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Sumario
Nº 51
> Dietética
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Dietas "milagro" para adelgazar: sin
fundamento científico y con riesgos para la salud
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Agencia Española
de Seguridad Alimentaria y Nutrición
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Introducción |
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Frecuentemente aparecen nuevas dietas
de adelgazamiento, difundidas a través de programas de televisión,
revistas de moda, alimentación, etc., que tienen en común
la promesa de una rápida pérdida de peso sin apenas
esfuerzo. Estas dietas milagro, frecuentemente, son
fruto de la búsqueda de beneficios económicos más
que de la promoción de una alimentación sana y equilibrada
y son prescritas por personas sin conocimientos científicos
ni profesionales en el campo de la nutrición.
En general, estas dietas inducen una restricción de la
energía ingerida muy severa, que conduce a deficiencias
en vitaminas y minerales, alteraciones del metabolismo y a una
monotonía alimentaria que las hace insostenibles en el
tiempo y peligrosas para la salud. Se caracterizan, pues, por
las escasas calorías que aportan. Ante esta situación
cercana al ayuno, el organismo reacciona compensando la falta
de energía recibida con un aumento de la destrucción
de las proteínas corporales, como fuente alternativa de
energía, lo que provoca una pérdida de masa muscular
y, por otro lado, la formación de sustancias peligrosas
para el organismo cuando la dieta se prolonga en el tiempo.
Sin embargo, quien sigue estas dietas interpreta erróneamente
la pérdida de masa muscular y, por tanto, de peso con el
éxito del régimen escogido, pues dan resultados
espectaculares al subirse a la báscula durante las primeras
semanas. Esto se debe a que el tejido muscular es muy rico en
agua, con lo que se elimina mucho líquido en la primera
fase. En ocasiones este proceso se refuerza con el consumo de
diuréticos (farmacos que promueven la excreción
de orina), lo que conduce a una aún más llamativa
pérdida de peso.
Un problema añadido de estas dietas milagro
es que favorecen una recuperación muy rápida del
peso perdido (efecto rebote o yo-yo).
La tendencia exacerbada a la recuperación del peso se produce
porque las situaciones de ayuno ponen en marcha potentes mecanismos
nerviosos y hormonales que se oponen a la pérdida de peso:
mayor rendimiento del metabolismo corporal, con un mayor ahorro
energético e incremento del apetito. Estos mecanismos conducen
a una rápida recuperación del peso perdido en cuanto
se vuelve a comer de la forma habitual. Ese peso recuperado se
debe predominantemente a la formación de tejido graso,
que es, precisamente, el que origina problemas de salud y el que
deberíamos reducir con la dieta (como se demostró
ya en los experimentos realizados por el gran científico
español de la nutrición Profesor Grande Covián
hace 30 años).
Los signos que permiten reconocer una dieta milagro
son:
- La promesa de pérdida de peso rápida: más
de 5 kg por mes.
- Se puede llevar sin esfuerzo.
- Anunciar que son completamente seguras, sin riesgos para la
salud.
En resumen, las dietas muy restrictivas, muy bajas en calorías,
aunque consiguen que el peso disminuya a corto plazo, constituyen
un riesgo inaceptable para la salud ya que pueden:
- Provocar deficiencias de proteínas, vitaminas y minerales
por la falta de consumo con los alimentos.
- Producir efectos psicológicos negativos.
- Desencadenan, incluso, trastornos del comportamiento alimentario
(anorexia y bulimia), a veces de mayor gravedad que el exceso
de peso que se pretendía corregir.
- Favorecer el efecto rebote o yo-yo.
- Al abandonar estas dietas, las personas que siguen estas dietas
no han aprendido a comer saludablemente y vuelven a las costumbres
que les hicieron engordar.
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Clasificación
y descripción de las principales dietas milagro |
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De forma general, las
llamadas dietas milagro se pueden clasificar en tres
grandes grupos:
Dietas hipocalóricas desequilibradas
En estas se incluyen la dieta de la Clínica Mayo, Dieta
toma la mitad, Dieta Gourmet, Dieta Cero. Estas dietas
provocan un efecto rebote, caracterizado por una rápida
ganancia de peso, que se traduce en un aumento de masa grasa y
pérdida de masa muscular. Esto obedece a que el metabolismo
se adapta a la disminución drástica de la ingestión
de energía mediante una disminución del gasto energético.
Estos regímenes suelen ser monótonos, además
de presentar numerosas deficiencias en nutrientes, sobre todo
si se prolongan por largos períodos de tiempo.
Dietas disociativas
Dieta de Hay o Disociada, Régimen de Shelton, Dieta Hollywood,
Dieta de Montignac, Antidieta, etc. Se basan en el fundamento
de que los alimentos no contribuyen al aumento de peso por sí
mismos, sino al consumirse según determinadas combinaciones.
No limitan la ingestión de alimentos energéticos
sino que pretenden impedir su aprovechamiento como fuente de energía
con la disociación. Esta teoría carece de fundamento
científico y los resultados obtenidos sólo obedecen
a un menor consumo de energía. Además, este tipo
de consumo es casi imposible porque no existen alimentos que solamente
contengan proteínas o hidratos de carbono.
Dietas excluyentes
Se basan en eliminar de la dieta algún nutriente. Estas
dietas pueden ser:
- Ricas en hidratos de carbono y sin lípidos y proteínas,
como la Dieta Dr. Prittikin y la Dieta del Dr. Haas;
- Ricas en proteínas y sin hidratos de carbono: Dieta
de Scardale, Dieta de los Astronautas, Dieta de Hollywood y
la Dieta de la Proteína Líquida. Producen una
sobrecarga renal y hepática muy importante;
- Ricas en grasa: Dieta de Atkins, Dieta de Lutz. Se conocen
como dietas cetogénicas. Pueden ser muy peligrosas para
la salud, produciendo graves alteraciones en el metabolismo.
A continuación presentamos alguna de las más conocidas
dietas milagro para adelgazar, con sus principales
características y potenciales riesgos para la salud.
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Dieta disociada
de Hay |
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La Dieta Disociada o separada de Hay tuvo su inicio entre los
años 1900 y 1920. Es la dieta milagro más
frecuentemente realizada en los últimos años.
Se basa en el fundamento de que los alimentos no contribuyen al
aumento de peso por sí mismos, sino al consumirse según
determinadas combinaciones. Por esta razón, no limita la
ingestión de alimentos energéticos sino que pretenden
impedir su aprovechamiento como fuente de energía con la
disociación durante la digestión en el estómago.
Sostiene la teoría de que los hidratos de carbono no pueden
ser consumidos junto con las proteínas, ya que las proteínas
se digieren en medio ácido y los hidratos de carbono en
medio alcalino. En principio, este tipo de consumo es casi imposible
porque no existen alimentos que solamente contengan proteínas
o hidratos de carbono.
En esta dieta, se prohíbe el consumo de leche, frutas,
casi todas las verduras, pan, pasta, cereales, arroz, féculas,
legumbres, azúcar, dulces, etc. Sólo se pueden tomar
carnes, pescados, huevos, embutidos, algunos quesos, café,
e incluso se permite la toma de grasas, aceites, vísceras,
mariscos y en algunas ocasiones alcohol.
Esta dieta carece de fundamento científico y los resultados
obtenidos sólo obedecen a un menor consumo de energía.
Además, lleva fundamentalmente a una pérdida progresiva
de la motivación para ingerir alimentos, ya que cada día
al paciente sólo le está permitido la ingesta de
un solo alimento, aunque en cantidades elevadas.
Por el contrario, en una dieta equilibrada los hidratos de carbono
deben aportar entre el 50 y 60% de la energía total. Así,
los cereales (pan, pasta, arroz, etc.), especialmente los integrales,
las patatas y las legumbres deben constituir la base de su alimentación
y representar un tercio de los alimentos ingeridos diariamente.
La leche y los productos lácteos (queso, yogures, etc.)
son una importante fuente de proteínas de elevada calidad,
lactosa, vitaminas y, principalmente, de calcio, mineral fundamental
para la formación de los huesos y dientes. Se deben consumir
de 2 a 4 raciones de lácteos al día, variando según
la edad y estado fisiológico (embarazo, lactancia, etc.).
Finalmente, se debe promover el consumo diario de frutas, verduras
y hortalizas hasta alcanzar, al menos, 400 g/día. Esto
es, consumir, como mínimo, cinco raciones al día
de estos alimentos.
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Dieta de
Atkins |
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La dieta Atkins, pese a sus graves deficiencias, es muy popular
en todo el mundo. Hasta el punto que el nombre del médico
estadounidense que la inventó ha dado paso a una empresa
que factura cerca de 100 millones de euros anuales con libros
que superan los 45 millones de copias. Promete bajar de peso pronto,
permite comer lo que otras muchas dietas prohíben y desecha
los alimentos tildados de aburridos, como verduras y leguminosas.
El truco consiste en consumir grandes cantidades de proteínas
y un mínimo de carbohidratos para adelgazar.
La dieta Atkins se basa en un consumo casi exclusivo (90%) de
proteínas procedentes de carnes rojas, embutidos, quesos,
huevos, mariscos, mantequillas, margarinas, aceites, mayonesas,
mantecas, cremas de leche o yogur entero, etc. Se deja un mínimo
espacio (10%) a hidratos de carbono extraídos de las verduras
y frutas, y quedan prohibidos alimentos tales como las pastas,
harinas, arroz, pan y bollería, legumbres, azúcar,
bebidas alcohólicas y leche.
Atkins proscribió también las frutas y verduras
ricas en fibra a quienes sigan su dieta, puesto que la fibra impide
la absorción de la grasa en el intestino. Las verduras
verdes, sostuvo el dietista, no deben exceder los 50 gramos por
comida.
Este tipo de dieta pertenece al grupo de dietas milagrosas llamadas
científicamente dietas cetógenas. En
ellas se retira absolutamente el consumo de hidratos de carbono
y se potencia el consumo de proteínas y grasas. El consumo
de hidratos de carbono es la principal fuente de energía
del organismo, es el primordial sustrato energético. Para
Atkins la insulina es la hormona responsable del aumento de peso.
La ingestión de azúcar o de cualquier hidrato de
carbono hace que se estimule esta hormona, por lo que, según
esta errónea teoría, el azúcar es el alimento
más peligroso. Sin embargo si se consume grasa se estimula
la secreción de acetona, suprimiendo la sensación
de hambre.
Cuando el organismo no dispone de este nutriente para obtener
energía empieza a quemar las grasas por una ruta metabólica
particular, produciendo los llamados cuerpos cetónicos,
que se utilizarán como fuente energética a falta
de hidratos de carbono. El resultado es el aumento en sangre de
cuerpos cetónicos y sus productos de desecho, entre ellos
la acetona.
Este tipo de dieta provoca la falta de apetito, halitosis o acetona
en el aliento, estreñimiento, aumento del colesterol sanguíneo,
aumento de los niveles de ácido úrico y, en algunas
situaciones, riesgo cardiovascular por el excesivo de consumo
de grasas o sobrecarga del riñón por el exagerado
consumo de proteínas.
Por el contrario, en una dieta equilibrada los hidratos de carbono
deben aportar entre el 50 y 60% de la energía total. Así,
los cereales (pan, pasta, arroz, etc.), especialmente los integrales,
las patatas y las legumbres deben constituir la base de su alimentación
y representar un tercio de los alimentos ingeridos diariamente.
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Dieta de
la Clínica Mayo |
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La dieta de la Clínica Mayo ha sido famosa durante muchos
años y a pesar del nombre referente a la Clínica
Mayo, esta institución no se identifica con este régimen
dietético. Consiste en seguir una dieta en la que los huevos
son el alimento principal de esta dieta, pudiendo comerse entre
4 y 6 diarios. Otros alimentos que componen el menú son
pescados, aves, carnes, verduras, frutas, frutos secos y productos
integrales. Todos ellos cocinados sin grasas. El té y el
café son las únicas bebidas autorizadas, y quedan
excluidos los productos lácteos, lo que reduce de manera
importante la ingestión de calcio.
Esta dieta suele provocar un efecto rebote, caracterizado por
una rápida ganancia de peso, que se traduce en un aumento
de masa grasa y pérdida de masa muscular. Esto obedece
a que el metabolismo se adapta a la disminución drástica
de la ingestión de energía mediante una disminución
del gasto energético. Al aportar pocas calorías,
del orden de 1.200 calorías diarias, el riesgo para la
salud es grande, ya que la grasa se quema muy rápido y
pueden producirse cuadros de acidosis (acidificación del
pH de la sangre) y cetosis (presencia de cuerpos cetónicos
en sangre).
Dada la escasa oferta de alimentos que contiene suele considerarse
monótona, por lo que se abandona al poco tiempo, además
de presentar numerosas deficiencias en nutrientes, sobre todo
si se prolongan por largos períodos de tiempo.
La exclusión de leche y productos lácteos (queso,
yogures, etc.) determina deficiencias de calcio y, en consecuencia,
riesgo de osteoporosis e hipertensión.
Además, el contenido proteico de esta dieta es superior
al doble de lo recomendado (entre un 10 15% de la energía
que aporta la dieta debe proceder de las proteínas, debiendo
combinarse proteínas de origen animal y vegetal), lo que
puede suponer, además de una sobrecarga renal, una
ingestión insuficiente de otros nutrientes esenciales.
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Dieta de
la sopa |
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La base de esta dieta es una sopa que debe de comerse todos los
días y en la cantidad que se desee, porque apenas tiene
calorías. Esta sopa se prepara con seis cebollas, dos ramilletes
de apio, dos pimientos verdes, medio kilogramo de tomates y un
repollo o una col, con un cubito de caldo, sal y pimienta. Se
trocea todo, se hierve en 10 litros de agua, se bate y se guarda
para tomar fría o caliente, como se prefiera.
Además se puede consumir frutas, verduras, arroz integral,
un poco de carne de vacuno, leche desnatada, zumos, té
sin azúcar y café. Todo lo demás está
terminantemente prohibido, especialmente el alcohol, la harina
y sus derivados, los dulces y las bebidas con gas, mientras que
la sopa es como un comodín, que puede tomarse cuando se
siente hambre, para calmar la ansiedad.
Se trata de una dieta monótona que provoca deficiencias
de proteínas, vitaminas y minerales. Como los alimentos
que componen la sopa poseen un escaso valor calórico, su
aporte energético es bajo. Además no proporciona
suficientes aminoácidos y ácidos grasos esenciales,
calcio, hierro y vitaminas A, D, E y K.
El principal riesgo de estas dietas reside en la inadecuada manera
en la que se pierde peso con ellas, consecuencia bien de una reducción
importante de las calorías ingeridas o bien de desequilibrios
orgánicos que se originan al emplear alimentos en cantidad
y calidad inadecuada. Se adelgaza a expensas de perder líquidos,
electrolitos, reservas de proteínas y en un menor porcentaje
grasa, que es lo que realmente interesa perder.
Es una dieta deficitaria en casi todos los principios inmediatos.
Una dieta saludable debe proporcionar un aporte calórico
mínimo adecuado a la actividad física que se realice,
además de una distribución óptima de los
nutrientes. Especialmente debería llevar proteínas,
lípidos y minerales, que podrían adquirirse a través
del consumo equilibrado de huevos, pescado y carne.
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Dieta del
grupo sanguíneo |
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Fue creada por el médico americano Peter DAdamo,
que defiende la existencia de una alimentación para cada
tipo de sangre (A, B, AB y O), sin considerar el factor Rh negativo
o positivo. Según esto, cada grupo está más
predispuesto a ciertas enfermedades más que los otros,
pudiendo compensarse estas tendencias con la alimentación
y tratamientos antiestrés adecuados a cada grupo sanguíneo.
La dieta muestra los alimentos que reducen o aumentan el peso,
de acuerdo con una evaluación histórica de cada
tipo sanguíneo. Por ejemplo, el sistema digestivo de los
individuos del grupo O está adaptado a una dieta rica en
proteínas animales y a los vegetales (frutos del mar, espinacas,
etc); legumbres, verduras y cereales serían indicados para
aquellos del grupo A, y las carnes para el grupo B; el grupo AB
sería una mezcla de los A y B, especialmente con los lácteos.
No es una dieta equilibrada. No existe una relación científicamente
comprobada entre el tipo de sangre y la utilización de
tejido graso. La prohibición de alimentos hace con que
la dieta esté asociada con sensaciones de hambre y sufrimiento,
e induce a la pérdida de masa libre de grasa, en vez de
masa grasa.
Hay personas que pueden llegar a obsesionarse respecto a que si
un alimento es de su grupo o no y no querer comer absolutamente
nada si no es de su grupo por miedo a desarrollar inmediatamente
las enfermedades de las que avisa el creador de la dieta. Además,
las personas del grupo O que son vegetarianas pueden sentirse
ofendidas al pensar que esta teoría les quiere obligar
a volver a comer carne.
La dieta equilibrada requiere una ingesta de todos los principios
inmediatos en su adecuada proporción, en función
de la actividad física desarrollada y del balance energético
de cada individuo, sin tener en cuenta otros factores ajenos como
el grupo sanguíneo. La dieta debe estar compuesta de forma
equilibrada por proteínas, hidratos de carbono, lípidos,
vitaminas, minerales y otros elementos para que no se ocasionen
trastornos derivados por carencias ni excesos.
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Dieta de
Montignac |
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Michel Montignac cambió las dietas de toda la vida y rechazó
el método tradicional de adelgazamiento hipocalórico.
Con su sistema según señala, no se pasa hambre,
sino que solo se prescinde de ciertos alimentos que fomentan el
aumento de peso.
La Dieta de Montignac se fundamenta en el índice glucémico
de los alimentos que se consumen, más que en su contenido
calórico (energético), que no se considera clave.
Es decir que la elección de los alimentos al establecer
un régimen de adelgazamiento se condiciona por su contenido
en glúcidos (azucares) ya que un exceso de estas sustancias
impediría al páncreas procesarlas y, por tanto,
nos provocaría un aumento de peso.
Esta dieta clasifica los alimentos en buenos y malos.
Los buenos serían los que provocan una liberación
pobre de glucosa en sangre, entre ellos se recomiendan: pan integral,
las verduras, la fruta fresca, la soja, los cacahuetes, la mermelada
sin azúcar, las legumbres, los lácteos, el zumo
natural, los cereales integrales o los guisantes) y los malos,
que provocan un fuerte aumento de glucosa, como los dulces y la
bollería, el pan blanco, las harinas y cereales refinados,
las patatas, la miel, el maíz y la maltosa (presente en
la cerveza), y que son productos que deberíamos excluir
de nuestro régimen si padecemos obesidad.
Esta dieta puede ocasionar ciertos efectos secundarios como la
excesiva rapidez en la pérdida de peso, deficiencia de
minerales, vitaminas y fibra, aumento del ácido úrico
y del colesterol, así como mal sabor de boca. Un desequilibrio
entre el aporte excesivo de proteínas e insuficiente de
hidratos de carbono puede ocasionar descalcificación ósea
y daños renales por exceso de nitrógeno. También
pueden causar fatiga y mareos por falta de hidratos de carbono,
ya que la glucosa, un sustrato deficiente en estas dietas, es
la fuente de energía preferida por el organismo. El contenido
proteico de esta dieta es superior al doble de lo recomendado
(entre un 10-15% de la energía que aporta la dieta debe
proceder de las proteínas), lo que puede suponer, además
de una sobrecarga renal, una ingestión insuficiente de
otros nutrientes esenciales, y se pueden aumentar los niveles
de ácido úrico y pueden provocar ataques de gota
en personas con hiperuricemia (niveles de ácido úrico
alto).
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Nota: Información elaborada por
un grupo de trabajo del Comité Científico de AESAN
integrado por la Organización Médica Colegial (OMC),
el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos
(CGCOF), la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad
(SEEDO), la Sociedad Española de Endocrinología
y Nutrición (SEEN) y la Federación Española
de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética
(FESNAD).
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