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Investigadores del "M.D. Anderson Cancer
Center" de la Universidad de Texas, han diseñado una
estrategia para tratar la obesidad mediante la "liposucción
molecular". El tratamiento destruye los vasos sanguíneos
destinados a la acumulación de grasa, produciendo una disminución
y hasta una desaparición rápida de la misma.
En el estudio, publicado en el número de junio de Nature
Medicine, se ha comprobado que, tras unas semanas de tratamiento
mediante un fármaco experimental, se restauró el
peso normal de un ratón que había duplicado su tamaño
comiendo una dieta "de cafetería" alta en grasas.
Aunque el trabajo sólo se ha realizado en animales, los
autores indican que algún día podrá conducir
al desarrollo de terapias "blanco" dirigidas a tratar
la obesidad humana, factor de riesgo para numerosas enfermedades
como cáncer, diabetes y afecciones cardiovasculares. "Cuando
se inyecta nuestro fármaco a un ratón, se promueve
la muerte de los vasos sanguíneos asociados con el tejido
graso, que entonces se reabsorbe y metaboliza", indica Wadih
Arap M.D., PhD, profesor de Medicina y Biología de Cáncer
en el M.D. Anderson.
"Anuque sólo una pequeña parte de lo que hemos
encontrado en ratones se aplicará en biología humana,
podemos afirmar que en breve, podrá haber un nuevo enfoque
para corregir la obesidad", dice Renata Pasqualini, PhD.,
coodirectora del estudio.
Según indica Mikhail Kolonin, "la mayoría
de los tratamientos antiobesidad implican esfuerzos para evitar
una nueva acumulación de grasas, mientras que nuestro enfoque
muestra, en modelos animales, que podemos eliminar grasa ya formada
mediante un método no quirúrgico, la liposucción
molecular".
Mas aún, el estudio es una prueba adicional del concepto
de "códigos comprimidos" vasculares, concepto
pionero de Arap/Pasqualini. Los vasos sanguíneos no son
sólo una "tubería" uniforme y ubícua
que se extiende por todo el cuerpo, sino que son diferentes según
el tipo de órganos o de tejidos a los que están
nutriendo, dicen los investigadores. Su idea es: si podemos localizar
las moléculas características que definen cada tipo
distinto de vaso sanguíneo, ciertos fármacos podrán
ser dirigidos a estas "localizaciones" para tratar las
enfermedades asociadas.
Los vasos sanguíneos que nutren el tejido adiposo que
contienen células grasas, son un ejemplo de este tipo distinto
de vascularización. "El tejido adiposo blanco es único
porque se parece a un tumor por su capacidad de expandirse rápidamente",
dice Kolonin. "Debido a esta rápida expansión
debe haber una producción muy activa de vasos sanguíneos
que proporcione oxígeno y, de hecho, cada célula
grasa individual esta rodeada de capilares".
Debido a tal potencial de actividad biológica, se necesita
una vasta red de vasos sanguíneos para proporcionar oxígeno
a estas células -muchos más vasos sanguíneos
de los que se necesitan para irrigar otros tejidos normales. En
efecto, una libra de grasa contiene una milla de vasos sanguíneos
según la estimacion realizada por el Profesor Judah Folkman
M.D., primer investigador que destacó el concepto de que
la masa del tejido adiposo se puede controlar por angiogénesis
(el proceso de formación de nuevos vasos a partir de los
existentes).
Partiendo de la idea de que los vasos sanguíneos que nutren
el tejido adiposo son diferentes de otros tipos de vasos, los
investigadores se dedicaron a localizar una proteína marcadora
o "dirección de código comprimido" que
podría identificar estos vasos concretos.
Esto lo realizaron utilizando una técnica de screening
denominada "phage display library" desarrrollada por
el grupo. Este método usa billones de particulares virales,
cada una de las cuales porta un péptido diferente en su
superficie externa. En este estudio los investigadores inyectaron
este virus genéticamente modificado en ratones obesos,
esperando que algunos péptidos enlazaran sobre los receptores
de proteínas que sólo se encuentran en la capa interna
de los vasos sanguíneos del tejido adiposo. El proceso
era laborioso pero después de años de investigación
encontraron un receptor que parece estar sobreexpresado en los
vasos sanguíneos que irrigan el tejido graso, el tipo de
tejido adiposo que es problemático en la obesidad.
Pudieron identificar el receptor "prohibitina", una
tipo de molécula que se sabe que regula la supervivencia
y el crecimiento.
"Se ha demostrado la expresión de la prohibitina
en organelas intracelulares tales como la mitocondria y el núcleo,
pero su presencia y función en la superficie celular de
los vasos sanguíneos asociados con el tejido graso blanco,
aún no se ha explorado "dice Arap. "No sabemos
que está haciendo ahí la prohibitina pero sabemos
que esta proteína no se encuentra normalmente en los vasos
sanguíneos de otros tejidos".
Una vez localizado el receptor específico del tejido graso
blanco, los investigadores diseñaron un fármaco.
Crearon un ligando sintético -una secuencia de aminoácidos
que enlazaría en el receptor de prohibitina, como una llave
en una cerradura- y lo fusionaron a un fármaco en forma
de "sacacorcho" que podía inducir a la célula
a su autodestrucción. "Hemos demostrado previamente
que este fármaco puede estar dirigido a las células
vasculares de los tumores de la próstata en el ratón,
consiguiendo la reabsorción de estos tejidos debido al
déficit de oxígeno producido" dice Pascualini.
"El ligando -el sistema guía- conduce el fármaco
al receptor de prohibitina, donde enlaza, y entonces se introduce
en las células de los vasos sanguíneos" -dice
Pasqualini- "y así destruye selectivamente estos vasos".
En una serie de experimentos, los investigadores encontraron
que un mes de tratamiento en ratones muy obesos, fue suficiente
para restablecer el peso normal del animal. Ninguno de los ratones
utilizados en el experimento terapéutico fue alterado genéticamente,
o predispuesto a la obesidad antes del tratamiento; ganaron peso
porque ingirieron una dieta alta en grasas.
Los autores realizaron experimentos adicionales para comprobar
que los ratones no estaban perdiendo peso por una malabsorción
de nutrientes o por supresión del apetito. Comprobaron
que no había efectos tóxicos colaterales al tratamiento,
y que la estructura del receptor de prohibitina es similar a la
molécula encontrada en el ratón.
Pero los autores indican que se precisan estudios ulteriores,
en especial para asegurar que un fármaco que enlace con
los receptores de prohibitina no dañará otros tejidos
vitales o sistemas vasculares en el contexto de las enfermedades
humanas, y por ello, aún queda mucho que aprender.
"La rápida pérdida de grasa corporal en los
animales se suele asociar con efectos indeseables, como acumulación
de grasa en hígado y en sangre" -dice Chan, Profesor
de Medicina y de Biología Molecular y Celular en el Baylor
College of Medicine- "así que tuvimos una agradable
sorpresa al ver que el tratamiento revierte completamente la obesidad
sin producir ninguna de sus complicaciones".
El estudio ha sido financiado por el National Institutes of Health,
así como numerosas colaboraciones de fundaciones. Pasqualini
y Arap indican que están planeando un ensayo en primates
obesos como punto de partida para una valoración posterior
y punto de partida para ensayos en pacientes.
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