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Derivada de los ácidos oleicos y metabolizada en el intestino delgado, la OLEILETANOLAMIDA (OEA) podría actuar a través de sensores periféricos para activar los mecanismos cerebrales que regulan el apetito y la saciedad, dando lugar a nuevos tratamientos para combatir la obesidad y otros trastornos de la alimentación.
Científicos del Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn) dan un paso adelante en la batalla contra la obesidad y los trastornos alimentarios al descubrir nuevos datos sobre la llamada OLEILETANOLAMIDA (OEA).
Este componente natural, derivado de los ácidos oleicos y producido en el intestino delgado, ejerce un papel clave en los mecanismos cerebrales que regulan la ingesta y gasto calórico. La ventaja que ofrece su posible uso farmacológico radica en que su efecto anorexígeno (supresor del apetito) es periférico, a diferencia de la activación directa de ciertas vías cerebrales de la mayoría de los medicamentos inhibidores del hambre que existen hoy en día.
El estudio, probado en roedores y publicado en el número de marzo de la revista "Neuropharmacology", está liderado desde el Hospital Universitario Carlos Haya de Málaga por el Dr. Fernando Rodríguez de Fonseca, jefe de grupo del CIBERobn. De confirmarse en humanos los resultados de este ensayo realizado en animales, el OEA podría conducir al desarrollo de tratamientos más seguros contra la epidemia de la obesidad.
Aceites vegetales contra la obesidad
El ácido oleico es un ácido graso monoinsaturado de la serie omega 9, típico de los aceites vegetales como el de oliva o del aguacate. Ejerce una acción beneficiosa en los vasos sanguíneos reduciendo el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.
Los ácidos oleicos se transforman en oleiletanolamida en la región superior del intestino delgado. Este componente envía mensajes al cerebro que reprimen el hambre y aumentan la sensación de saciedad. En niveles elevados, el OEA puede reducir el apetito, producir pérdida de peso y bajar los niveles de colesterol y triglicéridos.
Amparándose en estudios previos sobre cómo la administración de OEA causa una supresión de la dosis y el tiempo dependiente del consumo de alimentos, el objetivo del CIBERobn fue evaluar si las acciones anorexígenas del OEA son mediadas por la modulación de las señales centrales y/o periféricas involucradas en la regulación de la alimentación.
Los experimentos se realizaron en ratas Wistar machos en condiciones de ayuno. Se midieron los neuropéptidos hipotalámicos y los niveles plasmáticos de señales endocrinas relevantes. “La administración de OEA indujo cambios en la actividad hipotalámica, pero carecía de efecto sobre la expresión de neuropéptidos (pequeñas moléculas con función cerebral tanto estimulante como inhibidora) en los núcleos neuronales. Además, el OEA produjo cambios periféricos en los péptidos intestinales”, apunta el Dr. Rodríguez. Los resultados sugieren, por tanto, que las propiedades anorexígenas del OEA están mediadas por señales periféricas y por alteraciones centrales en neuropéptidos, expresadas por las estructuras hipotalámicas relacionadas con la alimentación que reciben las aportaciones de los sistemas sensoriales periféricos.
Esto se explica porque al inyectar OEA en la cavidad corporal de las ratas se observó que disminuían sus ganas de comer y la falta de alimento reducía la biosíntesis de OEA en el intestino delgado. Pero esta reducción en la cantidad de comida no tiene lugar cuando el compuesto se inyecta directamente en el cerebro o cuando las fibras sensoriales fuera del sistema nervioso han sido extirpadas. “Podemos decir pues que el OEA puede actuar a través de sensores periféricos para activar los mecanismos cerebrales que regulan la alimentación, lo que podría dar lugar a nuevos métodos de tratamiento de los trastornos alimentarios y la obesidad”, señala el jefe de grupo del CIBERobn.
Fármacos seguros para la inhibición del apetito
La oleiletanolamida está implicada en el complejo sistema de señales centrales y periféricas que regula la homeostasis energética. En la periferia, el OEA interactúa con la circulación de factores y mediadores metabólicos del tracto gastrointestinal y el tejido adiposo relacionados con el apetito y el balance de energía.
“Es el componente periférico de la actividad del OEA el que resulta especialmente atractivo en términos de enfoques terapéuticos para combatir los trastornos alimentarios y la obesidad, ya que la falta de efectos centrales de este nuevo tipo de señales podría dar lugar a tratamientos seguros y libres de los efectos adversos sobre el sistema nervioso que tienen algunos de los medicamentos que hoy en día se utilizan como inhibidores del apetito”, señala además el profesor Rodríguez de Fonseca.
Estos fármacos, que son absorbidos en el aparato digestivo de forma inmediata y alteran el sistema nervioso central, pueden provocar dependencia a causa de sus componentes psicotrópicos; además de otras consecuencias fatales como arritmias, crisis de hipertensión o accidentes cerebro-vasculares.
Pegamento molecular que consolida la memoria a largo plazo
Pero, además de ser un importante factor de saciedad periférico que inhibe la ingesta de alimentos y la ganancia de peso corporal, la oleiletanolamida también ejerce un papel clave en la fijación de recuerdos a largo plazo, según un reciente estudio de la Universidad de California en Irvine (Estados Unidos). Es decir, produce la consolidación de la memoria o el proceso por el que los recuerdos superficiales a corto plazo se transforman en recuerdos a largo con sentido.
En este caso, se descubrió que al administrar OEA a roedores se aumentaba la retención de la memoria, actuando de “pegamento molecular”, al ayudar a los mamíferos a recordar dónde y cuándo habían tomado una comida.
La relación entre OEA y fijación de recuerdos a largo plazo podría también abrir ventanas a la lucha contra enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer o el Parkinson. |