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La prestigiosa publicación New
England Journal of Medicine alerta sobre la ineficacia de
gravar impuestos sobre ciertos alimentos para combatir el sobrepeso.
Unos 1.500 millones de personas sufrirán
sobrepeso en 2015, según la Organización Mundial
de la Salud (OMS), y las autoridades políticas buscan soluciones
para detener ese impacto. Una de ellas es gravar impuestos sobre
ciertos alimentos, aunque la comunidad científica duda
de la eficacia de una medida así, situando el sedentarismo
como el gran enemigo en la lucha contra la obesidad.
La publicación científica "New
England Journal of Medicine", la más prestigiosa dentro
de la comunidad científica y máxima referencia entre
los profesionales de la medicina, expresó recientemente
sus serias dudas sobre la opción de gravar impuestos contra
determinados tipos de alimentos y bebidas como medida eficaz para
combatir la obesidad.
De esta forma, tres médicos revisaron otros tres artículos
científicos (publicados en 2004, 2007 y 2009) y llamaron
la atención sobre la ineficacia de gravar los refrescos
para luchar contra la obesidad.
Michael J. Rinaldi, del Heart and Vascular Institute de Charlotte,
reseñó sus dudas sobre esta eventual medida y se
preguntó: ¿Debería aplicarse a todos
los productos nutricionalmente menos interesantes y a la comida
rápida? Y, si se trata de una medida de salud pública
para reducir los costos de recursos sanitarios, ¿por qué
no introducir también impuestos adicionales, por ejemplo
en vehículos y armas, también responsables de muchas
muertes y gastos sanitarios?.
El sedentarismo, principal causa
El sedentarismo se sitúa ya como uno de los principales
motivos, si no el que más, del aumento de los índices
de obesidad en todo el mundo. Según la OMS, anualmente
mueren 1,9 millones de personas en todo el mundo a causa de la
inactividad física, que deriva en patologías crónicas
y perniciosas para la salud. Sólo en la Unión Europea
hay más de dos millones de personas inactivas y en España
sólo el 40 por ciento de los adultos realiza actividad
física.
La Revista Española de Cardiología publicó
en marzo un estudio realizado por La Universidad de Queensland,
en Brisbane (Australia), en el que los autores realizaron mediciones
antropométricas para determinar la adiposidad general y
determinaron una serie de biomarcadores del riesgo cardiovascular.
En sus resultados, describieron asociaciones significativas
entre el tiempo empleado en una conducta sedentaria o la grasa
corporal y los biomarcadores del riesgo cardiovascular en
un grupo de jóvenes situado entre los 13 y los 16 años
de edad.
Necesidad de un plan de intervención
Los autores del estudio también encontraron asociaciones
nocivas del tiempo dedicado a la televisión con los
marcadores cardiometabólicos incluso en los individuos
que cumplen lo establecido en las directrices de salud pública
para la actividad física (a los que, por lo tanto, se consideraría
activos). Este mismo trabajo señala a los adolescentes
como grupo diana clave dentro del sedentarismo.
El trabajo concluye afirmando: Hay una necesidad crucial
de desarrollar una gama más amplia de oportunidades para
que niños, adolescentes y adultos tengan más actividad
física y dispongan de formas prácticas y realistas
de dedicar menos tiempo a estar sentados dentro del contexto normal
de sus actividades diarias.
En las últimas semanas se añadió un debate
encendido sobre la necesidad o no de gravar impuestos contra diversos
aspectos de la cadena alimenticia como medida para detener el
impacto del sobrepeso. Pero estas eventuales medidas no están
nada claras.
Un repunte dramático
La propia OMS sitúa como principales causas de esta lacra
al sedentarismo, los hábitos de vida poco saludables y
una mala nutrición.
Otro estudio de la OMS incide en que casi 400.000 ciudadanos estadounidenses
fallecerán debido a enfermedades coronarias en 2010, lo
que supondrá que los efectos de los avances en medicina
cardiovascular se estancarán mientras la población
siga engordando.
Desde los años 70, las tasas de fallecimientos por enfermedad
cardiovascular han descendido la mitad gracias a reducciones de
colesterol, de tabaco y al aumento de la actividad física.
Sin embargo, desde los años 90 estos logros se han frenado,
debido al repunte dramático de la obesidad,
la diabetes, así como por la subida de la tensión
arterial en las mujeres.
España se encuentra, junto a Italia, a la cola de los países
europeos en cuanto a actividad física, por detrás
de naciones que, por ejemplo como Finlandia, tienen condiciones
climatológicas muchísimo peores. En ello influiría
el estilo de vida latino, en el que se trabaja sin horario y no
hay lugar para el ocio, además de la laguna existente en
los servicios médicos a la hora de abordar este tema, lo
que facilitaría la escasa concienciación.
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