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El FGF21 podría ser un ingrediente
clave a la hora de diseñar fármacos a medida que
faciliten la pérdida de peso y la disminución de
los niveles de grasas en sangre.
Recientes estudios han constatado
que el FGF21, la hormona que reduce los niveles de glucosa y activa
la grasa parda produciendo calor y quemando tejido adiposo, puede
ser también efectiva a la hora de combatir los efectos
secundarios del tratamiento antirretroviral en pacientes infectados
por el virus del SIDA que presentan lipodistrofia, alteración
en la forma en que el cuerpo produce, usa y almacena la grasa,
provocando, en muchos casos, desfiguración.
En esta línea, el Centro de Investigación
Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y
la Nutrición (CIBERobn) a través del grupo de Biología
Molecular y Regulación Génica del Tejido Adiposo
y sus patologías, liderado desde Barcelona por el doctor
Francesc Villarroya, ha abierto una nueva vía de investigación
para estudiar los posibles usos terapéuticos del FGF21
a la hora de combatir ambas patologías.
Lipodistrofia, poca grasa y mal localizada
La lipodistrofia es una condición patológica que
se caracteriza por la alteración en la distribución
del tejido adiposo en pacientes infectados por VIH y con tratamiento
antirretroviral. Los sujetos que la padecen experimentan cambios
anormales en la distribución de la grasa corporal que pueden
consistir en la acumulación excesiva de grasa en abdomen,
senos y zona dorsocervical y al mismo tiempo pérdida en
otras partes del cuerpo como pueden ser los brazos, las piernas,
las nalgas y la cara. Modificar estas deformaciones corporales
obliga a cambiar la terapia antirretroviral o acudir a tratamientos
quirúrgicos como los implantes sintéticos o de la
propia grasa en las zonas atróficas.
El sexo de los pacientes determina la manera de experimentar lipodistrofia.
Mientras las mujeres son más propensas a experimentar un
aumento del tamaño de los senos y ganar más peso
que los hombres, éstos manifiestan desgaste en el rostro
y las extremidades siendo más proclives a presentar cambios
anormales en los niveles de colesterol y triglicéridos.
Un nuevo actor que garantiza el equilibrio
metabólico
El FGF21 es una proteína liberada por el hígado
que garantiza el equilibrio del metabolismo que aparece alterado,
tanto en los sujetos con sobrepeso como en los que sufren lipodistrofia.
En estos últimos, la distribución de grasa corporal
se acumula en la zona abdominal, lo que provoca no sólo
cierta desfiguración en el paciente, sino también
alteraciones globales como dislipidemia, que es el aumento anormal
de lípidos sanguíneos, propensión a la diabetes
y riesgo cardiovascular, similar a la obesidad.
Por ello, para comprobar el comportamiento de esta hormona en
ambos perfiles de pacientes, el equipo del doctor Villarroya,
en colaboración con el doctor Pere Domingo, miembro de
la Red de Investigación en SIDA del Instituto de Salud
Carlos III, seleccionaron una muestra formada por 179 pacientes
que clasificaron en cuatro grupos: 59 pacientes infectados de
VIH con lipodistrofia, tratados con fármacos antirretrovirales,
45 personas con VIH, tratadas también con antirretrovirales,
pero sin lipodistrofia, 41 sujetos con VIH sin medicar y un cuarto
grupo de control conformado por 34 individuos sanos.
Agrupados los participantes, los investigadores procedieron a
analizar los niveles séricos del FGF21 de cada grupo correlacionándolos
con otros parámetros indicativos que mostraban alteraciones
en la distribución de grasa, el riesgo metabólico
y cardiovascular.
El resultado del estudio mostró un incremento anormal de
los niveles séricos del FGF21 en todos los pacientes infectados
por VIH siendo este aumento más acusado en los sujetos
con lipodistrofia. De ello se desprende que los niveles
de FGF21 muestran una correlación positiva con los indicadores
de la lipodistrofia, la resistencia a la insulina, la lesión
hepática y la dislipidemia, al igual que en pacientes obesos,
declara el doctor Villarroya.
A patologías distintas, iguales
alteraciones metabólicas
Después de pocos años de establecerse los tratamientos
antirretrovirales para el VIH se constató que producían
lipodistrofia en los pacientes a los que se les suministraba.
El estudio de esta patología ha permitido comprender mejor
la biología y comportamiento del tejido adiposo en su relación
con el metabolismo corporal de energía, lípidos
y carbohidratos.
De ahí la aparente paradoja de que tanto el exceso de tejido
adiposo (obesidad) como su ausencia y mala distribución
(lipodistrofia) conduzcan a las mismas alteraciones metabólicas.
Ello se debe a que el tejido graso es un órgano fundamental
para mantenernos saludables. Carecer de depósitos grasos,
hace que los lípidos se acumulen en la sangre, en niveles
superiores a lo normal, lo que, al igual que en la obesidad, conduce
al desarrollo progresivo de las enfermedades cardíacas.
Así mismo profundizar en la lipodistrofia también
ha permitido comprender el mecanismo por el cual se produce una
de las complicaciones más frecuentes en la obesidad, la
diabetes tipo 2. Esto se debe a que en la diabetes tipo 2 hay
resistencia a la insulina. Cuando esto sucede, la glucosa no penetra
a la célula y se eleva en la sangre. Si se continúa
ingiriendo grasas, la saturación de los depósitos
hace que los ácidos grasos terminen por invadir las células
musculares, desencadenando dicha resistencia. Esta es la razón
de por qué tanto los pacientes obesos como los sujetos
con lipodistrofia llegan a presentar resistencia a la insulina,
afirma el doctor Villarroya.
FGF21, lector biológico para fármacos
a medida
En los modelos de ratones obesos o lipodistróficos
hemos observado también un aumento del FGF21. Es como si
el organismo intentara, sin éxito, aumentar los niveles
de esta hormona para favorecer la oxidación del exceso
de grasas en la sangre. No obstante, sabemos que incluso en esos
ratones, si incrementamos más sus niveles de FGF21 inyectándoselo,
se logra mejorar su estado metabólico. Por ello habrá
que estudiar si esta estrategia puede ser útil para mejorar
el metabolismo en los pacientes infectados por VIH con lipodistrofia,
concluye el jefe de grupo del CIBERobn.
Nuevas vías de investigación que permitirán
comprobar si la hormona FGF21 se puede utilizar como lector biológico
del estado metabólico de una persona y si esta nueva información
puede ayudar a diseñar dietas a medida de cada paciente.
Y si se puede emplear en la elaboración de medicamentos,
no sólo para perder peso, sino también para disminuir
los niveles de lípidos en sangre.
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