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Es evidente que la pérdida de rendimiento
fisiológico que tiene lugar al envejecer puede mostrar
grandes diferencias entre los miembros de una población
de la misma edad cronológica. Esto justifica la aceptación
del concepto de edad biológica (o funcional) así
como el uso de biomarcadores o parámetros para medir la
pérdida funcional sufrida por los diversos sistemas fisiológicos
investigados. Así se puede valorar el efecto sobre el envejecimiento
del ejercicio, suplementación de la dieta con antioxidantes
y otros factores del estilo de vida, y se facilita la realización
de tratamientos individualizados de medicina geriátrica
preventiva.
Puesto que el envejecimiento se acompaña
de una gran variedad de cambios a todos los niveles de organización
biológica, se pueden seleccionar una serie de biomarcadores
o parámetros bioquímicos, fisiológicos y
psicológicos que cambian con la edad y que pueden ser sometidos
a análisis estadísticos para revelar las relaciones
entre edad biológica, edad cronológica, probabilidad
de perder la salud y expectativas de longevidad.
Según la investigación de Borkan
y Norris, realizada en mas de mil varones de Baltimore participantes
en un estudio longitudinal del envejecimiento humano, no es correcto
definir la edad biológica integrada, pues, en lugar de
una sola edad biológica, los datos muestran que un sujeto
tiene varias edades biológicas, una diferente para cada
sistema fisiológico, ya que se puede ser biológicamente
más viejo en unos sistemas que en otros.
El análisis retrospectivo de los datos
de Baltimore también reveló que los sujetos que
presentaban cierto número de parámetros "más
envejecidos" que los de la mayoría de las personas
de su misma edad cronológica tenían una mayor probabilidad
de morir prematuramente. Concretamente, los siguientes parámetros
presentaban diferencias significativas entre los sujetos longevos
y los que morían prematuramente: función respiratoria,
tensión arterial sistólica, y tiempos de reacción..
Así, los interesantes resultados obtenidos en la investigación
de Baltimore sugieren que ya es posible realizar una medicina
geriátrica preventiva basada en la detección de
los parámetros anormalmente envejecidos y la pronta instauración
de medidas destinadas a frenar la involución de los sistemas
que en cada persona constituyen su talón de Aquiles.
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