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La GH es un péptido de 191 aminoácidos
secretado por las células acidófilas de la hipófisis
que actúa utilizando IGF-I como mediador, activando la
síntesis proteica y la lipolisis con lo que estimula el
crecimiento longitudinal durante la infancia y adolescencia. A
partir de la cuarta década de la vida, su secreción
pulsátil va disminuyendo hasta que a partir de la sexta
década existe una situación de déficit de
GH que aunque sea fisiológica, sin embargo puede ser una
de las responsables de que el anciano presente atrofia muscular,
aumento de la grasa, osteoporosis y disminución de la capacidad
inmunitaria con lo que se favorece la aparición de procesos
neoplásicos.
A partir de los trabajos de Rudman y cols (1990)
se han empezado a estudiar los efectos beneficiosos de la administración
sustitutiva con GH en ancianos que pueden resumirse en función
de los sistemas donde ejercen su acción.
A nivel cardiovascular determina un aumento
de la fuerza muscular cardíaca y especialmente del ventrículo
izquierdo con lo cual aumenta la capacidad de realizar ejercicio,
a la vez que disminuye los factores de riesgo con redistribución
de la grasa corporal y disminución de la misma así
como de los niveles de colesterol.
A nivel vascular tiene tambien efectos sobre
la contractilidad. Sobre el hueso, y también de forma sinérgica
con los estrógenos, aumenta la masa ósea en base
al incremento de la absorción intestinal de calcio y el
estímulo de la actividad osteoblástica.
Sobre la piel aumenta su espesor y elasticidad
y en general determina un incremento de la sensación de
bienestar con un aumento de la capacidad de desarrollar ejercicio
físico. También mejora la capacidad inmunitaria.
A lo largo de los últimos 5 años
hemos venido investigando todas estas acciones en ratas machos
y hembras de 24 meses (equivalentes a 75 años en la especie
humana). Se ha estudiado el efecto de la administración
de GH sobre la composición corporal, la función
vascular, diversos parámetros de la función inmunitaria,
la regeneración ósea y las funciones del SNC.
En todos los casos se observa un efecto beneficioso
con aumento de masa magra, disminución de masa grasa, mejoría
de la función vascular aumento de la velocidad de osteointegración
y prevención de la pérdida neuronal que aparece
en el hipocampo. Además pueden observarse efectos muy evidentes
en la prevención de las oxidaciones inducidas por los radicales
libres.
Este tipo de tratamientos podrían llegar
a contribuir a una mejoría de la calidad de vida en los
ancianos. Cuando se trata de mujeres posmenopáusicas, tanto
estrógenos como fitoestrógenos pueden completar
los efectos beneficiosos sin que aparezcan efectos secundarios
muy relevantes.
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