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La utilización de medicamentos inyectables aplicados
a nivel loco dolenti nace pácticamente en el mismo momento
en que se plantea la posibilidad de hacerlo, es decir, cuando
PRAVAZ inventa un dispositivo dotado de una aguja hueca que permite
la instilación de líquidos de forma más o menos precisa. Estamos
a mediados del siglo XIX cuando RYND y WOOD aplican soluciones
de opiáceos en diferentes localizaciones para tratar dolores rebeldes.
Pero en aquellos tiempos no se empleaban criterios de asepsia
de ningún tipo y las infecciones consecutivas a estas prácticas
terapéuticas eran la norma: el remedio era entonces peor que la
enfermedad y estaba abocado al olvido por desuso.
A finales del XIX, con HEAD y MACKENZIE y el
descubrimiento de determinadas zonas cutáneas en las que existía
lo que se denominó reflejo víscero-cutáneo, se abre la puerta
al supuesto de que determinadas maniobras efectuadas a flor de
piel tenían repercusiones terapéuticas a nivel visceral; estamos
ante el reflejo víscero-cutáneo.
El descubrimiento de la procaína poco tiempo
después (EINHORN, 1905), una vez estudiadas sus numerosas propiedades,
lleva a distintos autores (LEMAIRE, LERICHE, FONTAINE, entre otros)
a utilizarla por vía intradérmica en zonas próximas a fascículos
tendinosos lesionados o a fracturas hiperálgicas, así como su
utilidad en el tratamiento de las algias viscerales, siguiendo
los trabajos de JARRICOT referentes a los fenómenos de origen
dérmico (1932).
La Primera Gran Guerra permitió la utilización
de inyecciones locales de procaína, de histamina, de iodo o azufre
para el tratamiento de lesiones tendinosas o reumáticas de los
combatientes, que teman así el "privilegio" de volver antes al
frente al verse acortados sus períodos de convalescencia, cosa
que no debía hacerles mucha gracia.
En 1933, Ferdinan HUNEKE observa que la inyección
paravenosa de procaína a nivel loco dolenti, produce una
mejoría inmediata de una crisis migrañosa de su hermana Kata,
que se explicaría en base a la enorme riqueza de terminaciones
nerviosas vegetativas existentes a nivel perivascular, y propone
por ello el término de neuralterapia, que actualmente constituye
una técnica terapéutica propia.
En 1937 ARON hace el primer apunte destacando
la importancia farmacocinética de la vía de administración intradérmica
al observar cómo aumenta la rapidez y la eficacia de sustancias
neurotropas así administradas.
En 1947, ASLAN publica (¡en romano!) sus controvertidos
trabajos sobre el tándem procaína-geriatría.
A partir del descubrimiento de la lidocaína
(LOFGREN, 1946), ésta vino a desplazar a la procaína y la mayoría
de las inyecciones locales no se realizan "sobre la piel", sino
sobre estructuras anatómicas precisas, la mayoría de las veces
en asociación con los corticoides de reciente descubrimiento.
Sin embargo, en 1952, un médico de pueblo francés,
el Dr. Michel PISTOR, "nieto científico" de LERICHE a través de
su "padre", LEBEL, emplea con profusión las inyecciones de procaína
en diferentes cuadros clínicos. Así, un buen día acubió a su consulta
un paciente asmático aquejado de una agudización de su enfermedad,
al cual administra por vía intravenosa 10 cc de procaína al 1%
y le envía para su casa. Al día siguiente, este paciente acude
nuevamente a consulta comentando cómo por la noche había estado
escuchando las campanadas de su reloj de péndulo, pero que al
amanecer las había dejado de oír. A pesar de tener conocimiento
de resultados asombrosos utilizando procaína, ante este hecho
PISTOR no tuvo más remedio que asombrarse, dado que el paciente
que tenía delante era totalmente sordo ¡desde hacía más de 40
años!1 . Estaba ante una estimulación
neurosensorial evidente achacable al empleo de la procaína, real,
aunque de corta duración. De cualquier forma, la noticia corrió
como un reguero de pólvora por los alrededores del pueblo y pronto
a su consulta acudieron todos los sordos del contorno.
1. En ninguna de las referencias bibliográficas
que manejamos sobre Mesoterapia hemos encontrado el nombre de
este paciente, que era el zapatero de Broy-Lu.
En base a los conocimientos transmitidos por
su maestro el Dr. LEBEL y conocedor de los trabajos de ASLAN,
la idea de inyectar procaína y otras sustancias en zonas próximas
al órgano afectado vino a la mente de nuestro joven médico rural,
y así se dispuso a efectuar inyecciones intradérmicas en las proximidades
de la oreja. Las ganancias en cuanto a audición se refiere eran
moderadas o escasas, de tan sólo 10 o 20 decibelios, pero de forma
casual y paralela iba observando mejorías más importantes en trastornos
"periauriculares": así, patologías de índole reumática de la ATM,
presbicias, acúfenos o cefaleas, entre otros, iban cediendo de
forma inesperada, ampliando la experiencia de PISTOR y llevándole
a tratar patologías de otras localizaciones. Poco a poco se va
incrementando el arsenal terapéutico, se mejora la técnica con
la puesta a punto de aparatos y sistemas que permiten realizar
las inyecciones de forma menos dolorosa para el paciente, y se
va divulgando la técnica con nuevos resultados, algunos sorprendentes.
Estamos ante la etapa del entusiasmo.
Un dermatólogo que vivía cerca de Bray- Lu conocía
los resultados obtenidos mediante esta técnica en algunos de sus
propios pacientes y ayudó a PISTOR a indicaciones, vislumbra sus
posibles mepublicar sus resultados clíicos en la literatura cientifica,
consiguiéndolo el 4 de junio de 1953 en La Presse Medicale,
con el titulo de "Exposición sumaria de las nuevas propiedades
de la procaína local en patología humana" en el que recoge estas
experiencias, apunta suscanismos de acción y, lo más importante,
crea el neologismo mesaterapia al escribir: "La acción sobre los
tejidos derivados del mesodermo es tan importante que estos tratamientos
merecen el nombre global de mesoterapia".
De cualquier forma, la Mesoterapia cala más
hondo en los veterinarios que en los médicos humanos, y así TASSEL,
veterinario de Vernon, pueblo próximo a Bray-Lu, utiliza el método
descrito por PISTOR en sus pacientes irracionales, obteniendo
en éstos los mismos o mejores resultados que los descritos en
humanos. Años después, la Mesoterapia entra en la Universidad
a través de la cátedra de Cirugia General de la prestigiosa Escuela
Veterinaria de Alfort. De la colaboración con los médicos veterinarios
surgirá la que sin duda es nuestra herramienta caracteristica:
la aguja de LEBEL, que es una modificación de la empleada para
tuberculinar las vacas.
En los años siguientes, PISTOR publica sus experiencias:
nace el Desafío Terapéutico, seguido posteriormente por
el Breviario de Mesoterapia electrónica y manual.
El 21 de abril de 1964, con la asistencia de
16 personas, nace la Sociedad Francesa de Mesoterapia teniendo
a LEBEL como presidente y al Dr. HUBER (pediatra de PISTOR) como
Presidente de Honor. Al cabo de los años, el propio PISTOR ascenderá
a la Presidencia para ser recientemente sustituido por LE COZ
al pasar aquél a la Presidencia Internacional.
A partir de esta fecha, se ha ido divulgando
la técnica por diferentes países, creándose distintas sociedades
nacionales englobadas en la Sociedad Internacional de Mesoterapia.
Hasta ahora se han organizado siete bongresos internacionales,
se han publicado más de una treintena de libros de texto sobre
la técnica, asi como multitud de trabajos y tesis doctorales.
Cada sociedad nacional publica con mayor o menor frecuencia un
boletín, destacando por su especial contenido el de la Sociedad
Francesa, con 4 números anuales. Como apunta RAVILY en su reciente
libro2, PISTOR fue el médico
del zapatero de BrayLu, creó un sistema terapéutico novedoso a
partir de un concepto inicial de tratamiento locoregional, supo
promocionar sus ideas desde los primeros momentos y tuvo la genialidad
de crear un neologismo conocido entre los médicos y los pacientes.
Nosotros apuntamos una cualidad más, que es la de su propio nombre,
puesto que todos los aparatos de asistencia terapéutica tienen
la forma de PISTOlas. No podría haber sido de otra forma: la Mesoterapia
tenía que ser descubierta por PISTOR!
2. G RAVILY TraitopratquedeMésotheMpie.Modiasoh.Sai
nt-Germain Sur-Morin, 1996
Correspondencia:
Dr. I. Ordiz García
C/ Melquiades Álvarez 3, 6.° D
33002 Oviedo
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