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Sumario
Nº 1
> Sistema
inmunitario
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El sistema inmunitario como marcador de salud
y longevidad
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Prof.
Mónica De la Fuente
Departamento de Fisiología Animal. Facultad de Ciencias Biológicas
Universidad Complutense de Madrid..
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Resumen |
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El sistema inmunitario es el encargado de reconocer
"lo propio" a cada individuo y consecuentemente eliminar
lo que le es extraño, como los microorganismos que le invaden
y las células que se trasforman en tumorales.Se ha demostrado
que la funcionalidad de las células inmunitarias es un
marcador excelente de salud y, en consecuencia, hemos comprobado
que la capacidad funcional de los leucocitos, analizada mediante
una serie de parámetros que hemos estandarizado y que se
modifican con el envejecimiento, es un marcador de "edad
biológica" tanto en humanos como en animales de experimentación.
En un modelo de envejecimiento prematuro que hemos caracterizado
en ratones se ha podido comprobar como el estado de estas funciones
inmunitarias indicadoras de edad biológica es un marcador
de longevidad. Así, los animales con parámetros
inmunitarios propios de sujetos cronológicamente más
viejos tienen una menor esperanza de vida.En relación con
lo indicado es oportuno preguntarse por qué se producen
los cambios en la funcionalidad inmunitaria que aparecen con el
envejecimiento. Nuestra respuesta es que, al igual que en otras
células del organismo, la inmunosenescencia es resultado
del estrés oxidativo (aumento en la producción de
radicales libres (RL) en la necesaria utilización del oxígeno,
y descenso en los niveles de defensas antioxidantes que puedan
neutralizarlos para evitar sus efectos nocivos) que se va produciendo
en las células inmunitarias con el paso del tiempo. Además,
sugerimos que el sistema inmunitario, dada su necesidad de producir
RL y compuesto oxidantes e inflamatorios para poder cumplir su
papel funcional, está muy directamente implicado en la
oxidación/inflamación que subyace al proceso de
envejecimiento. En base a lo indicado se ha estudiado, como estrategia
que permita impedir el estrés oxidativo comentado, la utilización
de suplementos dietéticos de antioxidantes. Tanto en sujetos
humanos como en animales de experimentación se ha comprobado
que esa ingestión de antioxidantes por individuos viejos
modifica los parámetros funcionales de los leucocitos,
dejándolos en niveles similares a los de los adultos. Este
"rejuvenecimiento" inmunitario se manifiesta, en los
animales de experimentación, con una mayor longevidad,
lo que apoya la teoría oxidativa/inflamatoria del envejecimiento
y el papel de marcador de salud y esperanza de vida que tienen
las funciones leucocitarias estudiadas.
Palabras clave: Sistema inmunitario. Envejecimiento. Estrés
oxidativo. Antioxidantes
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El
sistema inmunitario |
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Desde que nacemos nos
encontramos continuamente expuestos a padecer infecciones y procesos
cancerosos, frente a los cuales sucumbiríamos si no fuera
porque disponemos de un complejo sistema fisiológico que
nos defiende de los mismos, el sistema inmunitario. El sistema inmunitario
está constituido por una gran variedad de células
y moléculas capaces de reconocer y eliminar un número
ilimitado de diferentes agentes extraños al organismo, entre
los que se incluyen no sólo los microorganismos invasores
sino también las células de nuestro cuerpo que constantemente
se nos están malignizando. Las células del sistema
inmunitario, los leucocitos, tienen una amplia capacidad funcional
y presentan multiples y complejas formas de comunicación.
Los mecanismos que utilizan estas células para llevar a cabo
su función, lo que se denomina "respuesta inmunitaria",
se basan en el reconocimiento de lo extraño, el antígeno;
en la activación frente a ese antígeno, hecho que
está perfectamente regulado (pues una activación no
controlada del sistema inmunitario puede ser la causa de patologías
y mortalidad); y en la destrucción de lo extraño (la
infección o las células malignizadas). Con estas propiedades
el sistema inmunitario es idóneo para encargarse del reconocimiento
de nuestra propia integridad, de lo que constituye nuestro "yo",
y de este modo poder defendernos de lo extraño a cada uno
de nosotros. Por todo lo indicado resulta evidente que una adecuada
función leucocitaria sea fundamental para el correcto funcionamiento
corporal. En base a ello, se ha propuesto la capacidad funcional
de los leucocitos como un indicador, sin duda el mejor, del estado
de salud del individuo y consecuentemente de su longevidad (1).
El sistema inmunitario, al tener un papel relevante en el mantenimiento
de la homeostasis corporal se considera actualmente un claro sistema
regulador, en igualdad de condiciones con los sistema reguladores
clásicos como el sistema nervioso y el endocrino (2-4). |
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El
sistema neuroinmunoendocrino |
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Un hecho que merece
la pena destacar es que el sistema inmunitario no trabaja aisladamente,
sino que lo hace en conexión con los otros sistemas reguladores
del organismo: el sistema nervioso y el sistema endocrino. La comunicación
bidireccional entre estos sistemas reguladores se confirmó
científicamente en los años setenta con los trabajos
de Besedovsky y sus colaboradores, al observar como los niveles
de glucocorticoides se elevaban durante la respuesta inmunitaria
produciendo un efecto supresor sobre la misma (5). Posteriormente,
éstos y otros investigadores confirmaron esa conexión
(6-8). De este modo se estableció que el SI representa un
sistema de recepción de información de estimulos no
cognocitivos que aparecen en el organismo (infecciones, células
malignizadas o extrañas) y respuesta a los mismos, comunicando
dicha información (a través de las citoquinas que
produce) al sistema neuroendocrino con el que así se conexiona.
Por su parte el sistema neuroendocrino es receptor de estimulos
cognitivos (luz, sonido, situación de estrés, etc.)
a los que responde, y sus mediadores (neurotransmisores y hormonas)
llegan al sistema inmunitario informandole de la situación.
De este modo, existe un sistema neuroinmunoendocrino que permite
el mantenimiento de la homeostasis corporal, y por tanto de la salud
de los individuos. La demostración científica de esa
comunicación, ha permitido comprender, en base a los datos
experimentales, toda una serie de hechos observados en la vida cotidiana.
Es evidente que las situaciones de depresión, estrés
emocional o ansiedad, provocadas por ejemplo por la pérdida
de trabajo o de un ser querido, entre otras, se acompañan
de una mayor propensión a padecer desde procesos infecciosos
hasta cánceres o enfermedades autoinmunes, lo que supone
que el sistema inmunitario se encuentra deteriorado y consecuentemente
hay una peor salud y menor longevidad. Por el contrario, situaciones
agradables o una "visión optimista" de la vida
nos ayuda a superar enfermedades que tienen una base inmunitaria
y, en general, a tener mejor salud. Por otra parte, se ha confirmado
que alteraciones en el sistema inmunitario, como puede suceder en
un proceso infeccioso, modifican la funcionalidad del sistema nervioso
puediendo llegarse, en algunas situaciones extremas, a estados psicóticos.
Hoy se sabe que las células de los tres sistemas comparten
receptores para los mediadores típicos de los otros. Así,
cualquier incidencia que podamos ejercer en el sistema inmunitario
repercutirá en los sistemas nervioso y endocrino, y a la
inversa. |
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Cambios
en el sistema inmunitario con la edad |
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El deterioro que experimenta
el sistema inmunitario con el envejecimiento, suceso que se denomina
inmunosenescencia, se considera determinante de la morbilidad y
mortalidad que se da en el ser humano al avanzar la edad (1). De
hecho, es conocido que al envejecer tienen lugar una mayor incidencia
de infecciones, fenómenos autoinmunes y canceres, patologías
que indican la presencia de un sistema inmunitario poco eficiente.
Además, el mayor porcentaje de muertes en la vejez tiene
lugar por procesos infecciosos (9-10). Tal es la importancia de
una correcta inmunidad en el mantenimiento de la salud que una de
las teorías sobre el por qué se produce el envejecimiento,
la "teoría inmunitaria", hace responsable de las
alteraciones que tienen lugar en el organismo con el paso del tiempo
a los cambios que acontecen en el sistema defensivo (11,12). No
obstante, puede ser entendible que, a pesar de haberse producido
en los últimos años un aumento en los estudios sobre
inmunosenescencia, dado lo complejo y heterogéneo que es
el envejecimiento y el sistema que nos ocupa, con sus variadas poblaciones
y subpoblaciones celulares, las interacciones entre las mismas y
con las de otros sistemas fisiológicos, no se sepa todavía
adecuadamente lo que sucede en el sistema inmunitario al envejecer,
ni el papel de los cambios en este sistema con la edad en el envejecimiento
general del organismo.
Aunque las células inmunitarias modifican su capacidad funcional
al avanzar la edad, no todas parecen manifiestar un claro deterioro.
Las hay que se encuentran más activadas y otras no muestran
cambios sustanciales al envejecer. Por todo ello, todavía
existen bastantes controversias sobre las modificaciones que experimenta
la respuesta inmunitaria con el envejecimiento. Ante los datos existentes
sobre este tema, se asume que con la edad se da una "reestructuración"
que afecta a cada componente del sistema inmunitario y a las interacciones
entre los mismos (2, 9,13-15).
Puesto que se hace evidente la importancia de conocer cómo
se modifican toda una serie de funciones claves de las células
inmunitarias, analizadas ex vivo pero en las condiciones lo más
parecidas a como se encuentran in vivo, para establecer valores
de referencia, nuestro grupo ha llevado a cabo un estudio sobre
los cambios que tienen lugar con la edad, tanto en animales de experimentación,
concretamente en ratones, como en el ser humano, en los tres tipos
de células inmunitarias más representativas, esto
es, los fagocitos (macrófagos peritoneales en el caso de
los ratones y neutrófilos de sangre periférica en
el de los seres humanos), los linfocitos (del peritoneo y de órganos
inmunocompetentes en el caso de los animales de experimentación
y de sangre periférica en los humanos) y las células
"natural killer" (NK) (de las mismas localizaciones que
los linfocitos). En estos tres tipos celulares hemos analizado diferentes
funciones, las cuales se relacionan en la tabla I. En los fagocitos
se han estudiado las diversas funciones que establecen en su proceso
fagocítico, esto es: la capacidad de adherirse a sustratos
tisulares, propiedad previa a la movilidad de estas células
hacia el foco infeccioso (quimiotaxis), la capacidad de ingestión
o fagocitosis del material extraño y la producción
de radicales libres o especies reactivas de oxígeno (ROS)
y nitrógeno (RNS) que permiten la digestión de los
microorganismos fagocitados. Así mismo, se analizaron la
liberación de ciertas citoquinas producidas por los fagocitos
como el factor de necrosis tumoral (TNFalfa) y la interleuquina
1 (IL-1). En los linfocitos se han estudiado las funciones que los
mismos desarrollan en su respusta a los antígenos, esto es,
su capacidad de adherencia a tejidos, la de movilidad que le permite
llegar al sitio de reconocimiento antigénico, la respuesta
proliferativa a lo extraño, antígenos o mitógenos,
y la producción de citoquinas necesarias para dicha proliferación
como la IL-2. En las células NK se ha estudiado su capacidad
citotóxica frente a células tumorales.
Curiosamente, aunque se ha dicho que las comparaciones entre la
inmunosenescencia de ratones y humanos es dificil por sus diferentes
características en muchos aspectos fisiológicos, la
realidad es que el análisis de nuestros resultados, así
como los de otros investigadores, demuestran que la evolución
de los cambios que experimentan las funciones inmunitarias con la
edad (meses en los ratones y años en los humanos) son iguales.
Las modificaciones de las funciones indicadas, mostrando la tendencia
general de las mismas al envejecer, se recogen en la tabla I. Sin
embargo, la evolución de los cambios a lo largo de la vida
es diferente de unas funciones a otras. Hay funciones que aumentan
continuamente con la edad, es el caso de la adherencia o la produción
de TNFalfa, ROS y RNS. Otras, como la respuesta linfoproliferativa,
la producción de IL-2 o la actividad NK aumentan en el adulto
respecto al joven y disminuyen significativamente en la vejez. Por
su parte, hay funciones que van disminuyendo desde la juventud a
la vejez, es el caso de la quimiotaxis y la fagocitosis. En este
contexto se puede entender que si por ejemplo en una función
que sigue la cinética de linfoproliferación, se compara
entre individuos muy jóvenes (ratones de 2-3 meses, que son
los habitualmente utilizados en los estudios inmunitarios) con los
viejos (ratones de 22 meses), el resultado es una ausencia de cambios.
Igualmente, la comparación de los resultados obtenidos en
animales muy jóvenes con viejos-jóvenes (los ratones
de 14-17 meses, que pueden ser considerados por algunos investigadores
como viejos) nos llevarían a afirmar que esta función
aumenta con el envejecimiento. Esto puede explicar muchos de los
resultados contradictorios que se tienen en los estudios sobre la
inmunosenescencia, como se comentó previamente.En esta misma
función, la respuesta proliferativa de los linfocitos a lo
extraño, así ocmo en la producción de IL-2,
dos funciones fundamentales, y las más sensibles de las estudiadas
en la respuesta inmunitaria a las influencias de factores psicológicos
y fisiológicos que pueden incidir en el sistema inmunitario
y en la salud del individuo, hemos podido comprobar que en el ser
humano la mayor respuesta tiene lugar en la década de los
treinta en el hombre y en la delos cuarenta en la mujer, disminuyendo
posteriormente de forma significativa hasta la década de
los setenta. Recordemos que es en esa década en la que tiene
lugar la máxima mortalidad en el ser humano (la esperanza
de vida media en los paises desarrollados es de unos 72 años
en el hombre y de unos 78 en la mujer). Otro hecho digno de destacarse
es que estas dos funciones, la respuesta linfoproliferativa y la
producción de IL-2,se encuentran en la mayoría de
las personas de ochenta, noventa y cien años en al mismo
nivel que los adultos. Esto nos demuestra lo que ya han apuntado
algunos autores, que los individuos que llegan a esa avanzada edad
son los que tienen un sistema inmunitario más adecuado, concretamente
unos linfocitos T en buen estado funcional (los datos comentados
fueron obtenidos en respuesta al mitógeno fitohemaglutinina,
PHA, un mitógeno típico de linfocitos T humanos).
Esto puede deberse a que tales células se mantienen mejor,
bien per se o como consecuencia de otros factores que repercuten
en ese correcto funcionamiento. Sea debido a uno u otro motivo,
el hecho es que esos resultados siguen acreditando al sistema inmunitario
como un excelente marcador de salud y longevidad.
Resumiendo lo comentado, se puede decir que con el paso del tiempo
el sistema inmunitario cambia, se "reestructura" como
han indicado algunos investigadores. Resulta curioso que, en general,
los cambios en el sistema inmunitario con la edad se manifiestan,
por una parte con una menor respuesta en aquellos aspectos que nos
podrían resultar más beneficiosos, y por otra parte
con una exagerada respuesta de actividades que, aunque en principio
tengan una función defensiva, pueden resultar perjudiciales
al producirse en exceso (2, 9, 15). Así, al envejecer son
las funciones de la inmunidad mas inespecífica, como la capacidad
de adherencia a sustratos tisulares, la producción de ROS,
de RNS y la de citoquinas de tipo proinflamatorio como el TNFalfa,
las que se estimulan (Tabla I). Esas funciones activadas son precisamente
las que más claramente se relacionan con un estado de oxidación
en el individuo (16, 17), lo que podría manifestar la presencia
de esa oxidación en la vejez (18), hecho que se comentará
más adelante. |
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El
sistema inmunitario como marcador de edad biológica |
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El concepto de "edad
biológica" o "edad funcional" surge como consecuencia
de la diferente celeridad con que tienen lugar los cambios fisiológicos
que acompañan al envejecimiento en cada uno de los miembros
de una población con la misma edad cronológica (19).
Este concepto, introducido en principio por las compañias
de seguros de EEUU, se manifiesta fundamental para concocer el grado
de envejecimiento que ha experimentado cada individuo analizado
y consecuentemente su esperanza de vida. Para determinar esa "edad
biológica" es necesario la utilización de biomarcadores.
Puesto que el envejecimiento se asocia con una gran variedad de
alteraciones a todos los niveles de organización biológica,
que van afectando de forma diferente a los diversos sistemas de
cada individuo y a los distintos individuos de una especie, es necesario
seleccionar una serie de parámetros bioquímicos, fisiológicos
y psicológicos que cambian con la edad y que pueden ser sometidos
a análisis estadísticos para poner de manifiesto las
relaciones entre edad biológica, edad cronológica,
pérdida de salud y expectativas de longevidad. La investigación
más exhaustiva al respecto ha sido la de Borkan y Norris
(20), realizada en mas de mil varones participantes en el estudio
de envejecimiento humano del Centro Gerontológico de Baltimore.
Este estudio demostró que aunque no se puede hablar de una
edad biológica integrada para un individuo, ya que cada sistema
fisiológico puede tener su determinada edad biológica
diferente de la de los otros sistemas, la presencia de ciertos parámetros
"más envejecidos" que los de la mayoría
de las personas de su misma edad cronológica suponen una
tendencia a morir prematuramente. En tales parámetros se
incluian los de función respiratoria, tensión arterial
sistólica y tiempo de reacción en pruebas psicológicas.
En ese estudio no se incluyeron los parámetros de función
inmunitaria comentados, pero, en la actualidad, se están
considerando a los mismos como fundamentales y muy representativos
de una edad biológica genérica del individuo. Así,
se ha comprobado una relación entre una buena función
de las células T o de las NK y una mayor longevidad. Un hecho
que demuestra el importante papel del sistema inmunitario en la
salud y longevidad de los individuos es que los centenarios que
llegan a esas edades con buena salud, son los que tienen una funcionalidad
de sus células inmunitarias perfectamente conservadas y semejante
a la de los adultos (21), como ya se indicó anteriormente.
En este contexto nuestro grupo se propueso hace unos años
comprobar que los parámetros inmunitarios estandarizados
en ratones y en humanos, antes comentados, pudiesen servir de marcadores
de edad biológica. Para ello, tales parámetros debian
relacionarse con la esperanza de vida de los individuos, hecho que
unicamente podríamos demostrar en los animales de experimentación,
los ratones (con una longevidad de unos dos años). Para llevar
a cabo este objetivo se ha contado con un modelo, en ratón,
de envejecimiento prematuro que relaciona de forma evidente el estado
inmunitario de cada animal con la longevidad de los mismos. Este
modelo, que es una constatación más de la relación
entre el sistema nervioso y el inmunitario, se basa en la diferente
realización de una prueba conductual en un laberinto en T
simple por ratones del mismo sexo y edad cronológica. Los
animales que realizan peor la prueba tienen una mayor edad biológica,
esto es un envejecimiento prematuro. Esto se detectó en primer
lugar por tener dichos animales un sistema inmunitario más
envejecido, mostrando los diferentes parámetros funcionales
estudiados, tanto de fagocitos como de células NK y linfocitos,
los valores de los de animales con mayor edad cronológica.
Tambien mostraron estos ratones prematuramente envejecidos unos
niveles de ansiedad e hiperemocionalidad mayores y una neuroquímica
cerebral correspondiente a los de mayor edad cronológica.
Lo que definitivamente aseguró tales parámetros como
marcadores de edad biológica es que dichos animales prematuramente
envejecidos tenían una significativamente menor longevidad
(22-28). |
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¿Por
qué se produce la inmunosenescencia? |
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Una vez comprobado que
a lo largo de la edad tienen lugar cambios en la función
inmunitaria y que la misma puede suponer un excelente marcador de
la edad biológica del individuo y consecuentemente de su
longevidad, muchas investigaciones gerontológicas, incluidas
las nuestras, se encaminan a conocer cuales son las causas de esos
cambios, los mecanismos que subyacen al deterioro inmunitario. Es
evidente que cuando se conozcan esas causas se podrán llevar
a cabo estratégias que intenten retardar tales alteraciones
inmunitarias y de este modo mantener una mejor salud y asegurarnos
una mayor y mejor longevidad. Antes de comentar los mecanismos que
subyacen a la inmunosenescencia debemos tener presente los hechos
fundamentales que sustentan el proceso de envejecimiento.
En el envejecimiento se produce un deterioro de la homeostasis corporal
que permite toda una serie de alteraciones funcionales que desencadenan
diversas patologías de alta frecuencia en la vejez, o simplemente
la falta de función que conduce a la muerte. De las más
de 300 teorías que según Medvedev (29) se han enunciado
sobre por qué tiene lugar ese deterioro generalizado que
supone el envejecimiento, la de los "radicales libres",
propuesta por Harman en 1956 (30) y desarrollada posteriormente
por él mismo (31) y por otra serie de investigadores entre
los que destaca Miquel (32-33), es posiblemente la más aceptada.
El proceso de oxidación, consecuencia de la utilización
del oxígeno para llevar a cabo la respiración con
los consecuentes procesos metabólicos que permiten la vida,
conduce a la pérdida funcional que conlleva al envejecimiento.
Los radicales libres (RL) de oxígeno que se originan en nuestras
células en esa utilización del oxígeno son
altamente reactivos y por ello dañan todos los tipos de biomoléculas,
esto es, lipídicas, proteícas y el material genético
de las células. Puesto que la mayor producción de
RL o de ROS tiene lugar en la parte de la célula que lleva
a cabo la respiración, la mitocondria, ésta organela
resulta ser la principal diana de los mismos. Parece cada vez más
confirmado que el daño mitocondrial producido por los RL
origina una pérdida de capacidad energética en las
células que conduce al envejecimiento y muerte de las mismas
y consecuentemente a la del individuo (33).
Ante esta toxicidad del oxígeno, las células han desarrollado
una serie de defensas antioxidantes que impiden la formación
de radicales o neutralizan a los mismos una vez generados. No obstante,
estos sistemas defensivos no son perfectos y cuando la producción
de ROS supera la de las defensas antioxidantes se produce un estrés
oxidativo con el consecuente daño celular (34).
A pesar de lo indicado, hay que tener en cuenta que el oxígeno
es imprescindible para la vida y que las ROS, en determinadas cantidades,
son necesarias para muchos procesos fisiológicos fundamentales
para la supervivencia del individuo (16-18). Por tanto, el funcionamiento
de nuestro organismo se basa en un perfecto equilibrio entre niveles
de pro-oxidantes (ROS) y de antioxidantes. Es la pérdida
de este equilibrio, por un exceso en la producción de los
primeros o una menor disponibilidad de los segundos, lo que conlleva
el estrés oxidativo que subyace a la enfermedad y al envejecimiento
(35).
A pesar de los todavía escasos trabajos al respecto, pero
en base a ellos y a nuestras aportaciones se podría afirmar
que la inmunosenescencia tiene lugar por las mismas causas, antes
comentadas, que producen el envejecimiento de todos los componentes
celulares de nuestro organismo: por la oxidación debida a
la necesaria utilización del oxígeno y la acción
nociva de los radicales libres (36) en cantidades no controladas.
El sistema inmunitario es un claro ejemplo de la necesidad de mantener
el equilibrio oxidantes/antioxidantes para conservar un estado funcional
adecuado. Para llevar a cabo gran parte de sus funciones las células
inmunitarias requieren producir ROS, siendo los leucocitos activados
una fuente importante de oxidación (16-18). Además,
hay que tener presente que estas células son particularmente
sensibles a la oxidación dado el alto porcentaje de ácidos
grasos poliinsaturados que tienen en sus membranas, el papel crítico
de la señalización intracelular relacionada con esas
membranas y la expresión génica que requieren en su
labor defensiva. Por ello, si en cualquier célula del organismo
es importante preservar el mencionado equilibrio, más lo
es en las células de nuestro sistema defensivo, en las que
dicho equilibrio puede determinar su capacidad funcional (37).
Los cambios que se producen en la funcionalidad de las células
inmunitarias con el envejecimiento se deben de forma importante
al "estrés oxidativo crónico" que experimentan
las mismas con el paso del tiempo. Este hecho lo hemos podido ratificar
al llevar a cabo un estudio de la evolución que experimentan
las mismas funciones analizadas a lo largo de los meses de vida
de los ratones, las recogidas en la tabla I, en las horas que sobreviven
estos animales con un "estrés oxidativo agudo",
el producido por una septicemia. Así, en animales a los que
se les produce un "shock endotóxico" por inyección
de lipopolisacarido (LPS) bacteriano (E. coli) y que mueren en su
totalidad a las 30 horas de haberles provocado la infección,
la cinética de las funciones estudiadas basicamente es la
misma que la apreciada en el estudio de envejecimiento (17). Es
conocido que en el shock endotóxico, una de las principales
causas de muerte en las unidades de cuidados intensivos, es el estrés
oxidativo que producen las células inmunitarias, en su intento
de defendernos de la infección, lo que conduce a la muerte
del individuo. Además, estudios recientes de nuestro grupo
han ampliado este paralelismo no sólo a las funciones inmunitarias,
también a los niveles de compuestos oxidantes y proinflamatorios
asi como de antioxidantes en las células del sistema defensivo,
los cuales evolucionan de la misma manera en las siguientes horas
tras la inyección de LPS que en meses en el envejecimiento. |
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Participación
del sistema inmunitario en los procesos de envejecimiento: Teoría
de la oxidación/inflamación |
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Una pregunta que podemos
hacernos, conocido el papel del sistema inmunitario, sus modificaciones
con el envejecimiento y lo que subyace a esas alteraciones, un "estrés
oxidativo crónico", es si tales cambios son únicamente
una consecuencia más de los procesos oxidativos que tienen
lugar con el paso del tiempo o pueden resultar una causa importante
de dichos procesos.
Debemos tener presente que las células inmunitarias en el
ejercicio de su función defensiva llevan a cabo una respuesta
inflamatoria, produciendo factores (como el TNFalfa, ROS y RNS),
los cuales sustentan la inflamación y oxidación que
permite la eliminación de lo extraño. Dado que tales
factores oxidantes y proinflamatorios, como se ha comentado anteriormente,
se encuentran aumentados al envejecer, se está elaborando
una nueva teoría del envejecimiento, "la teoría
inflamatoria". De hecho, un factor de transcripción
tan ubicuo como el NF-kB, el cual está implicado en la expresión
de genes de compuestos oxidantes e inflamatorios (como el TNFalfa,
las enzimas del tipo oxido nítrico sintasa inducible (iNOS),
productora de oxído nítrico y de RNS, o la ciclooxigenasa
2 (COX-2), productora de ROS), manifiesta una gran activación
en las células inmunitarias en situaciones de estrés
oxidativo (16-18) como sucede al envejecer (37). De este modo, se
podría establecer un "círculo vicioso" que
fomentaría aun más el estrés oxidativo. Un
planteamiento personal de los acontecimientos que sustentarían
esta teoria inflamatoria/oxidativa, podría ser el hecho de
que nuestro sistema inmunitario con el paso del tiempo se ha tenido
que ir enfrentando a numeroso agentes extraños, lo que ha
creado un desgaste de su equilibrio oxidantes/antioxidantes a favor
de los primeros, dandose un "estrés oxidativo crónico"
que, aunque generalizado en todas las células del organismo,
sería más exagerado en las inmunitarias por su papel
productor de factores oxidantes e inflamatorios en su trabajo cotidiano.
Ese aumento de factores oxidantes e inflamatorios afectaría
con el tiempo a todas las células del organismo, siendo las
más sensibles las diferenciadas postmitóticas.
Por otra parte, como consecuencia del daño oxidativo que
las células inmunitarias van experimentando con el envejecimiento
se daría una pérdida de la capacidad reguladora de
las mismas sobre su propio equilibrio redox, lo que conduciría
al circulo vicioso antes mencionado o mejor aun, a una "espiral
viciosa", puesto que realmente la situación se va agravando
y no se vuelve nunca al mismo estado oxidativo-inflamatorio. Esos
cambios con la edad en las células inmunitarias se manifestarían
también con una señalización intracelular alterada,
lo que las hace responder de forma diferente a los estímulos
que le llegan (9). En este contexto, la comunicación entre
los sistemas reguladores estaría deteriorada, idea que ya
fue emitida a principios de la pasada década como otra de
las teorias del envejecimiento, la que basa las alteraciones que
tiene lugar en el mismo en el fallo en la comunicación neuroinmunoendocrina
(38). De hecho, ya hay aportaciones experimentales que comprueban
como al envejecer no sólo se altera la respuesta del sistema
nervioso, la del endocrino y la del inmunitario sino también
la capacidad de comunicación entre ellos (39-40). Nuestro
grupo ha comprobado como el deterioro funcional que experimentan
las células inmunitarias con el envejecimiento las hace "sordas"
a los mensajes que le llegan del sistema nervioso (37, 39). Por
tanto, como origen de ese deterioro de los sistemas reguladores
y de su comunicación está el estrés oxidativo
que conduce a las alteraciones ya comentadas, y consecuentemente
al fallo homeostático que conlleva el aumento en morbilidad
y mortalidad que tiene lugar con la edad. |
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Estrategias
para revitalizar la función inmunitaria en el envejecimiento:
La ingestión de compuestos antioxidantes |
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Una vez que se tiene
una cierta aproximación a los mecanismos que subyacen a la
inmunosenescencia se pueden establecer estrategias que incidiendo
en los mismos permitan el mantenimiento de una mejor función
inmunitaria al envejecer. En este contexto una de las estrategias
que parecen más evidentes hace referencia a la utilización
de compuestos antioxidantes. Actualmente está claramente
sustentada en abundantes datos experimentales, que la administración
de antioxidantes, muchos de los cuales tienen también un
caracter antiinflamatorio, puede equilibrar el balance celular entre
niveles de oxidación e inflamación con los de las
defensas antioxidantes, reduciendo el estrés oxidativo. |
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Los
antioxidantes en el sitema inmunitario en el envejecimiento |
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Los compuestos antioxidantes,
los cuales presentan la propiedad de impedir la producción
de ROS o de neutralizarlas y por tanto de controlar la oxidación,
pueden ser endógenos o exógenos. Los primeros se encuentran
en nuestro organismo para salvaguardar la existencia de unos niveles
de ROS necesarios para el funcionamiento corporal, evitando una
superproducción o acumulo de las mismas y consecuentemente
los procesos patológicos que las ROS desencadenan (41). Cuando
tiene lugar una disminución de los niveles de antioxidantes
endógenos, lo que suele manifestar un gasto de estos compuestos
en la neutralización del exceso de ROS, los mismos se pueden
aumentar incorporándolos a nuestro organismo a través
de la dieta o mediante la suplementación de cantidades apropiadas
de antioxidantes exógenos.
Dentro de estos antioxidantes exógenos, de los que hoy se
conoce ya una lista considerable, son posiblemente los más
conocidos la vitamina C, la E y los carotenos, aunque otros, entre
los que se puede mencionar el ácido lipoico, los flavonoides
y aquellos de tipo tiólico (que aumentan los niveles intracelulares
de glutation reducido, GSH) se están incorporando a la ya
larga lista de estos compuestos (41).
La vitamina C o ácido ascórbico y el GSH, los dos
antioxidantes intracelulares más importantes y que actuan
de forma cooperativa, son de una gran eficacia frenando el crecimiento
vírico y resultan fundamentales en el sistema defensivo,
protegiendo frente a infecciones, canceres y muchas otras enfermedades.
La vitamina E, el principal antioxidante de las membranas celulares
a las que protege del daño peroxidativo, y que también
trabaja de forma cooperativa con el ácido ascórbico
y el GSH, es un importante protector frente a virus, estimula el
sistema defensivo y mantiene baja la oxidación de las LDL
circulantes (42). Los carotenoides, tienen también un papel
protector frente a canceres y enfermedades coronarias. Unas funciones
similares tienen los flavonoides, que actuan inhibiendo las enzimas
implicadas en el metabolismo del ácido araquidónico,
previniendo de este modo muchas patologías como canceres
o enfermedades vasculares (41). Un grupo de compuestos como la taurina,
la tioprolina o la N-acetilcisteina, entre otros, son aportadores
de GSH a nuestro organismo, teniendo importantes efectos beneficiosos
para la salud tanto por su capacidad de aumentar el contenido de
GSH, como por su propia capacidad de antioxidantes y de antiinflamatorios,
mejorando la supervivencia celular y preservando la función
mitocondrial (41). Si se tiene en cuenta que todas la funcionalidad
celular depende en alto grado de las reacciones redox de los compuestos
tiólicos, el mantenimiento de unos niveles adecuados de GSH
o de otros tioles durante el envejecimiento será fundamental
para una correcta actividad de las células en general y de
las del sistema inmunitario en particular (41), y consecuentemente
para la salud del individuo.
La base del efecto beneficioso en la vejez de antioxidantes como
la vitamina C, la E, los aportadores de GSH o los flavonoides, es
precisamente su capacidad de aumentar el poder reductor, protegiendo
frente al daño oxidativo asociado al envejecimiento. De hecho,
se ha confirmado que las organelas y células de animales
viejos contienen menos GSH que las de los jóvenes, y este
descenso se hace más evidente a la edad en que se da un marcado
aumento en la mortalidad. Así, la administración de
antioxidantes que han demostradado aumentar la esperanza de vida
en animales de experimentación parecen hacerlo protegiendo
del daño por estrés oxidativo y más concretamente
frente a los efectos de dicho estrés en el ADN mitocondrial
y en la pérdida de GSH en esta organela (35). Estos efectos
beneficiosos, al menos en antioxidantes como la vitamina C y la
E, se consiguen con cantidades bastante mayores a las indicadas
en la RDA y recogidas en los complejos vitamínicos (37).
Toda una serie de grupos, incluido el nuestro, han comprobado que
esos antioxidantes son necesarios y se utilizan para llevar a cabo
una adecuada función de nuestro sistema defensivo. Así,
durante la actuación de las células inmunitarias éstas
van consumiendo sus reservas de antioxidantes (43). Esto explicaría,
tanto en animales de experimentación como en el ser humano,
la mejoría de la capacidad funcional del sistema inmunitario,
en la edad adulta, tras la incorporación in vitro o la suplementación
in vivo con diferentes antioxidantes exógenos como la vitamina
C, la vitamina E, el GSH y tioles como la tioprolina o la N-acetilcisteina
(41-48).
Si consideramos que al envejecer se producen mayores niveles de
ROS junto a frecuentes estados de malnutrición y una clara
disminución de los niveles de defensas antioxidantes (35,
41), parece evidente que la suplementación con este tipo
de compuestos podría tener un efecto beneficioso en la neutralización
de dicho estrés oxidativo, consiguiéndose el equilibrio
oxidante/antioxidante pérdido. Por tal motivo, se han efectuado
una serie de trabajos encaminados a comprobar si la administración
de antioxidantes podría tener un efecto estimulador de la
funcionalidad de nuestro sistema defensivo durante la vejez, habiéndose
obteniendose hasta el momento resultados muy prometedores (Tabla
I) al potenciarse el estado de salud y evitarse muchas de las patologías
derivadas del estrés oxidativo (49-52). Precisamente, una
de las observaciones que más acreditan la teoria oxidativa
del envejecimeinto es la comprobación del aumento en la esperanza
de vida de algunos animales de laboratorio tras la ingestión
de ciertos antioxidantes en la dieta (28,53). Además, el
efecto beneficioso de los antioxidantes es más manifiesto
en las células inmunitarias de individuos envejecidos que
en las de los adultos, siendo necesario una mayor dosis de los mismos
a medida que avanza la edad (54). Así, en la población
española la ingestión de vitamina C y vitamina E mejoró
significativamente la funcionalidad de las células inmunocompetentes
en personas mayores (37, 48-49). Esta mejoria supone recuperar los
niveles de función inmunitaria que presentan los adultos
de 30 a 35 años, momento de la vida con la respuesta inmunitaria
más idónea, y se manifiesta con una estimulación
de aquellas funciones que se encontraban deprimidas y con una dismininución
de las que estaban muy activadas (Tabla I). Los efectos reguladores
de esas vitaminas tienen una duración aproximada de seis
meses, ya que los ancianos recuperan la mayoría de los valores
funcionales iniciales tras permanecer ese tiempo sin ingerir antioxidantes.
La capacidad moduladora de los antioxidantes en la función
inmunitaria es más evidentes en aquellos individuos que la
tienen más deteriorada, hecho que lo hemos comprobado tanto
en humanos como en animales de experimentación. En ancianos
con depresión o cardiopatías la suplementación
con vitaminas antioxidantes resultó más efectiva mejorando
su sistema inmunitario que en los individuos sanos de la misma edad,
que, aunque con un sistema defensivo propio de la vejez, se encontraba
en mejores condiciones que el de las personas enfermas (49). En
ratones, los antioxidantes tiólicos mejoraron la función
inmunitaria en mayor medida en los que tenían un proceso
infeccioso por inyección de LPS (48, 55), aumentando la supervivencia
de los mismos, y en los que presentaban un envejecimiento prematuro
(51-52), en los que aumentó la longevidad (28).
Puesto que la mejoría que ejercen los antioxidantes en la
función inmunitaria supone aumentar las funciones que están
disminuidas y reducir las que están muy estimuladas, estos
compuestos no se manifiestan como estimuladores inmunitarios indiscriminados,
más bien restauran los niveles más apropiados para
cada función, en situaciones en las que se encuentran alteradas
por un estrés oxidativo, actuando pues como inmunomoduladores
(48). Esta capacidad moduladora parece ser ejercida a nivel de los
factores intracelulares ubicuos e implicados en la oxidación
e inflamación como el NF-kB (37). El papel regulador afectaría
no sólo al sistema inmunitario sino también a los
otros sistemas reguladores. De hecho, es ya claramente aceptado
el papel de los antioxidantes como restauradores de un gran número
de funciones nerviosas (35, 41). Además, en los ratones prematuramente
envejecidos la ingestión de antioxidantes mejora la respuesta
conductual, lo que prueba que el estrés oxidativo que subyace
al deterioro del sistema inmunitario, pero también al del
sistema nervioso, se neutraliza con la administración de
antioxidantes. Por lo indicado podemos plantear a los antioxidantes
como una herramienta util para neutralizar o enlentecer el deterioro
homeostático que tiene lugar en el envejecimiento, explicando
así su papel en la reducción de la morbilidad y mortalidad
que acontecen con al avanzar la edad. |
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Conclusiones |
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Dado el papel relevante
del sistema inmunitario en el mantenimiento de la salud y en la
longevidad de los individuos, se asume que la eficacia de la suplementación
con antioxidantes reduciendo patologías y aumentando la longevidad
se debe a que dicha estratégia incide de forma evidente en
el "rejuvenecimiento" de la función inmunitaria.
Sea cierto, que un mejor sistema inmunitario es la causa de una
mayor longevidad, o sea meramente esa mejor inmunidad una consecuencia
de la mejoría generalizada del organismo, lo cierto es que
poseer un sistema inmunitario funcionalmente "joven" con
el paso de los años es una garantia de calidad de vida. |
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TABLA I. Cambios
del adulto-joven al viejo en diferentes funciones de las
células inmunitarias. Papel de la ingestión de antioxidantes
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| Célula |
Función
|
Vejez
|
Antioxidantes en vejez*
|
| 1. Fagocitos |
Adherencia
Migración
Fagocitosis
Producción ROS
Producción RNS
Producción TNFalfa
|
Aumenta
Disminuye
Disminuye
Aumenta
Aumenta
Aumenta
|
Disminuye (=adulto)
Aumenta (=adulto)
Aumenta (=adulto)
Disminuye (=adulto)
Disminuye (=adulto)
Disminuye (=adulto)
|
| 2. Linfocitos |
Adherencia
Migración
Proliferación
Producción de IL-2
|
Aumenta
Disminuye
Disminuye
Disminuye
|
Disminuye (=adulto)
Aumenta (=adulto)
Aumenta (=adulto)
Aumenta (=adulto)
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| 3. NK |
Citotoxicidad |
Disminuye
|
Aumenta (=adulto)
|
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