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El Botox ® se presenta como la solución
más segura y fiable frente a operaciones no exentas de
complicaciones. Una sola sesión proporciona al paciente
casi un año de bienestar.
Este trastorno, que puede llegar
a afectar al 1% de la población, posee una mayor incidencia
en adolescentes y adultos jóvenes. Su mayor inconveniente
radica en que a menudo se desencadena por estímulos estresantes
con frecuencia de tipo emocional sin tener por qué
estar relacionados con el calor, el ejercicio físico o
la alimentación. Esta patología puede ser idiopática,
de causa desconocida, o secundaria, debida a alguna enfermedad,
trastorno y/o medicación.
En invierno este problema se acentúa.
Los contrastes de temperatura y la calefacción se convierten
en un enemigo para estos pacientes. En esta época
del año se convierte en un problema más visible.
En verano la ropa es más fina, pero con la llegada del
frío estas personas se encuentran con bajas temperaturas
en la calle y calor en oficinas, tiendas o lugares públicos.
Por tanto quienes padecen dicho trastorno suelen estar más
incómodos en invierno que en verano. explica la Dra.
Olivia Obregón, especialista en cirugía plástica
de la Clínica Sáinz Arregui de Bilbao.
En la actualidad existe un tratamiento quirúrgico por vía
endoscópica que representa una solución definitiva
únicamente a nivel de manos y axilas, pero presenta como
principales inconvenientes la anestesia general, el riesgo de
complicaciones quirúrgicas y la aparición en un
porcentaje significativo de casos de hiperhidrosis compensatoria
(hipersudoración en otra zona corporal). Por todo ello
la cirugía debe reservarse como última opción
terapéutica para los casos graves.
Botox®: solución
La toxina botulínica, más conocida como Botox®,
se ha convertido en un tratamiento eficaz para solucionar este
problema, ya que se trata de una solución con un alto índice
de éxito y por tanto un grado de satisfacción importante
entre los pacientes. Una sesión basta para tratar el problema
y proporcionar al paciente cerca de un año de bienestar.
El diagnóstico de este trastorno es clínico.
Normalmente es el propio paciente el que se diferencia del resto
de las personas observando que suda profusamente sin motivo aparente
y de forma desmesurada. En cualquier caso es imprescindible descartar
causas secundarias, posibles responsables de esta hipersudoración,
subraya la doctora Olivia Obregón.
Para delimitar la zona a tratar dentro del área afectada
se puede realizar el "test de minor" consiste
en aplicar polvo de almidón y yodo. Una vez delimitada
la zona se dibuja en ella una cuadricula que nos indica dónde
realizar las inyecciones, de tal manera que se trata la superficie
afectada de forma sistematizada.
La toxina botulínica disminuye la producción de
sudor bloqueando la acetilcolina que se libera desde los nervios
encargados de estimular las glándulas sudoríparas.
Dicho en otras palabras, interceptamos al mensajero encargado
de poner en funcionamiento las glándulas del sudor,
señala la especialista.
Temporal pero efectiva
Se trata de una solución temporal con una duración
aproximada de 10 meses, pero segura ya que la toxina sólo
actúa a nivel local, no interfiriendo por tanto el tratamiento
en la termorregulación corporal.
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