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Sumario
Nº 15 >
Medicina Antienvejecimiento
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Medicina Antienvejecimiento. Historia y Teoría
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Prof.
Juan R. Zaragoza (Catedrático de la Facultad de Medicina de Sevilla)
Dr. José Márquez-Serres (Presidente de la Sociedad Española de
Medicina Antienvejecimiento y Longevidad - Vicepresidente de la
European Anti-aging Medicine Society)
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Introducción |
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Vivimos el auge de una nueva especialidad médica:
la medicina antienvejecimiento, tan conocida generalmente por
su denominación inglesa: anti-aging medicine. A su reconocimiento
médico -sus bases biológicas y bioquímicas,
su creciente aplicación clínica- se une una expectación
social, manifestada en todos los medios de comunicación,
y en la inquietud de muchas personas, que se preocupan por conocer
sus fundamentos y sus principales logros, a veces con perspectivas
exageradas.
Pero, tras cada realidad médica, hay
una historia que la apoya y la razona. Y en la medicina antienvejecimiento,
el deseo básico ha sido, en todas las épocas, el
deseo de devolver al organismo humano la juventud perdida, esto
es, rejuvenecer. Durante el siglo XX se concreta la idea de que,
científicamente, no podemos hablar de rejuvenecimiento,
sino todo lo más de una cierta revitalización de
los órganos. Y ya en las postrimerías de siglo concretamos
que lo que creemos que podemos realizar es, todo lo más,
una prevención del envejecimiento. Obligada concreción
de términos que exige una disciplicina científica
rigurosa, como es la medicina antienvejecimiento.
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Los médicos
de la salud |
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Se define la medicina como "el intento de ayuda a un semejante
enfermo", y se suele considerar, por tanto, su cometido,
como la ciencia (o el arte) de diagnosticar y tratar las enfermedades.
Es cierto, pero hay más. La medicina, también desde
su inicio, ha aplicado técnicas más adecuadas para
evitar la enfermedad (prevención) y para potenciar la salud,
tanto individual como colectiva.
Por ello, en el ejercicio de la profesión médica,
junto a los médicos con ejercicio clínico directo,
siempre existieron médicos privados de grandes personajes
(emperadores, papas, reyes, nobles, obispos, etc.) que se ocupaban,
sobre todo, de mantener su salud y evitar la aparición
de enfermedades. Se dice que los emperadores chinos pagaban a
sus médicos mientras estaban sanos, pero cuando enfermaban,
aparte de seguir sus tratamientos, les suprimían la paga,
pues habían incumplido su obligación de mantenerlos
sanos.
Estos médicos, a veces llamados arquiatras o protomédicos,
se basaban, para mantener la salud de su personaje, en las normas
establecidas por Galeno.
Galeno fue un extraordinario médico del siglo II d.C.
Tras estudiar medicina, fue médico de los gladiadores del
circo de su ciudad natal, Pérgamo, en el Asia Menor. Galeno
tuvo que cuidar de su salud, a la vez que curar las heridas producidas
en las luchas circenses. Posteriormente Galeno fue a Roma, donde
destacó por su saber y su capacidad clínica. Llegó
a ser médico de varios emperadores, entre ellos Marco Aurelio.
Escribió muchos libros, que suponen una síntesis
de la medicina de su tiempo, de modo que sus obras constituyen
una auténtica enciclopedia de la medicina, que perduró
en la práctica hasta el siglo XVII.
En relación a la salud y a la enfermedad, Galeno distingue
lo que llama "cosas naturales", "cosas preternaturales"
y "cosas no naturales". Las "cosas naturales"
son las que constituyen la naturaleza del cuerpo: elementos, humores,
espíritus, facultades, cuyo correcto funcionamiento es
la base de la salud. Por otra parte está la enfermedad,
que es una forma de vida distinta de la salud, al margen de la
naturaleza. En el enfermo hay funciones fisiológicas alteradas,
que llamamos disfunciones: alteración de la temperatura,
de la respiración, del funcionamiento cardiaco, digestivo,
urinario, etc. El enfermo vive, pues, una vida alterada, que Galeno
llama "diatesis preternatural"; es decir, una forma
de vida al margen de la naturaleza, una vida anormal.
Pero, finalmente, existen una serie de realidades que, ni están
en el organismo humano (no son cosas naturales), ni están
siempre en contra de su funcionamiento normal (como las enfermedades),
sino que, según se utilicen, pueden actuar sobre el organismo
de modo positivo o negativo, es decir, potenciando la salud, y
curando la enfermedad, o disminuyendo la salud y potenciando la
enfermedad.
En el galenismo establecido, estas realidades o cosas no naturales
se agruparon en seis: el aire y el ambiente, la comida y la bebida,
el trabajo y el descanso, el sueño y la vigilia, las secreciones
y las excreciones, y los movimientos o afectos del alma.
Las "seis
cosas no naturales" de Galeno
Según como se usen, pueden potenciar la salud y prevenir
la enfermedad, o disminuir la salud natural y producir enfermedades.
Son:
1. El aire y el ambiente,
2. La comida y la bebida,
3. El trabajo y el descanso,
4. El sueño y la vigilia,
5. Las secreciones y las excreciones, y
6. Los movimientos o afectos del alma.
Con esta base, los médicos regularon la vida de sus ilustres
pacientes, encaminándola a la salud. Como gran parte de
la población quería también disfrutar de
una vida sana, algunos médicos redactaron los llamados
"Regímenes de Sanidad", que se difundieron mucho
desde la baja edad media hasta el XVII. Uno de los más
famosos fue el procedente de la Facultad de Medicina de Salerno,
junto a Nápoles, denominado "Régimen de medicina
salernitano". Tenían consejos dietéticos, de
ejercicio, higiénicos, y hasta métodos de controlar
los "afectos del alma", para alcanzar una vida larga
y sana. En España se difundió mucho la obra del
que fue médico del Emperador Carlos V, Luis Lobera de Avila,
titulada "Banquete de nobles caballeros".
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Rejuvenecimiento
y sexualidad |
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Una primera observación, desde el principio de la humanidad,
ha sido que, tanto en el hombre como en la mujer, el envejecimiento
se acentúa cuando decaen la funciones sexuales: a partir
de la menopausia en la mujer, y de la andropausia en el hombre.
Por ello, dada esta relación decaimento sexual-envejecimiento,
se supone que todo lo que potencia la capacidad sexual del hombre
o de la mujer, detiene el envejecimiento y, por tanto, rejuvenece.
De ahí el gran papel asignado a los afrodisiacos, y a
toda actuación que mejore el apetito sexual decaído.
Veremos que, tanto en las prácticas empíricas, como
en los primeros tiempos de la investigación científica
del rejuvenecimiento, se ha concedido gran importancia a los tónicos
sexuales en general, y, aun en la actualidad, a las hormonas sexuales
femeninas y masculinas.
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Métodos
empíricos para la longevidad |
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Podemos decir que hasta el siglo XIX han existido dos aproximaciones
distintas hacia la longevidad: el empirismo y la magia. Empirismo
quiere decir utilizar lo que se sabe, o se supone, que va bien,
aunque no se conozca el por qué. El pensamiento mágico,
por otra parte, se basa en la creencia de que mediante ciertas
actuaciones (rituales) podemos dominar los espíritus superiores,
y obligarles a actuar de un modo determinado, para el bien o para
el mal. A veces ambas posturas se encuentran mezcladas, favoreciéndose
un tratamiento empírico con un ritual que se supone de
apoyo.
Muchas plantas se han utilizado como supuestamente rejuvenecedoras,
precisamente por su supuesta acción, empírica o
mágica, sobre la sexualidad. Una de ellas ha sido la utilización
del bulbo de la orquídea. Se suponía que la forma
de ciertas partes de la planta (fruto, semilla, raíz) indicaba
sus efectos; la nuez, con sus circunvoluciones, recuerda el cerebro,
y por ello su consumo potenciaría las facultades intelectuales.
De la misma forma, el bulbo de la orquídea tiene una forma
semejante al testículo humano (de ahí su nombre,
orchis, de donde procede orquitis, inflamación del testículo).
Por ello el bulbo de la orquídea se utilizó como
producto reafirmante de la sexualidad masculina y, a la vez, como
rejuvenecedor.
Otra planta muy utilizada para el rejuvenecimiento fue la mandrágora.
Su raíz presenta una forma semejante a la figura humana
(en ocasiones acentuada intencionadamente por los recolectores).
Se decía que al arrancarla del suelo la mandrágora
daba un grito, y que quien lo oía podía morir o
enloquecer; por ello el método habitual de extraerla era
atar un perro al tallo de la planta y excitarle, para que al correr
la arrancara.
En Occidente se introdujo, con efectos tonificadores, la raíz
de una planta de origen coreano, el ginseng. Tiene un efecto reparador
de fondo, y a la vez discretamente estimulante, por lo que se
toma habitualmente como infusión, o bien integrado en diversos
preparados farmacológicos existentes en el mercado, pero
se le ha intentado atribuir un afecto rejuvenecedor que, desde
luego, no posee.
Ciertas sustancias de origen animal se han administrado suponiendo,
igualmente, su efecto afrodisiaco y rejuvenecedor. Las ostras,
los productos derivados de la cantárida o la jalea real,
segregada por las abejas para transformar la ninfa en abeja reina,
son algunos ejemplos de ellas.
Pero quizá la leyenda más importante en relación
con el rejuvenecimiento ha sido la de la fuente de la juventud.
Se trataba de una fuente cuya agua tenía el maravilloso
efecto de curar las enfermedades y rejuvenecer. Siempre se la
situaba en tierras lejanas, como en el reino del Preste Juan de
las Indias. Hay numerosas representaciones de su actuación,
como el cuadro de Lucas Cranach el Joven, de 1546. En él
se ve cómo el agua, que brota de un manantial, llena un
estanque donde por un lado entran viejos y achacosos, y por el
otro salen jóvenes esbeltos, con plena salud y belleza.
La localización de la fuente de la juventud fue un acicate
constante para exploradores y conquistadores. Tras el descubrimiento
de América, establecidos los españoles en la isla
de La Española, un explorador, Juan Ponce de León,
oyó hablar de que al norte se encontraba la isla de Bimini,
con la fuente de la juventud. Persuadido de su existencia, pidió
ayuda al rey Fernando el Católico para realizar una expedición
y descubrirla. El rey Fernando, que acababa de enviudar de la
Reina Isabel, y se había casado con la joven francesa Germana
de Foix, se interesó en el tema y financió la expedición.
Llegados a la supuesta isla el día de Pascua Florida, se
la bautizó como "Florida", y pronto se vió
que no era una isla, sino una península, con numerosas
fuentes, por supuesto, pero sin efecto revitalizador alguno.
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Los primeros
enfoques científicos sobre la longevidad |
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Hasta el siglo XIX no encontramos ningún enfoque científico
sobre el envejecimiento y el rejuvenecimiento. El primero de ellos
es obra de un distinguido científico ruso, Ilia Metchnikoff,
que propuso tanto una teoría como un tratamiento para prevenir
el envejecimiento y conseguir una revitalización.
Ilia Metchnikoff, ruso residente en Paris, era ya una figura
científica de reconocido prestigio. Era biólogo,
y había descubierto el fenómeno de la fagocitosis,
por el que había recibido el Premio Nobel. Cuando comenzó
a envejecer, dedicó su atención al mecanismo del
envejecimiento y, con mente de biólogo, le pareció
descubrir su fundamento.
Su observación básica fue que los animales de intestino
largo (como los rumiantes) tenían una longitud de vida
corta, (las vacas, diez-doce años), mientras que los de
intestino corto (los carnívoros en general) tenían
una longitud de vida larga. El hombre, omnívoro, tiene
una longitud del intestino intermedia entre herbívoros
y carnívoros. Algo había en el intestino que acortaba
la vida de los animales que lo tenían largo. Por eso su
primera conclusión, un tanto brutal, fue que para alargar
la vida humana había que acortar el intestino mediante
una operación quirúrgica.
Como esta propuesta era un tanto violenta, y no fue aceptada,
Metchnikoff siguió su investigación intentando esclarecer
qué ocurre dentro del intestino largo para producir este
acortamiento de la vida. Llegó a a conclusión de
que en el intestino hay dos tipos de bacterias: las saprófitas,
que ayudan a los procesos vitales, en especial de absorción,
y las patógenas, que provocan enfermedades. De joven predominan
las saprofitas sobre las patógenas; pero a medida que envejecemos,
predominan las patógenas sobre las saprofitas. Las bacterias
patógenas generan toxinas que pasan a la sangre y envenenan
lentamente al organismo. Por ello, la vejez es, en realidad un
proceso de autointoxicación que proviene de las bacterias
patógenas del intestino.
Dada esta primera conclusión (primera teoría científica,
por errónea que sea, sobre el envejecimiento), el problema
de Metchnikoff era cómo reponer en el intestino la flora
bacteriana normal. Buscando datos, conoció el hecho de
que en Bulgaria había un número de longevos superior
a lo normal en zonas donde tomaban habitualmente leche fermentada,
que llamaban yogur. Al estudiar este alimento comprobó
que tenía numerosas bacterias vivas de un tipo muy semejante
a las bacterias saprófitas del intestino, el lactobacilus,
y que, por tanto, su ingestión normalizaba la flora intestinal,
impidiendo la autointoxicación, causa del envejecimiento.
Metchnikoff introdujo en Occidente la utilización del
yogur, que, aunque sea un alimento de extraordinario valor biológico,
no es, como él suponía, la fuente de la juventud.
Sin embargo, los estudios sobre longevidad y envejecimiento se
enfocaron ahora desde un punto de vista muy distinto, por obra
de otra personalidad de gran prestigio profesional, el frances
Brown-Sequard. Nacido en 1817, había sido profesor e investigador
en fisiología, destacando sus estudios sobre el sistema
nervioso y el papel biológico de las glándulas suprarrenales.
A los setenta años, Brown-Sequard estaba muy preocupado
de su envejecimiento, controlando periódicamente sus constantes
vitales, entre ellas la fuerza muscular mediante un dinamómetro.
Brown-Sequard partió de la suposición, antes indicada,
de que el decaimiento sexual era el inicio del decaimiento orgánico
general, y que si se revertía el primero, se obtendría
un rejuvenecimiento corporal. Para ello preparó un extracto
de testículos de cobaya que se fue inyectando subcutáneamente.
A la tercera inyección se sintió notablemente rejuvenecido;
como él mismo contó, subió las escaleras
de su laboratorio de dos en dos, y objetivó el aumento
de su fuerza muscular con su inseparable dinamómetro. Pocos
días después de completado el tratamiento, el 1
de junio de 1889, expuso su descubrimiento en una sesión
de la Societé de Biologie de Paris. Su comunicación
produjo expectación, pues fue mezcla de exposición
científica y de relato periodístico, ya que en su
declaración de rejuvenecimiento incluyó que tras
las inyecciones había podido "visitar" (delicada
forma de declaración) a su joven esposa.
Las reacciones a la declaración de Brown-Sequard fueron
de muy diverso signo; desde los partidarios, que incluso propusieron
una suscripción pública para crearle un Instituto
de Rejuvenecimiento, hasta los detractores de todo tipo, científicos
o periodistas sensacionalistas.
Sin embargo, la polémica Brown-Sequard dejó de
tener interés al aparecer otra técnica de tratamiento
del envejecimiento: la cirugía. Y el protagonista fue un
cirujano ruso, afincado en Francia: Serge Voronoff.
Serge Voronoff, de origen ruso, había tenido una vida
realmente aventurera; entre otras actividades, fue médico
personal de Abbas II, jedive de Egipto; entre sus funciones estaba
el cuidado médico de los eunucos que custodiaban los harenes.
Voronoff comprobó que la extirpación de los testículos
producía un decaimiento físico en todo comparable
al cuadro del envejecimiento. De ahí que considerara que
el transplante de un testículo funcionante podría
ser un tratamiento adecuado para el envejecimiento en general.
De vuelta a Francia, quiso poner en práctica sus ideas,
pero el problema fundamental era disponer de un donante humano.
Tras numerosos intentos (y recalcaba que sólo pedía
un testículo) se convenció de la imposibilidad de
su obtención regular, y decidió utilizar testículos
provenientes del animal más cercano al hombre: los monos
antropoides. De este modo, el 13 de junio de 1920 realizó
el primer transplante testicular del mono al hombre, y, con un
montaje publicitario espectacular, durante los dos años
siguientes realizó 162 operaciones de transplante testicular.
Pero un incidente no controlado marcó el fin del sistema:
los monos africanos de las últimas remesas, según
se comprobó posteriormente, estaban infectados de sífilis,
con lo que se transmitió la enfermedad al receptor, en
un momento en que no había tratamientos eficaces para controlar
esta enfermedad. Este hecho supuso, no sólo el descrédito
del método de Voronoff, sino el descrédito general
de todo el que hablara de tratamientos antienvejecimiento.
Hubo de pasar algún tiempo para que se pusieran en práctica
dos tratamientos nuevos para el envejecimiento, que tuvieran alguna
consideración (si no aceptación) por parte de la
medicina oficial: los del Dr. Paul Niehans y la Dra. Ana Aslan.
El Dr. Paul Niehans era un cirujano suizo que desde el inicio
de su carrera tuvo gran atracción por la cirugía
endocrina, y, por otra parte, desarrolló una línea
experimental de tratamiento mediante células vivas procedentes
de embriones de oveja. Una afortunada herencia le permitió
crear un centro para aplicar este tratamiento, la Clínica
La Prairie, en Ginebra, donde estableció la aplicación
sistemática de su técnica en muchas enfermedades,
entre ellas el proceso del envejecimiento. Su éxito con
numerosas figuras de renombre mundial, entre ellas el Papa Pio
XII, le procuraron una fama mundial, que se extendió hasta
su muerte. El Centro continúa, dirigido por sus discípulos,
a la vez que diversos laboratorios preparan extractos de células
vivas, preparados liofilizados, extractos de DNA, etc.
La Dra. Ana Aslan estudió medicina en Bucarest, y pronto
entró a trabajar en el Instituto de Reumatología
de esta ciudad. Se encargó de aplicar el tratamiento de
inyecciones intraarticulares de novocaína para las enfermedades
reumáticas, y observó que no sólo se producía
una mejoría local en la articulación afecta, sino
también una mejoría general. Por ello pidió
se le realizara una preparación farmacológica para
inyectar novocaína vía intramuscular, a la que se
denominó Gerovital. Con esta aplicación se dedicó
ya exclusivamente a los tratamientos de rejuvenecimiento, que
pronto convirtieron a Bucarest y al Centro de la Dra. Aslan en
referencia mundial, con una enorme cantidad de enfermos tratados,
o de sanos con deseo de una protección específica
antienvejecimiento.
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La estadística
sanitaria. La prevención |
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Hasta aquí hemos enumerado la sucesión histórica
de tratamientos antienvejecimiento que pueden calificarse como
de base empírica, aunque algunos de ellos hayan provocado,
con posterioridad a su implantación, un estudio sobre sus
posibles bases científicas. Metchnikoff mantenía
que el envejecimiento es una autointoxicación tratable
con bacilos similares a los saprófitos (yogur); Brown-Sequard
sugería el aporte de hormonas sexuales mediante inyección
de extractos de testículo, y Voronoff, con la misma idea
base, proponía como técnica el transplante testicular.
Niehans destacaba el papel rejuvenecedor de las células
embrionarias, y la Dra. Ana Aslan proponía la novocaína
(procaína) como fármaco fundamental en el proceso
antienvejecimiento.
Un enfoque totalmente distinto, y de un mayor rigor científico,
ha sido el proporcionado por las estadísticas sanitarias.
Estas estadísticas, promovidas por los Ministerios o Departamentos
de Salud de distintos países, o, en muchas ocasiones, por
compañías de seguros, analizan cuidadosamente tanto
los estilos de vida como las causas de muerte individuales, relacionándolas
con la edad en que ésta se produce, y obteniendo resultados
estadísticos de aplicación general. Es decir, que
demuestran objetivamente cuales son los estilos de vida insanos,
que conducen a un acortamiento de la longitud de vida.
Según ellas, pueden agruparse distintas causas de acortamiento
de vida.
Unas veces son determinadas enfermedades: diabetes, hipertensión.
Otras son estilos de vida que conducen a consecuencias patológicas.
Son, en especial, la obesidad y la falta de ejercicio físico.
Importa también la situación de la vivienda: ciudad,
zona residencial, campo abierto. Igualmente la ingestión
de tóxicos: papel del tabaco y del alcohol. Y por supuesto
el de las drogas. Se destaca la importancia del estrés
como factor de acortamiento vital, así como la correcta
integración familiar y social, y el papel de la postura
personal ante la vida (motivación, creencias, religión,
etc).
Todo ello destaca que los estudios de medicina preventiva nos
pueden indicar, claramente, cuales son los factores de todo tipo
que acortan la vida, y, como consecuencia, podemos plantear que
los estilos de vida opuestos son los que conducen a vivir una
vida larga y sana.
Este planteamiento, que podemos denominar preventivo lo podemos
resumir en una fórmula:
Para tener una vida larga y sana,
en vez de buscar cosas que alarguen la vida,
quitemos las cosas que acortan la vida
Importa, por ello, identificar y adoptar hábitos de salud:
revisiones periódicas, control de la alimentación,
práctica del ejercicio físico, practicar técnicas
de relajación, tener una motivación personal para
una vida larga y activa.
Este planteamiento, de base científica, y de lógica
aplicación, ha tenido, sin embargo, un importante cambio
en los años recientes por una nueva circunstancia: el estudio
y demostración de los principales factores del envejecimiento,
y su control mediante las técnicas antienvejecimiento.
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Conocimiento
científico del proceso del envejecimiento |
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El estudio científico
del proceso del envejecimiento ha sufrido un cambio fundamental:
el conocimiento de los principales factores que lo provocan. Y entre
ellos destacan dos: los radicales libres, y la disminución
de la secreción y la actuación de las hormonas en
el organismo humano.
Esto hace que, conociendo los factores causantes del envejecimiento,
dispongamos ya de técnicas adecuadas para disminuir su efecto.
Frente a los radicales libres, los antioxidantes, y en relación
al decaimiento hormonal, el tratamiento hormonal sustitutivo. Basando
siempre su aplicación en los análisis de laboratorio
que cuantifican, para cada persona, los productos y dosis necesarias,
y las actividades físicas y mentales convenientes para conservar
el estado normal de salud y bienestar y revertir, en lo posible,
los efectos del antienvejecimiento.
Es importante añadir que la medicina antienvejecimiento se
ha visto muy apoyada por los avances de la medicina y la cirugía
estética, de modo que los avances biológicos conseguidos
se vean reforzados por la mejora de la imagen corporal, tan importante
para la propia conciencia de bienestar.
De este modo, frente al tratamiento preventivo, la llamada medicina
antienvejecimiento propugna un tratamiento activo, dinámico,
operativo, que nos permita lograr vivir una vida larga y sana. Podemos
definirla como: la medicina antienvejecimiento es un sistema integral,
preventivo y curativo, que a partir del estudio del envejecimiento
natural, descarta los factores perjudiciales que producen un envejecimiento
prematuro, proponiendo un sistema de vida de promoción de
la salud, aplicando técnicas correctoras de los signos estéticos
y orgánicos de decaimiento corporal.
Estamos, realmente, ante el nacimiento de una nueva especialidad
médica. La OMS propone a la medicina tres tareas: tratar
la enfermedad, prevenirla y promover la salud. Con una visión
histórica, podemos apreciar cuántos son los logros
de la medicina en los dos primeros campos. Ahora parece llegado
el momento en que la medicina aplique sus conocimientos y sus técnicas
a ayudar a llevar una vida larga y sana, gracias al apoyo de la
medicina antienvejecimiento. |
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BIBLIOGRAFIA |
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- Aslan: Contre la viellesse. Les Editions Nagel, Genève,
1985.
- García Ballester, L: Galeno. Madrid, 1972.
- Gruman G: A history of ideas about the prolongation of life.
Transaction of the American Philosophical Society, vol 56, 1966.
- Laín Entralgo, P: Historia de la Medicina. Salvat.
Barceola, 1982.
- López Piñero, J.M.: La medicina en la historia.
Madrid, 2002.
- Metchnikoff: The prolongation of life. Heinemann, Londres,
1907.
- Niehans P: Therapeutique cellulaire. Payot, Lausana, 1952.
- Trimmer EJ: Rejuvenation: a history of the idea. Version española:
Rejuvenecimiento. La historia de una idea. Plaza& Janes,
Barcelona, 1967.
- Voronoff S: Testicular grafting from ape to man. Brentano.
Londres, 1927.
- Niehans P: Therapeutique cellulaire. Payot, Lausana, 1952.
- Zaragoza JR: Una vida larga y sana. Planeta. Barcelona, 1990.
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