|
Existen una serie de microorganismo saprofitos y ambientales
que como patógenos humanos pueden producir infección cutánea asociada
a heridas punzantes, rasguños por animales o heridas por contaminación
telúrica, o bien pueden deberse a la inoculación iatrogénica del
germen residente en una piel no aseptizada sobre la cual se aplica
un sistema de inyección sin aguja (Mesoflash®) que "siembra" el
agente patógeno en profundidad, incluso a más de 2 cm de la superficie
cutánea.
Por todo lo descrito anteriormente, indudablemente es la prevención
de estas infecciones nosocomiales la postura que mejores resultados
da, ya que una vez establecida la lesión los resultados de su
tratamiento son impredecibles.
La prevención pasa por la práctica de unas maniobras muy sencillas
y de facil realización que deben estar incorporadas de forma natural
en el protocolo del mesoterapeuta y consisten, básicamente, en
la limpieza de la piel antes, durante y después del tratamiento
mesoterápico, su posterior protección y una serie de recomendaciones
básicas que el paciente debe cumplir.
Limpieza de
la piel a tratar
Dado que las micobacterias ambientales son patógenos resistentes
a casi todos los agentes antisépticos habituales nos vemos en
la obligación de utilizar la asociación sinérgica de varios de
ellos, tales como la clorhexidina al 0'05%, el cloruro de benzalconio
al 1% y un excipiente de alcohol bencílico (a menos del 5%) en
alcohol absoluto (Mesoaseptic®, Biseptine®), los cuales ejercen
de forma potenciada sus efectos antibacterianos.
El practicante de mesoterapia debe tener en su mano no operativa
un algodón empapado en la solución antiséptica y de forma sistemática
debe pasar y repasar la piel tratada.
Protección
de la piel tratada
Si la terapia conlleva la realización de un escaso número de punturas,
una vez realizadas estas podemos protegerlas mediante la utilización
de apósitos textiles (tiritas). Pero lo más frecuente es que las
punturas ocupen amplias superficies corporales o zonas anatómicas
en las que es difícil la colocación de un apósito textil; en estas
circunstancias es obligado recurrir a filmes semioclusivos que
se aplican en spray y forman una película protectora semipermeable
y transparente que permite el paso de gases y vapor de agua (no
hay maceración de la piel) pero que impide el contacto con las
ropas u otras superficies potencialmente contaminantes. Estos
sprays protectores suelen ser de poliuretanos (Op-Site®, Nobecutan®),
no producen irritaciones ni sensibilizaciones, son elásticos y
flexibles por lo que permiten libertad de movimiento y pueden
aplicarse sobre amplias superficies. Son lavables con agua y jabón
y no impiden la higiene diaria.
Para su aplicación se pulveriza la zona deseada desde una distancia
de 15-20 cm, procurando que el recipiente forme un ángulo de 45º
con relación a la superficie de la piel.
Al cabo de unos días de efectuada la pulverización, la película
se desprende por los bordes pudiendo entonces retirarla fácilmente,
maniobra que se ve facilitada por el uso de acetona o alcohol
o la ducha caliente.
|