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Sumario
Nº 16 >
Medicina Antienvejecimiento
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Ejercicio físico y "Edad Biológica"
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Prof.
Jaime Miquel
Profesor del Departamento de Biotecnología de la Universidad de
Alicante
Ex-Jefe de la División de Patología Experimental de la NASA
Cortesía: Revista SEMAL (Nº1; 24-28)
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Introducción |
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El ejercicio preserva algo de nuestro vigor
juvenil, incluso en la vejez. Cicerón.
Según Bortz (1), prestigioso investigador de las relaciones
entre ejercicio, salud y envejecimiento, un estudio realizado
por la American Cancer Society en aproximadamente un millón
de personas (4.600 de las cuales tenían una edad superior
a los 85 años) mostró que la práctica del
ejercicio físico tiene un efecto positivo sobre la longevidad.
También resume Bortz otras investigaciones realizadas en
Holanda y en Finlandia que confirman los efectos beneficiosos
del ejercicio físico no sólo sobre la longevidad
sino sobre las expectativas de la calidad de vida (esperanza de
vida activa). Esta esperanza de longevidad con preservación
funcional disminuye con la edad, y así en los Estados Unidos,
mientras a los 70 años las personas tienen un 60% de esperanza
de vida activa sobre la expectativa de vida total (de unos 20
años), este porcentaje de supervivencia con buena calidad
de vida se reduce al 40% a los 85 años (o sea aproximadamente
3 años con buena salud, que es menos de la mitad de los
7 años de supervivencia probable). Puesto que existen numerosos
estudios confirmando los efectos beneficiosos del ejercicio físico
(como preservación del peso corporal óptimo y de
niveles de tensión sanguínea normales, menor involución
de las funciones respiratoria y circulatoria, prevención
de la pérdida excesiva de masa muscular y densidad ósea,
etc.), Bortz concluye que la práctica de programas de ejercicio
aumenta las probabilidades de preservar la calidad de vida de
las personas mayores.
También comenta Rosenfeld (2) que el vigor, la resistencia,
la agilidad y la capacidad aeróbica y cardíaca se
mantienen a un nivel más alto en los sujetos que hacen
ejercicio que en los inactivos. También observa este autor
que el ejercicio mantiene niveles más normales de la tensión
sanguínea, la glucemia y el colesterol. Estos efectos positivos
del ejercicio también se confirman en los estudios sobre
las poblaciones mas longevas del mundo cuyos vigorosos ancianos,
además de comer frugalmente (sin presentar síntomas
de desnutrición), se mantienen físicamente activos
a lo largo de sus vidas (2).
Según expondremos a continuación, numerosos estudios
apoyan la hipótesis de que las personas activas fisicamente
mantienen algunos parámetros de edad biológica (o
funcional) a un nivel más juvenil que el que muestran las
personas excesivamente sedentarias. Antes definiremos los conceptos
de edad biológica y biomarcadores de envejecimiento, que
ya han demostrado su utilidad en la radiobiología, la gerontología
y los estudios de la NASA que sugieren que los astronautas pueden
sufrir un "envejecimiento prematuro" a causa de la exposición
a la ingravidez durante el vuelo espacial.
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Concepto
de Edad Biológica y Biomarcadores |
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Es bien sabido que la desorganización molecular y celular
y el descenso del rendimiento fisiológico que acompañan
al envejecimiento no proceden al mismo ritmo en todos los miembros
de una población de la misma edad cronológica (3-6).
Esto justifica la introducción del concepto de edad biológica
(o funcional) así como el uso de biomarcadores o parámetros
cuya determinación revela el grado de senescencia que ha
sufrido el sujeto investigado. De este modo se pueden valorar
los efectos sobre el envejecimiento de los diversos estilos de
vida así como el grado de pérdida funcional sufrido
por los sistemas fisiológicos de cada sujeto, con el objeto
de aplicar tratamientos individualizados de medicina geriátrica
preventiva (7,8).
Puesto que el paso del tiempo se asocia con una gran variedad
de alteraciones a todos los niveles de organización biológica,
no es dificil seleccionar una serie de parámetros bioquímicos,
fisiológicos y psicológicos que cambian con la edad
y que pueden ser sometidos a análisis estadísticos
para poner de manifiesto las relaciones entre edad biológica,
edad cronológica, pérdida de salud y expectativas
de longevidad. La investigación más exhaustiva es
la de Borkan y Norris (4), realizada en mas de mil varones participantes
en el estudio longitudinal del envejecimiento humano del Centro
Gerontológico de Baltimore. Este estudio sugiere que no
es correcto definir la edad biológica integrada, pues,
en lugar de una sola edad biológica, los datos sugieren
que un sujeto tiene varias edades biológicas, una diferente
para cada sistema fisiológico, ya que se puede ser biológicamente
más viejo en unos sistemas que en otros.
El análisis retrospectivo de los datos de Baltimore también
reveló que los sujetos que presentaban cierto número
de parámetros "más envejecidos" que los
de la mayoría de las personas de su misma edad cronológica
tendían a morir prematuramente. Concretamente, según
el estudio de Borkan y Norris, los siguientes parámetros
presentaban diferencias significativas entre los sujetos longevos
y los que morían prematuramente: función respiratoria,
tensión arterial sistólica, y tiempos de reacción.
Según hemos comentado anteriormente (7), "Los interesantes
resultados obtenidos en la investigación de Baltimore sugieren
que ya es posible realizar una medicina geriátrica preventiva
basada en la detección de los parámetros anormalmente
envejecidos (factores de riesgo) y la pronta instauración
de medidas destinadas a frenar la involución de los sistemas
que en cada persona constituyen su talón de Aquiles"
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Efectos
beneficiosos del ejercicio físico sobre los parámetros
de la Edad Biológica |
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Una revisión de la bibliografía sugiere que el
ejercicio físico frena la pérdida de función
que muestran con el paso del tiempo los antes mencionados parámetros
de edad biológica, según resumiremos a continuación.
En cuánto a la función respiratoria, el ejercicio
mejora la ventilación pulmonar y la potencia inspiración-espiración
(9). El ejercicio también contribuye a "mantenerse
en forma", lo que incluye un efecto favorable sobre "la
capacidad de reacción ante un estímulo, o tiempo
que se tarda en reaccionar" (9). Además, según
datos revisados por Marcos Becerro (10), el ejercicio tiene efectos
beneficiosos sobre otro importante biomarcador de envejecimiento
prematuro, o sea la hipertensión, y más concretamente
(10): "En cuanto a la acción del ejercicio crónico,
es decir, el que se lleva a cabo tras la repetición de
numerosas sesiones de entrenamiento, sobre la hipertensión
arterial, se han publicado un ingente número de trabajos,
la mayor parte de los cuales evidencian una disminución
más o menos acusada de los dos componentes (sistólico
y diastólico) de las cifras tensionales". Similarmente
comenta Hagberg (11) que dos tercios de las personas que padecen
hipertensión sistólica y realizan ejercicio físico
muestran un descenso del 7% del valor tensional, de modo que la
actividad física puede estár indicada para tratar
la hipertensión de las personas mayores, de acuerdo con
el clásico estudio de Tipton (12).
Además de los efectos antes mencionados sobre los más
importantes biomarcadores que predicen la duración de la
vida, el ejercicio también preserva otros parámetros
de edad biológica que ejercen un marcado efecto sobre la
longevidad activa y calidad de vida en general de las personas
mayores. Entre estos efectos favorables destaca la preservación
de la masa y fuerza muscular, que declinan con el paso del tiempo
a causa de la atrofia progresiva ligada al envejecimiento celular
de las células terminalmente diferenciadas (13, 14) y de
la atrofia por desuso, que muestran los sujetos sedentarios. En
su excelente monografía, Gutmann y Hanzlíková
(15) resumen los efectos beneficiosos del ejercicio sobre la pérdida
de rendimiento muscular que ocurre con el paso de los años
con este comentario: "Los musculos entrenados muestran los
efectos de la activación neuronal, lo cual lleva a un proceso
de recuperación más rápido y a una mejor
cordinación de los grupos musculares." Además,
éstos autores también comentan sobre la acción
protectora contra la atrofia por desuso de la que se benefician
los músculos que mantienen una constante actividad funcional:
"Los músculos forzados a una actividad rítmica
en el proceso respiratorio no muestran el marcado descenso en
la síntesis de mediadores ni en la velocidad de contracción".
La importancia de evitar la atrofia por desuso también
se confirma por las investigaciones de la NASA sobre el "envejecimiento
prematuro" del sistema músculo-esquelético
en los vuelos espaciales (Miquel y Souza, 16). El dato más
interesante es la pérdida de calcio en los huesos de los
astronautas, que, debido a la falta de estímulo trófico
ligada a la ingravidez que se da en los vehículos espaciales,
sufren un proceso similar a la osteoporosis de muchas personas
de edad avanzada (17). Para prevenir este envejecimiento precoz
de sus huesos, los astronautas americanos y los cosmonautas rusos
realizan ejercicios físicos como pedalear en bicicleta
fija durante sus viajes espaciales. Esta simple medida preventiva
ha demostrado una mayor eficacia para combatir el problema de
la osteoporosis precoz que los tratamientos farmacológicos
(17).
Otras funciones que declinan con el envejecimiento y pueden mejorar
como resultado del ejercicio físico son las ligadas a una
buena salud mental (Oña Sicilia, 18; Blain et al., 19)
y a la función inmune, cuya eficacia tiene una marcada
relación con las expectativas de longevidad (De la Fuente
y cols., 20; De la Fuente y Miquel, 21).
Merecen especial mención los efectos del ejercicio sobre
una de las mas importantes causas de mortalidad prematura en los
paises industrializados, o sea la enfermedad coronaria (22). De
acuerdo con la mencionada acción favorable del ejercicio
sobre la tensión arterial, y con los estudios de Morris
(resumidos en la ref. 23), comparando la incidencia de la enfermedad
coronaria en conductores y cobradores de los autobuses de Londres,
así como en carteros y funcionarios de trabajo sedentario,
se acepta que el ejercicio "moderadamente vigoroso"
o "vigoroso" protege contra dicha enfermedad en sujetos
de edad comprendida entre los 35 y los 64 años. La revisión
de Paffenbarger et al., (23) concluye que un gran número
de estudios recientes, realizados en hombres y mujeres de diferentes
grupos raciales y profesionales, confirman que el ejercicio protege
contra la patología coronaria y previene la mortalidad
prematura.
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Conclusiones:
El ejercicio como factor clave de un estilo de vida conducente a
una mayor longevidad |
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La bibliografía revisada apoya la opinión de que
la práctica regular del ejercicio físico contribuye
a conseguir una longevidad más activa y con mejor calidad
de vida. Así, concluyen Gutmann y Hanzlíkova (15):
"Está demostrado que el deterioro funcional que ocurre
al envejecer puede retrasarse en las personas habitualmente activas.
La actividad física contribuye a conseguir un 'envejecimiento
con éxito', es decir un proceso de envejecimiento en el
que la capacidad funcional se mantiene y utiliza más eficientemente
que en las personas inactivas. Experimentos en animales y estudios
longitudinales y transversales en sujetos humanos probablemente
prueben en el futuro que el ejercicio físico lleva tanto
a un aumento de la longevidad (dentro de los límites genéticos)
como a un descenso del ritmo del envejecimiento". También
comenta Zaragoza (9): "Es muy importante el efecto del ejercicio
sobre la salud y los hábitos de vida. Su práctica
habitual disminuye la incidencia de enfermedades, mejora el rendimiento
en el trabajo, disminuye la tensión y el estrés,
proporciona reposo y sueño más satisfactorios y
en conjunto da la sensación subjetiva (que se apoya en
todos los datos objetivos enumerados) de que se goza y disfruta
de mejor estado de salud". Y, en conclusión, comenta
el ya mencionado Bortz (1): "Para mi el ejercicio es esencial
para vivir la vida plenamente".
Como complemento a la labor de los expertos en medicina del deporte
(interesados en contribuir a la obtención del máximo
rendimiento con preservación de la salud), muchos cardiólogos,
gerontólogos y especialistas en medicina preventiva estudian
el papel del ejercicio físico como uno de los ingredientes
esenciales de un estilo de vida que retrasa o mejora las consecuencias
del envejecimiento. Este concepto está de acuerdo con los
datos de Paffenbarger y cols. (24) sobre el efecto de cambios
en el estilo de vida de 10.269 ex-alumnos de la Universidad de
Harvard, de edades comprendidas entre los 45 a los 84 años
al iniciarse el estudio en 1977. Se demostró que la disminución
del riesgo de mortalidad asociada con la mejora de dos factores
clave del estilo de vida en el período de estudio (1977-1985)
era la siguiente: abandono del tabaquismo: 41%; práctica
de una actividad deportiva relativamente vigorosa (de una intensidad
igual o mayor que 4.5 equivalentes metabólicos): 23%.
Otro factor esencial de un estilo de vida para conseguir una longevidad
con salud es una nutrición adecuada que, junto con el ejercicio,
contribuye a preservar las funciones del sistema inmunológico
(De la Fuente 25; Miquel y González-Gross, 26). El ejercicio
también puede frenar el envejecimiento a través
de sus efectos sobre el peso corporal. Según comentan Skelton
y Skelton (27): "A través de miles de años
de ayuno y escasa nutrición, el cuerpo humano se ha adaptado
para almacenar nutrientes escasos. Hoy, particularmente en los
Estados Unidos y Canadá, la combinación del sedentarismo
y de un consumo excesivo de calorías impone una doble carga
a un sistema fisiológico mal equipado para hacerle frente.
Incapaz de librarse del exceso de calorías, la única
defensa del cuerpo es almacenarlas. El resultado final es la obesidad,
con todas sus consecuencias nocivas para la salud y la longevidad".
En síntesis, según Fraser y Shavlik (28), una diferencia
de diez años en las expectativas de vida a la edad de 30
años está probablemente ligada a un estilo de vida
que incluye el ejercicio físico (junto a una nutrición
adecuada, no fumar y el control del peso corporal).
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Resumen |
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Una revisión
crítica de la bibliografía apoya el concepto de que
el ejercicio físico es un factor clave de un estilo de vida
que tiene un efecto beneficioso sobre la longevidad funcional, previniendo
algunas enfermedades degenerativas ligadas al envejecimiento. Más
concretamente los datos sugieren que la práctica regular
del ejercicio tiene un efecto "rejuvenecedor" sobre la
edad biológica, que predice más exactamente la probable
longevidad con preservación de las funciones fisiológicas
(y consiguiente calidad de vida) que la edad cronológica.
La acción "anti-envejecimiento" se observa sobre
todo en la influencia del ejercicio sobre los cambios ligados al
paso del tiempo en el rendimiento cardio-respiratorio y tensión
arterial sistólica, parámetros que, según los
estudios sobre edad biológica realizados por el National
Institute on Aging de los Estados Unidos en el Centro Gerontológico
de Baltimore, tienen un gran poder predictivo en cuanto a las expectativas
de vida de los sujetos investigados.
La acción frenadora del ejercicio físico sobre otros
procesos degenerativos asociados con el envejecimiento (e incluso
con la ingravidez de los astronauatas en los viajes espaciales),
como son la osteoporosis y la disminución de la masa y fuerza
muscular, también puede contribuir sustancialmente a la preservación
de una edad biológica "más juvenil", con
el consiguiente ahorro de gastos sanitarios y una mejor calidad
de vida en las edades cronológicas madura y avanzada. |
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Bibliografía |
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