar
siempre muy orgullosa de sus técnicas. Pero no es solo
eso.
Introducción
de las medicinas alternativas en la medicina científica
Ya hemos indicado, respecto al siglo XX, la aceptación
de las medicinas alternativas por la medicina científica,
pero no su completa integración en la misma. Este objetivo
se cumplirá, sin duda, en el próximo siglo/milenio.
Vemos ya como uno de los libros más reconocidos de Medicina
Física y Rehabilitación, el dirigido inicialmente
por Krusen, dedica un capítulo a la Acupuntura. Vemos cómo
en la práctica médica se integran acupuntores en
los Equipos de Tratamiento del Dolor; vemos como en ciertos países
se aplica la acupuntura en los Centros de Salud de tipo general.
Por otra parte, hemos delimitado los campos de acción de
cada tipo de medicina, comprobando que no son coincidentes, sino
complementarios. La medicina llamada científica atiende
sobre todo a la etiología de la enfermedad (bacterias,
virus, déficits dietéticos), a sus lesiones orgánicas
(farmacología, cirugía) y a las disfunciones existentes
(endocrinología, tratamientos funcionales). En ocasiones
no se puede evitar que los medios de tratamiento reconocidos depriman
la inmunidad, y por tanto, bloqueen hasta cierto punto las capacidades
naturales de curación (cirugía, quimioterapia, radioterapia).
En cambio, las medicinas alternativas o biológicas actúan
por lo general, potenciando las energías orgénicas
(llámase como se llame) y por tanto, los factores naturales
de curación. Si un tipo de medicina ataca la enfermedad
y sus manifestaciones, y por otro potencia la capacidad de curación
del individuo, no hay duda que su papel es complementarse, integrarse,
y configurar así la gran medicina del futuro.
Potenciación
del papel del individuo enfermo en la curación
La medicina también ha confiado en sus medios técnicos
(generalmente en razón), pero parece que ha dejado de lado
el estudio técnico y la aplicación en la cínica
del papel del individuo enfermo en la curación. Ya hemos
indicado el papel creciente de la hipnosis, la sugestión,
la visualización, el efecto placebo, la psico-neuro-inmunología
y técnicas afines tienen en la medicina. Pero podemos decir
que la medicina científica no las emplea sistemáticamente,
quizá con la única excepción de la medicina
psicosomática.
Ha llegado el momento en que desde diversos puntos de vista plantean
la introducción sistemática de los medios de conseguir
la colaboración activa del enfermo en este campo; desde
el diálogo inicial en la historia clínica, hasta
los métodos de apoyo en el seguimiento de la enfermedad
con la incorporación de técnicas específicas.
El enfermo debe conocer su enfermedad, colaborar con el médico
y potenciar su confianza en la curación.
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El objetivo básico
de la medicina es la promoción de la salud
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Finalmente, el último y más importante
cambio que se vislumbra para el próximo siglo/milenio,
es prioridad de la salud como objetivo de la medicina.
Según la Organización Mindial de la Salud, los fines
de la medicina son:
1) Curar o tratar la enfermedad
2) Prevenirla
3) Potenciar la salud
La medicina puede estar muy orgullosa de su labor en los dos primeros
puntos. Hemos potenciado nuestros resultados terapéuticos,
hemos desterrado enfermedades, como la viruela, y hemos conseguido
logros terapéuticos de increible importancia.
Ahora la medicina se interesa cada vez más por exponer
y aplicar normas para una vida sana: la correcta dietética,
el ejercicio, las revisiones periódicas, las técnicas
de relajación, el pensamiento positivo, etc. La medicina
trata de cumplir este objetivo, de estar cada vez más sanos
para disfrutar cada vez de mejor salud.
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Conclusión
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Y este sería precisamente el punto final
de este trabajo. Decimos que el objetivo primordial de la medicina
debe ser la promoción de la salud. Quizá la palabra
"salud" de la definición de la OMS (bienêtre
en francés, happiness en inglés) sea algo pálida
en español, y deba sustituirse, mejor, por "felicidad".
El objetivo de la medicina sería, entonces, ayudar a lograr
la felicidad humana.
Lo cual nos hace recordar un planteamiento filosófico o
ético. Si condensamos lo que se piensa, en la historia
de la humanidad, respecto a lo que es el fin de la vida humana,
vemos que, para la filosofía aristotélica, el hombre
debe comportarse según lo que le distingue de los restantes
seres, la razón. Por eso, la conducta humana debe ajustarse
a la recta razón.
Según el pensamiento cristiano, vigente hasta el siglo
XVIII, la razón de la vida humana es dar gloria a Dios.
Pero durante el siglo XVIII, los pensadores se centran en el hombre,
y conciben que el objetivo de nuestra vida es alcanzar la felicidad,
ser felices. El Estado y la sociedad deben ayudar a poner los
medios para conseguir esta felicidad individual. Claramente lo
expresa Jepherson en la declaración inicial de la Constitución
americana: el estado debe garantizar los tres derechos fundamentales:
la vida, la libertad y la consecución de la felicidad.
Hoy en día vemos que este objetivo depende, en gran parte,
de la medicina y de sus profesionales. Este es el desafío
de la medicina del tercer milenio para la medicina: ayudar a los
hombres a ser felices.
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