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Sumario
Nº 3
> Obesidad
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Bases genético-moleculares en el desarrollo de
la obesidad
(1ª Parte)
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Andreu Palou, Catalina
Picó, Pilar Roca, Juana Sánchez, Sergio Rodríguez-Cuenca
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Correspondencia |
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Departament de Biologia Fonamental i Ciéncies
de la Salut
Universitat de les Illes Balears
Campus UIB, Edifici Guillem Colom
Ctra. de Valldemossa Km. 7,5
07071 - Palma de Mallorca (España)
Fax: 971 173184
E-mail: dbfapoo@ps.uib.es
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RESUMEN |
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En los últimos años la apariencia estética,
el hecho de que la delgadez sea considerada como el ideal de belleza
hace que la obesidad se considere no sólo como un problema de
salud sino como una complicación de tipo social.
Sin embargo la sociedad actual vive en un entorno
en el que se promueve una ingesta excesiva y poco ejercicio físico,
hechos que favorecen el sobrepeso.
Aparte de los factores ambientales existen factores
de tipo individual que hacen que varíe la respuesta de cada individuo
frente a la dieta. Además, hay que tener en cuenta que la obesidad
es una patología de tipo multifactorial, es decir, en la patogénesis
de la obesidad existen multitud de mecanismos implicados y a la
vez interrelacionados.
En los últimos años ha habido un gran avance
en el conocimiento científico de las bases genético-moleculares
de la obesidad, así como de los perfiles hormonales que contribuyen
a la acumulación y distribución de grasa; lo que permite empezar
a conocer los mecanismos que regulan el peso corporal como la
adipogénesis, la regulación del comportamiento alimentario, la
termogénesis y la lipólisis, todos ellos factores considerados
en la presente revisión.
Palabras
claves:
Obesidad, adipogénesis, termogénesis, comportamiento alimentario,
lipólisis, dimorfismo sexual.
Abreviaturas:
Beta3AR (Receptor Beta3-adrenérgico); Beta2AR
(Receptor Beta2-adrenérgico); UCP1 (Proteína desacoplante 1);
UCP2 (Proteína desacoplante 2); UCP3 (Proteína desacoplante 3);
PKA (Proteína quinasa A); LPL (Lipoproteína lipasa); PPARgamma2
(Receptor activador de la proliferación de los peroxisomas gamma2);
pRB (Proteína del retinoblastoma); C/EBPs (Proteínas de unión
a los activadores CCAAT (alfa, beta, gamma); TNFalfa
(Factor alfa de necrosis tumoral); NPY (Neuropéptido Y);
MCH (Hormona concentradora de melanina); Lep, Ob (Leptina, proteína
OB); POMC (Pro-opiomelanocortina); alfaMSH (Hormona estimuladora
de los melanocitos alfa; TRH (Hormona liberadora de tirotropina);
CRH (Hormona liberadora de corticotropina). LSH (Lipasa sensible
a hormonas).
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EL PROBLEMA DE LA OBESIDAD |
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En los Estados Unidos y en otras sociedades
occidentales desarrolladas existe un continuado aumento de la
incidencia de personas con sobrepeso y obesidad, lo que confiere
al problema verdaderas características epidémicas (1,3). Además
si tenemos en cuenta que la mayoría de países se van industrializando
y modernizando, la obesidad puede llegar a convertirse en el principal
problema de salud del siglo XXI (1,41). En Europa, los porcentajes
de obesidad en adultos oscilan alrededor del 10-15% (hombres)
y el 15-20% (mujeres).
Patologías
asociadas a la obesidad
La obesidad se asocia a importantes problemas de salud (3-6) como
la diabetes mellitus no dependiente de insulina, la hipertensión,
enfermedades coronarias, diversos tipos de cáncer y otras alteraciones,
aparte de representar un problema desde el punto de vista de los
costes económicos y de los problemas y complicaciones de tipo
social, estético y psiquiátrico que origina.
El riesgo de complicaciones médicas en la obesidad
no depende solamente del grado de obesidad sino que está más directamente
relacionado con la localización abdominal del exceso de grasa
(7,8). La acumulación de tejido adiposo en la región intraabdominal,
representa el 21% del total de la masa grasa en el hombre y sólo
el 8 % en mujeres (9-11) y cursa como uno de los factores de riesgo
más importantes para enfermedades asociadas a la obesidad (12).
Los adipocitos de la grasa visceral tienen una mayor tasa lipolítica
y de recambio lipídico que los de los depósitos subcutáneos (13),
lo que supone una mayor producción de ácidos grasos y derivados,
hormonas y factores de crecimiento (TNFalfa) por el adipocito
maduro, que se han asociado con el desencadenamiento de las principales
complicaciones médicas de la obesidad. En la actualidad, numerosos
datos clínicos y experimentales de que disponemos permiten aseverar
que las hormonas sexuales, factores que también pueden ser sintetizados
localmente en los depósitos adiposos (14), juegan un papel importante
en el control de metabolismo lipídico así como en la localización
de los depósitos adiposos.
Así las mujeres tienen más grasa corporal que
los hombres para un mismo BMI o IMC (Body Mass Index o índice
de masa corporal) (15). Los depósitos de las mujeres constituyen
el 40% del total del peso corporal en comparación con el 28% de
los hombres (16). Además, la distribución regional de los tejidos
adiposos difiere claramente en los patrones de acumulación lipídica
conocidos como androide y ginoide (17) -ver figura 1-. Las mujeres
premenopáusicas presentan depósitos de grasa localizados principalmente
en muslos, caderas y pechos (de naturaleza subcutánea), por el
contrario en los hombres, los depósitos adiposos se sitúan preferentemente
en las regiones subcutáneo-abdominales y viscerales.
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Figura
1. Representación del perfl corporal característico de mujeres
y hombres. En mujeres, los mayores depósitos adiposos se
localizan en la región glúteo femoral y son de naturaleza
subcutánea. La distribución de grasa androide se caracteriza
por estar localizada preferentemente en la región abdominal
y ser de naturaleza subcutáneo-abdominal y visceral.
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Un primer factor que determina la cantidad y
la distribución de grasa es el bagaje genético (18). Pero además
la interrelación de múltiples genes, factores medioambientales,
fisiológicos y el propio comportamiento del individuo, determina
la distribución de grasa y, en último término, la obesidad como
fenómeno de etiología múltiple (1,19-21).
Existen cuatro factores principales de riesgo
que genera la obesidad: a) dislipidemia aterogénica (niveles ligeramente
elevados de colesterol, hipertrigliceridemia, bajas concentraciones
de HDL y partículas de LDL más pequeñas), b) elevada presión sanguínea,
c) resistencia a la insulina e intolerancia a la glucosa, y d)
alteraciones del sistema de coagulación. Se utiliza el término
de síndrome metabólico para describir de forma global estos factores
de riesgo asociados a la obesidad (7,22).
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CLAVES GENÉTICAS Y MOLECULARES DE
LA OBESIDAD |
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En la presente revisión se consideran de forma
principal los genes y sus productos asociados con el control alimentario,
la adipogénesis, la eficiencia energética y la regulación lipolítica,
su ubicación metabólica y sus interrelaciones, así como las diferencias
sexuales que se han descrito al respecto.
Dentro del sistema de señales de control del
comportamiento alimentario y de la homeostasis energética se incluyen
aquellos procesos bioquímicos que determinan la sensación de hambre
o saciedad, la apetencia por determinados tipos de alimento, la
frecuencia y cantidad de las ingestas, etc. Estos procesos dependen,
a su vez, de condiciones ambientales, como por ejemplo los hábitos
sociales. Asimismo, existe una comunicación entre el sistema nervioso
central (SNC) y el estado y actividad de las reservas energéticas.
Esta comunicación tiene lugar a través de un sistema en el que
interviene la leptina y quizás otras señales (23,24).
Otro proceso bioquímico implicado en la obesidad
es la adipogénesis, proceso de formación de las células que forman
el tejido adiposo, los adipocitos (25,26). La regulación del número
de adipocitos es un factor a tener en cuenta en el establecimiento
de una obesidad, que será más refractaria y persistente.
El tercer proceso a tener en cuenta es la regulación
de la eficiencia energética (termogénesis). Nuestro organismo
dispone de un proceso especializado en producir calor a partir
de la energía contenida en los alimentos: la termogénesis. Con
este mecanismo la energía de los alimentos que ingerimos en exceso
es aprovechada sólo en parte, en lugar de acumular grasa (27).
La familia de las UCPs (proteínas desacoplantes) o termogeninas
son la base molecular de la termogénesis, su actividad determina
el desacoplamiento energético de las mitocondrias, con lo que
parte de la energía de los alimentos no se aprovecha (28).
Por último, en particular, la regulación adrenérgica
del metabolismo lipídico donde el control del balance entre la
movilización lipídica mediada por el enzima lipasa sensible a
hormonas (LSH) y el almacenamiento de ácidos grasos a través del
enzima lipoproteina lipasa (LPL) en las diferentes regiones adiposas
aparece de notable importancia, ya que se ve alterada en el estado
obesos y se presenta como una de las causas implicadas en el desarrollo
del fenotipo obeso.
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