|
Las Citoquinas son pequeños fragmentos proteicos
(polipéptidos) producidos y segregados por las células. Como respuesta
a un estímulo específico, mediante la unión de la citoquina a
los receptores situados en la membrana celular, la célula se activa
e inicia diversos procesos (1).
Los factores de crecimiento forman parte del
grupo de las Citoquinas y pueden actuar de tres formas:
- Sobre las propias células que las han fabricado
(reacción autocrina).
- Sobre las células vecinas (reacción paracrina).
- Sobre las células lejanas si son absorbidas dentro de la circulación
sanguínea (1).
La mayoría de los factores de crecimiento al
contrario de lo que se creía son multifactoriales (efecto pleiotrópico)
y pueden actuar sobre diversas células de diferentes maneras teniendo
efectos positivos (activadores) o negativos (inhibidores) en función
de las células sobre las que intervienen y de otros factores (1).
Estos factores están en el interior de la célula
conectando (chocando) continuamente con la membrana celular. Cuando
encuentran el sitio donde encajar (lugar de recepción) quedan
adheridos a la membrana y la célula se estimula produciendo el
efecto deseado.
La combinación de los efectos de múltiples factores
de crecimiento sobre la epidermis y la dermis, tienen una profunda
influencia sobre la apariencia y textura de la piel (1).
El factor de crecimiento epidérmico fue el primer
polipéptido aislado y caracterizado como factor de crecimiento.
Desde 1960, los trabajos de Cohen, realizados
con extracto de la glándula submaxilar del ratón, han revolucionado
la biología de la proliferación y la queratinización del tejido
epidérmico.
Fue el mismo Cohen, en 1962, quien aisló 1 polipéptido,
que era el factor activo, y decidió llamarlo Factor de Proliferación
Epidérmico (EGF), dada su actividad aceleradora de la erupción
de los dientes, de la abertura de los ojos en ratones recién nacidos
y aceleradora de la proliferación de la epidermis, en cualquier
cultivo de células epidérmicas (8).
El EGF o FCE (Factor de Crecimiento Epidérmico),
es un componente de un complejo de elevado peso molecular, que
está formado por 2 moléculas del citado factor (cada molécula
es una cadena polipeptídica de 53 aminoácidos, de 6.045 de peso
molecular) y 2 moléculas de proteína fijadora (cada una con un
peso molecular de aproximadamente 74.000, manteniéndose unido
si el ph se sitúa entre 5 y 8 (8).
La actividad biológica que desarrolla el FCE
en el interior de las células, sólo es posible cuando la membrana
plasmática posee los adecuados receptores específicos (8).
Las técnicas analíticas inmunohistoquímicas,
han permitido localizar los receptores del FCE y debemos destacar
su presencia en la epidermis y anexos cutáneos:
- Queratinocitos basales
- Células del conducto sudoríparo ecrinos
- Células de la vaina externa de la raíz del folículo
- Sebocitos basales
En la dermis:
- Células del mioepitelio apocrino
- Células de la musculatura lisa vascular
- Células de la musculatura erectora del pelo (8)
En la epidermis existe una relación inversa
entre el número de receptores para el Factor de Crecimiento Epidérmico
y el grado de diferenciación y/o queratinización epidérmica, siendo
la capa basal la que posee el mayor número de receptores y la
capa córnea el menor (11).
La fijación del FCE al dominio extracelular
del receptor específico, provoca la activación del dominio interno
del receptor, desencadenándose una respuesta que para el queratinocito
supone una proliferación seguida de la correspondiente diferenciación
epidérmica (9).
La amplia superficie laminas (2m2)
del órgano cutáneo es el lienzo vivo, donde el tiempo va pintando
los variados cuadros del envejecimiento (10). El envejecimiento
es un proceso biológico muy complejo, que puede deberse a 2 tipos
diferentes de deterioro:
- Innato o cronológico y
- Debido a radiación solar (10)
El envejecimiento innato o cronológico, se caracteriza
por una disminución de la renovación y reparación epidérmica;
las secreciones ecrinas, apocrinas y sebáceas declinan, así como
el aporte nutritivo del aparato vascular. La capa de fibras elásticas
subepidérmicas se piede y la piel es más laxa, pierde tersura
y se forman las arrugas (10).
Cuando el envejecimiento cronológico ha afectado
la capacidad de renovación de la piel, haciéndola más delgada,
el tratamiento con FCE restaura la vitalidad cutánea, aumenta
el grosor, recupera la consistencia elástica, aumenta la afluencia
vascular, mejorando las secreciones e incrementando la tersura
y apariencia lozana de la piel. El engrosamiento nunca sobrepasa
los límites normales de la piel joven, lo que demuestra su carácter
regulador (10).
El FCE, determina el aumento de los queratinocitos
y los fibroblastos, encargados de elaborar la sustancia fundamental
y la fibras de colágeno, reticulares y elásticas que componen
el órgano cutáneo (10).
Tanto en aplicación tópica, como en administración
intravenosa de FCE, no se han evidenciado alteraciones que reflejen
en los índices hematológicos y bioquímicos, ni afecten al peso
corporal, un indicador de toxicidad, así como tampoco se evidenciaron
cambios histopatológicos de órganos (2).
En estudios para conocer la penetrabilidad del
FCE en preparaciones de uso tópico, aplicadas en piel sana de
voluntarios, aunque se emplearon concentraciones del principio
activo 10 veces superiores a las utilizadas en la administración
a pacientes, se comprobó la baja penetrabilidad del producto,
lo que contribuye a su seguridad y reduce la posibilidad de efectos
secundarios sistémicos (3).
Se ha dudado que estos factores de crecimiento
proteico pudieran alcanzar la capa de células basales para producir
un incremento de las mitosis y, por lo tanto, replicación (5).
En vista de todo esto, nos preguntamos ¿por
qué no la Mesoterpia para el tratamiento facial con FCE, que nos
permitiría evitar la barrera córnea cutánea, practicamente sin
receptores para este factor y llegar mejor a las células diana,
que son los queratinocitos de la basal y los fibroblastos?.
La mesoterapia se entiende como múltiples microinyecciones
efectuadas en la zona afectada, a menos de 4 mm de profundidad.
Desde el punto de vista de la técnica mesoterápica es muy importante
tener en cuenta dos consideraciones:
|