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Sumario
Nº 18 >
Medicina Antienvejecimiento
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Aeroiones negativos y prevención del envejecimiento
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Prof.
Juan R. Zaragoza, Prof. Mª Carmen San José
Universidad de Sevilla
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Indroducción |
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Entre los medios físicos que pueden contribuir a la prevención
del envejecimiento, uno de los más interesantes son los
aeroiones negativos. Vamos a repasar, por un lado, los datos empíricos
disponibles, y, por otro, las evidencias científicas obtenidas
en los trabajos realizados en nuestra Área de Radiología
y Medicina Física, que avalan este punto de vista.
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Los aeroiones
negativos |
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Existen desde siempre observaciones de que, en ciertos lugares
y en ciertas épocas o momentos, el aire atmosférico
tiene un comportamiento que podríamos denominar agresivo,
mientras que en otros lugares y ocasiones su actuación
es sedante, beneficiosa y grata.
Ejemplos del comportamiento agresivo son ciertos vientos: el fohen
en los Alpes; el sharav en Israel; la tramontana en Cataluña,
y los vientos procedentes de tierra (levante o poniente según
las costas).
En su presencia hay transtornos corporales: malestar generalizado,
hipertensión, cefaleas, nerviosismo, transtornos del sueño,
etc.
Por el contrario, en ciertos lugares la atmósfera proporciona
una sensación placentera: las altas montañas, las
costas, sobre todo con zona de rompeolas; y los bosques.
Fue el ruso Chijewsky quien sentó las bases fisiológicas
de estas actuaciones, al formular la teoría de los aeroiones.
La mayoría de las moléculas del aire son neutras.
Sin embargo, algunas de ellas están cargadas positiva o
negativamente. De sus estudios se dedujo (y las cifras se mantienen)
que el número de moléculas cargadas en el aire es
de sólo 4.000 a 5.000 por c.c., y la proporción
de cargas es de 5 moléculas positivas por cada 4 negativas.
La causa de esta desproporción es la ligera carga negativa
de la Tierra, que atrae (débilmente) las cargas positivas
y rechaza (débilmente) las negativas.
Es interesante indicar que los aeroiones tienen una vida breve.
Los iones negativos se forman por la acción de la radiación
solar, y, sobre todo, por la función clorofílica
de las plantas, que liberan O2.
También lo hacen por la pulverización de gotas de
agua, quedando las de menor tamaño con carga negativa.
Los iones positivos se forman sobre todo por mecanismos de fricción
(roce del viento con las montañas o con los desiertos).
Esta es la situación de las cargas eléctricas en
la naturaleza libre. Pero desde hace unos 150 años, en
los países desarrollados se vive masivamente en las ciudades.
Y en ellas la situación varía. Por una parte, en
ellas disminuyen enormemente los mecanismos de producción
de aeroiones (no hay parques naturales extensos). Por otra, la
polución atmosférica (calefacción, humos
industriales y de los automóviles) acerca y neutraliza
las cargas de distinto signo. Además, tanto en la calle
como en espacios cerrados se producen numerosos iones positivos.
Esto hace que las dos características del aire en la ciudad
sean: la disminución general del número de iones
(bajando a 500, 200 ¡o incluso a ninguno¡ por c.c.
en caso de extremada polución), y el aumento relativo de
los aeroiones positivos respecto a los negativos.
Los efectos de los iones se pudieron sistematizar con la introducción
de la teoría del estrés de Selye. Los iones positivos
son estresantes, agresores, producen o potencian los mecanismos
del estrés. Los iones negativos, en cambio, potencian el
mecanismo de relajación. Lo cual explica debidamente sus
acciones fisiológicas, antes mencionadas.
Según Chijewsky, y según confirman los estudios
posteriores, para una vida sana y sin agresiones, debemos vivir
en una atmósfera de equilibrio iónico, como la indicada
para la atmósfera natural. El hecho de que vivamos en ciudades
nos impone, mediante los aeroiones positivos en exceso vehiculados
por nuestra respiración, una constante agresión
orgánica. Por ello debemos crear en torno nuestro un ambiente
de aeroiones negativos, que se conseguirán mediante los
ionizadores negativos, unidades de bajo costo y de gran utilidad
en el mantenimiento de la salud. Decía Chijewsky que los
aeroiones negativos son "las vitaminas del aire"; quien
tiene en su dieta las vitaminas suficientes no precisa suplementarlas;
del mismo modo, quien vivie en atmósfera libre no necesita
un complemento de areoiones negativos; los necesita quien, por
vivir o trabajar en la ciudad, está carente de ellos y
sometido al influjo de los aeroiones positivos.
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Aeroiones
negativos y longevidad |
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El hecho de que la vida en el campo sea, en cuanto
a condiciones ambientales, superior a la vida en la ciudad, tiene
que ver con la actuación de los iones negativos; el hecho
de que los mayores grupos de centenarios (Abjasia, Vilcabamba,
Hunza) se den en zonas de gran altura, indica que algún
papel tienen los iones negativos en esta longevidad. Sin embargo,
la comprobación del efecto de los iones negativos sobre
la longevidad la podemos realizar por vía indirecta, basándonos
en su capacidad de bloquear el mecanismo del estrés y potenciar
el estado de relajación. Si consideramos que el estrés
es uno de los mecanismos de acortamiento de la vida, por todas
las enfermedades que de él derivan, los aeroiones negativos,
por su papel protector, constituyen un mecanismo de longevidad.
Sin embargo, aparte de esta consideración general, hay
numerosas demostraciones de este efecto. Queremos aportarles brevemente
dos, realizadas en la Facultad de Medicina de Sevilla, y que demuestran
el efecto protector de los aeroiones negativos frente al mecanismo
del estrés.
1. Efecto protector de los aeroiones
negativos sobre el síndrome de irradiación corporal
total (Trabajo realizado con la Dra. Reyes Núñez).
Definimos como dosis letal (DL 50/30) la dosis de radiación
que administrada a un grupo de animales de las mismas características,
llevará a la muerte a la mitad de ellos a los 30 días.
Esta dosis, para el ratón, está en torno a los 6
Gy.
La experiencia realizada consistió en intentar comprobar
el efecto, protector o potenciador, de los aeroiones negativos
sobre el efecto de la irradiación corporal total. Para
ello se prepararon dos grupos de 24 ratones cada uno, y se irradiaron
a una dosis supraletal DL50/30, de 15 Gy. En un grupo se realizó
la irradiación sin aeroiones, mientras que en el segundo
grupo los animales estuvieron sometidos a aeroiones negativos
antes, durante y después de la irradiación.
Durante la realización de la prueba fuimos comprobando
que las curvas de mortalidad de ambos grupos (fig 1), eran semejantes,
por lo que parecía que los aeroiones negativos no tenían
ningún papel, acelerador o protector, sobre la mortalidad
por irradiación. Sin embargo, pensamos que este hecho se
podía deber a que la dosis administrada era muy intensa,
bloqueando los posibles mecanismos antagonistas o reparadores
del efecto de la radiación.
Por ello se repitió la experiencia administrando ahora,
a cada grupo de 24 ratones, (sin y con protección de aeroiones)
una dosis de 10 Sv. Con esta dosis, se pudo ya apreciar el efecto
de los aeroiones negativos sobre la mortalidad por irradiación
total. Se distinguen dos curvas distintas (fig 2). La de los animales
irradiados sin protección de aeroiones, es ahora de menor
pendiente, pero apreciándose el aumento continuado de mortalidad.
En cambio, en la curva correspondiente a los animales con protección
de aeroiones negativos, se aprecia que, con un comienzo muy similar
a la anterior (hasta el día 24 post-irradiación),
se establece una meseta de supervivencia, que contrasta con la
caída continuada de la curva de animales sin protección
de aeroiones.
Con ello se demuestra claramente que los aeroiones negativos tienen
un efecto protector sobre la mortalidad por irradiación
total. Como el efecto de la radiación se debe a la producción
de radicales libres (similar a uno de los mecanismos más
importantes del envejecimiento), se deduce el efecto protector
generalizado que los aeroiones negativos presentan sobre el mecanismo
del envejecimiento.
2. Acción
preventiva de los aeroines negativos sobre los efectos de la agresividad
(Trabajo realizado con el Dr. Jesús Laviana).
Una experiencia totalmente distinta ha consistido en el estudio
del efecto de los aeroiones negativos sobre la agresividad, una
de las manifestaciones de la situación de estrés.
Existen para ello protocolos muy comprobados, ya que se utilizan
en farmacología para el estudio experimental de los medicamentos
tranquilizantes. Uno de ellos, el denominado "de la rata
asesina", fue el que utilizamos en nuestra experiencia.
La técnica consiste en aislar una rata en la oscuridad,
en condiciones de limitación de la alimentación,
pero con agua "ad libitum" durante seis días;
con ello se desarrolla en el animal un estado irreversible de
agresividad. Si al finalizar este periodo se introduce en la jaula
un ratón, la rata lo mata inmediatamente. Para considerar
positiva la prueba, la muerte se debe producir antes de 15 minutos.
Hay que hacer notar que la muerte del ratón no se realiza,
fundamentalmente, para devorarlo, sino como efecto de la agresividad
manifestada por la rata.
La demostración del efecto de los aeroiones negativos se
realiza sometiendo a su acción al animal durante los días
de encierro y de privación de alimento, y comprobando cual
es su conducta cuando se introduce un ratón en su jaula.
El estudio se realizó con 48 ratas; 24 de ellas sometidas
al test de la rata asesina, en ausencia de aeroionización
negativa, y otras 24 ratas sometidas al mismo test, pero con aeroionización
negativa durante todo este periodo. Durante la experiencia murió
un animal de cada grupo, por lo que su total se redujo a 23 animales.
La conducta muricida de los animales estudiados fue de:
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Conducta muricida
de las ratas
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Matan al ratón
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Mo matan al ratón
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| Ratas no ionizadas |
18
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5
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| Ratas ionizadas |
5
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18
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Los resultados indican claramente que en presencia de la ionizanción
negativa, la agresividad de la rata se ha reducido muy significativamente.
Hay que indicar, además, que las 5 ratas del grupo no ionizado
que no mataron al ratón, mostraron comportamientos agresivos
de grado inferior al comportamiento muricida. Las ratas sometidas
a ionizacion negativa también mostraron algún grado
de agresividad, pero muy por debajo del comportamiento muricida.
Podemos indicar, por tanto, que la aeronización negativa
ejerce un efecto moderador sobre las reacciones de agresión
que el estrés determina en el organismo, y, por tanto,
sobre el propio mecanismo del estrés.
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Conclusiones |
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Las observaciones empíricas
indican que la vida en ambientes atmosféricos con normalidad
o abundancia de aeroiones negativos es un factor protector del envejecimiento.
Los dos estudios experimentales que hemos expuesto indican, el primero,
la capacidad de los aeroiones negativos para proteger el organismo
de animales de experimentación frente al síndrome
general de radiación, originado por la liberación
masiva de radicales libres; el segundo, la capacidad de los aeroiones
negativos para disminuir o bloquear las reacciones agresivas producidas
por el estrés. De modo indirecto podemos considerar que ambos
resultados son una demostración del efecto de prevención
del envejecimiento que los aeroiones negativos realizan sobre el
organismo humano. |
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Bibliografía |
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- LATORRE E: Radiobiología médica. Editorial AC.
Madrid, 1979.
- LAVIANA J, ZARAGOZA JR: La agresividad y la aeroionización
negativa. Estudio experimental. En ZARAGOZA JR, ROMERO E (Dir):
Los iones atmosféricos negativos en la salud y en la
enfermedad. Colegio Oficial de Médicos, Sevilla, 1997,
pags 80-86.
- NUÑEZ R, ZARAGOZA JR: Efectos protectores de la ionziación
negativa sobre el síndrome de irradiación. Estudio
experimental. En ZARAGOZA JR, ROMERO E (Dir): Los iones atmosféricos
negativos en la salud y en la enfermedad. Colegio Oficial de
Médicos, Sevilla, 1997, pags 61-69.
- VALLS A, ALGARA M: Radiobiología. Ediciones Eurobbook.
Madrid, 1994.
- YARMONENKO SP: Radiobiology of Humans and Animals. Mir Publishers.
Moscow, 1988.
- ZARAGOZA JR, ROMERO E (Dir): Los iones atmosféricos
negativos en la salud y en la enfermedad. Colegio Oficial de
Médicos, Sevilla, 1997.
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