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Antecedentes
La toxina botulínica es una proteína que provoca
parálisis muscular localizada por bloqueo de la producción de
acetilcolina. Su uso terapéutico se inició en 1970, aunque su
uso cosmético empieza a desarrollarse a partir de 1992, aplicándose
fundamentalmente para la corrección de las arrugas dinámicas
de la frente, la glabela y las regiones perioculares ("patas
de gallo").
En abril de 2002, la Food Drug Administration
(FDA) aprueba el Botox-A para su uso cosmético. Desde entonces,
las inyecciones de Botox se han incrementado espectacularmente
en Estados Unidos, hasta alcanzar el 19,1% de todos los métodos
cosméticos. Los analistas predicen que su uso incrementará
de un 30 a un 50% durante el presente año.
A pesar de su extensa utilización, se
puede apreciar que no existe una técnica uniforme de aplicación
del Botox-A, ya que los médicos aplican diferentes dosis,
procedimientos o tratamientos. Esta anarquía puede afectar
a los resultados esperados/obtenidos, además de tener importantes
implicaciones económicas tanto para el paciente como para
el médico.
Partiendo de estos hechos, Lowe y colaboradores,
han realizado un estudio en el que tratan de determinar "la
dosis óptima de Botox-A" para el tratamiento específico
de las arrugas perioculares dinámicas (patas de gallo)
Estudio
Estudio doble ciego, controlado con placebo, realizado sobre una
muestra de 60 pacientes, en el que se compara tres dosis de Botox-A.
Se establecieron 3 grupos diferentes, cada uno compuesto por 20
pacientes, a los que se les administraron dosis diferentes (6,
12, 18, repectivamente).
Las dosis fueron administradas en tres inyecciones
regularmente espaciadas de 0,1 ml en el músculo orbicular
de los ojos (un centímetro por fuera del reborde periorbitario)
por un un lado y con placebo en el lado contrario.
A las 16 semanas de la primera inyección,
los pacientes fueron tratados con una segunda inyección
(de 12 o 18 unidades de Botox-A) en ambos lados.
Para realizar el estudio comparativo, los investigadores
clasificaron las arrugas basándose en una escala comprendida
entre 0 (reposo) y 3 (máxima contracción). Los datos
se recogieron al comienzo del estudio y a intervalos de 4 semanas,
evaluándolos mensualmente durante un periodo de seguimiento
de cuatro meses.
Resultados
Las 3 dosis reducían de forma espectacular las arrugas
perioculares en el lado tratado con Botox-A en comparación
con el lado tratado con placebo, y los beneficios de la segunda
inyección se prolongaron más que los de la primera
(las tasas de éxito se midieron a las 12 y 16 semanas de
la inyección).
Se observó una reducción de las
arrugas, pero esta reducción era menos acusada en reposo
que en contracción máxima. Tanto el investigador
como la autovaloración por parte de los pacientes, mostrarón
que el máximo efecto del tratamiento se producía
a las cuatro semanas, lo mismo después de la primera inyección
que de la segunda.
Por último señalar que las tres
dosis de Botox-A mostraron una eficacia comparable según
todos los parámetros, pero sin mostrar una clara relación
dosis/respuesta.
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