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La mitocondria es la organela responsable de la conservación
de la energía por medio de la fosforilación oxidativa,
proporcionando el ATP necesario para la célula. Como consecuencia
del consumo de oxígeno por la cadena respiratoria, la mitocondria
produce cantidades elevadas de anión superóxido
(O2¯o) y peróxido de hidrógeno (H2O2), dos
especies reactivas de oxígeno (ROS). La formación
de ROS debe controlarse para evitar daño oxidativo a la
cadena respiratoria, déficit de ATP, y en su caso la apertura
del poro de transición y apoptosis. Pero bajo una demanda
elevada de ATP, el aumento de actividad de la fosforilación
oxidativa va paralela al aumento de consumo de oxígeno
y producción de ROS.
Para evitar el daño oxidativo, la mitocondria depura
O2¯o por medio de la superóxido dismutasa (SOD) y
H2O2 a través del glutation. La consecuencia es una disminución
del glutation reducido (GSH) que debe reciclarse para mantener
la protección mitocondrial.
La teoría mitocondrial del envejecimiento sugiere que la
producción constante de ROS en la mitocondria es un factor
clave para la muerte celular. Con la edad se acumulan ROS, que
dañan progresivamente al mtDNA y la cadena respiratoria,
haciendo más ineficiente la fosforilación oxidativa
y la capacidad de producción de ATP. A este mecanismo se
suma la disminución con la edad de la eficiencia de los
sistemas antioxidantes mitocondriales. Con el descubrimiento del
óxido nítrico (NO), se observó que esta molécula,
además de cumplir determinadas funciones fisiológicas,
participa en procesos de toxicidad celular. En altas concentraciones,
como en la inflamación, el NO induce alteraciones bioquímicas
en macromoléculas por mecanismos de nitrosación,
inactivando proteínas. El aumento de NO se debe a la inducción
de la óxido nítrico sintasa inducible (iNOS).
Recientemente, hemos caracterizado una isoformas mitocondrial
de la iNOS (mtiNOS), que deriva del mismo gen que la iNOS, y que
se induce en situaciones de inflamación. El NO a nivel
mitocondrial es un regulador fisiológico del complejo IV
de la cadena respiratoria, pero en exceso, puede inhibir otros
complejos de la cadena respiratoria. Además, el NO reacciona
rápidamente con el O2¯o formando peroxinitritos (ONOO¯),
especies reactivas de nitrógeno (RNS) que dañan
irreversiblemente la cadena respiratoria, dando lugar a una disfunción
mitocondrial severa. Ya que se considera hoy en día que
el envejecimiento es un proceso inflamatorio crónico, la
presencia de la mtiNOS en la mitocondria, su inducción
en situaciones de inflamación, y su relación con
el daño mitocondrial nos ha llevado a proponer la teoría
inflamatoria mitocondrial del envejecimiento. Según ésta,
el aumento inicial de ROS daña la mitocondria y la célula,
desencadenando una ligera reacción inflamatoria que poco
a poco inducirá la mtiNOS, elevando los niveles intramitocondriales
de NO. La suma de los efectos deletéreos de ROS y RNS en
la mitocondria será la responsable en última instancia
del fracaso mitocondrial en el envejecimiento.
Para comprobar esta última hipótesis, actualmente
estamos estudiando en ratones con senescencia acelerada (SAM)
el daño mitocondrial. Asimismo, estamos estudiando el papel
que la melatonina juega en el envejecimiento, así como
su potencial uso como tratamiento preventivo del mismo. La melatonina
es un derivado del triptófano producido en muchos lugares
del organismo. Es un excelente antioxidante y reduce la expresión
y actividad de la mtiNOS. La melatonina contrarresta el exceso
de ROS y RNS producido en la mitocondria, y mantiene unos niveles
elevados de GSH, preservando la capacidad de la mitocondria para
producir el ATP necesario para la función celular. Manteniendo
unos niveles altos de GSH, la melatonina previene la apertura
del poro de transición y la apoptosis. Esos efectos reflejan
un papel protector de la melatonina y sugieren que su disminución
con la edad puede ser un factor importante en la promoción
del envejecimiento.
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