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Cómo funciona el tratamiento antiedad
Fuente: El Mundo-Magazine [Nº200 - Domingo
27 de julio de 2003 ]
"En España 500 personas se están sometiendo a
un tratamiento revolucionario: el “antiaging”, una nueva medicina,
incipiente en nuestro país, que pretende retrasar el reloj biológico
del ser humano. Tras un minucioso examen químico y molecular –se
mide incluso la cantidad de agua que circula por el organismo–,
se diseña un tratamiento “a la carta”. Sin sustancias experimentales,
sin fármacos, sin cirugía. Sólo con aminoácidos, suplementos vitamínicos,
minerales, ejercicio y dieta. Según las estadísticas, el 95% de
las personas que siguen una terapia antiedad tiene más resistencia
a las enfermedades... Rafael Trujillo podría ser una de ellas. Con
58 años tiene el organismo de un hombre de 40. Aunque lo parezca,
él no ha hecho un pacto con el diablo, sino con la ciencia.
Por Paco Rego.
¿Que me quite la camisa? Sin problemas. Van
a ver ustedes que no hay mentira en lo que digo. Y Rafael,
con medio cuerpo desnudo y sin zapatos, hace notar a los presentes
que lo suyo es pura fortaleza. A la vista está. Antes de
que nos demos cuenta, se echa al suelo y empieza a hacer flexiones.
Una, dos, tres... Iba por treinta y tantas cuando el fotógrafo,
Chema Conesa, le advirtió preocupado: Déjelo
ya, hombre, no vaya a ser que le dé algo. 40, 41, 42...
Hasta 50 veces y en frío. Hecha la exhibición, Rafael
da un brinco y se pone en pie como si nada. Lo hago habitualmente
para calentar antes de los partidos de tenis, comenta restándole
importancia. Pulsaciones, 48, las mismas que Indurain. Increíble.
Tensión arterial, 12/7. No hay rastro de sudor, ni un sofoco
ni un amago de mareo. Tampoco ánimo exhibicionista en este
empresario extremeño que enseña abiertamente las huellas
dejadas en su cuerpo por año y medio de tratamiento antiedad.
Cuando se quita la ropa a petición del fotógrafo,
su desnudo es la encarnación de sus palabras: Tengo
58 años y el organismo de un hombre de 40. Sobra decirlo.
En su pueblo de Peraleda del Zancejo (Badajoz), los vecinos, desconcertados,
hacen apuestas para ver quién acierta su edad. Incluso más
de una vez mis empleados me han preguntado si he hecho un pacto
con el diablo.... Como en aquel Retrato de Dorian Gray, de
Oscar Wilde. No, aquí no hay novela, dice Rafael
Trujillo riéndose. Ni siquiera entonces asoma en su rostro
una arruga. El extremeño tiene una piel prodigiosa. Lo dicen
hasta los análisis clínicos. Su Ph es el de un joven
de 18 años. Y todo empezó porque le flaqueaban las
piernas. Un trabajador incansable como él, se dijo, no puede
rendirse así al paso del tiempo. Hasta que una noche, haciendo
zapping vio en la tele a un hombre maduro, fuerte y con buena presencia,
que hablaba de su lucha contra la vejez y del método que
seguía. Lo que buscaba, pensó Rafael. Sin pócimas
milagrosas, sin cirugías...
Él, que no es persona de medianías,
recuerda lo que le rondaba por la cabeza cuando al día siguiente
cruzó la puerta de la clínica para arreglarse. Si
me hubieran prometido un tratamiento como el elixir de la eterna
juventud, les habría mandado a hacer gárgaras.
No hay truco. Mira estas piernas, están duras como
piedras, he perdido la grasa del cuerpo y he ganado músculo.
¿Hay algo de usted que no le guste?
Sólo tengo una queja: la vida es muy
corta.
La suya, por lo que se ve, ha ganado años.
¿Hasta dónde quiere llegar?
Al límite... Quiero vivir todos los
años que la ciencia pueda regalarme.
¿Se ve usted con 120?
Sin duda. Aunque por desgracia seríamos
muy pocos. No todo el mundo podría pagar los 6.000 euros
o más que cuesta el tratamiento.
Nuestro hombre, que confiesa no haber pisado antes
la consulta de un médico, es uno de esos 500 pioneros españoles
(unos 5.000 pacientes al año en Alemania) que hoy siguen
una terapia antiaging, una medicina, incipiente en España,
que intenta retrasar el reloj biológico. A ella recurren
amas de casa, abogados... Por lo general, personas que, sin sentirse
enfermas, notan que les cuesta tirar hacia adelante. Por eso, algunas
se sorprenden al comprobar el exhaustivo diagnóstico biomédico
al que han de someterse. Hígado, riñones, intestinos,
olfato y visión, memoria, sistema hormonal y sanguíneo...
Incluso las uñas y la saliva.
El fin no es otro que obtener un retrato químico
y molecular del paciente, lo más exacto posible, del que
saldrá la terapia definitiva. Lo que los expertos definen
como tratamiento a la carta. Sin medicamentos. Ni sustancias experimentales.
Ni alquimias. Sólo aminoácidos, suplementos vitamínicos,
minerales, dieta y oligoelementos para contrarrestar la oxidación
celular. Y, por supuesto, la parte más íntima de todas:
el ADN. Su análisis no sólo pone al descubierto los
puntos débiles del paciente a nivel genético como,
por ejemplo, la predisposición a sufrir determinadas enfermedades.
También hace que las células (i00 billones en todo
el cuerpo) se regeneren a medida que van desapareciendo. Cuando
este equilibrio natural se rompe, la decrepitud orgánica
y mental se acelera. Es el principio del envejecimiento.
El proceso empieza a los 30 años, pero
no somos conscientes hasta los 40 o 50, cuando detectamos un bajón
físico importante. Sólo entonces nos planteamos si
existe la posibilidad de poner freno a esta decrepitud, explica
el doctor José Márquez-Serres, presidente de la recién
creada Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y
Longevidad (SEMAL).
CENTENARIOS
Pero el doctor se muestra optimista. Está convencido de que,
más pronto que tarde, habremos rebasado la barrera de la
centuria. Las estadísticas lo avalan. A pesar de que los
que cumplen la centena aún son minoría, los
nacidos a partir de 2003 tienen ya una esperanza de vida cercana
a los 100 años, señala este estudioso de la
vejez. Casi 20 más que la media española actual (79
años en los hombres y 83 en las mujeres), la segunda más
alta detrás de Japón. Otros alargan los plazos. El
biólogo estadounidense William Haseltine, director de Human
Genome Science, prevé que los nacidos en 2050 llegarán
a los 150 años.
En la clínica Planas, donde Rafael Trujillo
y 40 personas más siguen su particular lucha contra el calendario,
nadie se atreve a pronosticar. Tampoco se promete la hermosura de
la cabeza a los pies. La belleza, apostilla el director
del centro catalán, Jorge Planas, es lo de menos.
Sus palabras sorprenden. Son el reverso de la moda. El mito de Fausto,
más vigente que nunca en una sociedad donde lo bello ha dejado
de ser un don para convertirse en una obligación. El galeno,
fiel al principio de la medicina antiaging, la prevención,
no admite equívocos. Rechaza fórmulas mágicas.
El suyo da a entender, además de científico,
es un método que se asemeja al trabajo de un relojero; más
preciso, si cabe. Me midieron incluso el agua que circula
por mi cuerpo. David, 36 años y cirujano plástico,
es uno de los españoles más jóvenes en terapia
antiaging.
¿Le animó su profesión?
No. No lo hago por estética.
Ni por edad, supongo.
Por supuesto. Tomé la decisión
porque creo que es la única forma de ganarle años
a la vida.
O sea, que quiere llegar a ser el decano del
quirófano.
Desde luego y cuanto más tarde, mejor.
Todo empezó hace siete meses, después
de que David Rey se empapara de libros y de los consejos de algunos
colegas, sabedores, más que él, de las posibilidades
reales que brindan estos tratamientos. Incluso aprovechaba los congresos
para ahondar en lo que considera una compra de años
de vida. Sus continuas estancias en Barcelona, donde opera
y pasa consulta dos o tres veces al mes, hicieron el resto. Le hablaron
de la Planas, la misma clínica a la que va Rafael, como la
pionera en antiaging.
Les dije que no me dolía nada, que
estaba aceptablemente bien aunque, eso sí, un poco agotado.
Un hombre de 36 años, pensaron los médicos que le
atendieron, no puede sentirse tan decaído al final de la
jornada. Justo lo que notaba al llegar a casa, asiente
el cirujano andaluz. Me costaba hacer vida social, tardaba
más en recuperarme.... La prueba irrefutable de que
el estrés oxidativo había empezado a hacer mella en
su joven cuerpo. Su células, saturadas al no poder eliminar
los residuos del metabolismo, comenzaban a dar señales de
intoxicación. Así que le miraron de arriba abajo.
PRUEBAS
A lo largo de un día fue sometido a rigurosos exámenes.
Llegué a preocuparme. No podía imaginarme que
fuera necesario, por ejemplo, analizar el peso de cada extremidad.
Luego fueron los oídos, los ojos, la memoria, el grosor del
corazón... Salió de allí con una terapia a
base de minerales, vitaminas y ácidos grasos, diseñada
a su medida. Igual que la dieta. Zumos de fruta naturales, siempre
diluidos en agua, pan integral, legumbres, ensaladas, y tanto el
pescado (preferentemente azul) como la carne, cocinados a la plancha.
Una tabla de ejercicios diarios termina de obrar el milagro.
Dos meses después, el cuerpo de David ya
sentía los primeros cambios. Hoy hace balance: Me siento
como cuando tenía 20 años, con mucha energía,
sobre todo después de estar todo el día trabajando.
Sabe que no hay término medio. Que el tratamiento es de por
vida. La respuesta del organismo marca el ritmo de las revisiones
médicas. A diario, complementos nutricionales y dieta. Azúcares,
los mínimos. Nada de alcohol. Y si pese a ello el cuerpo
se descontrola, hormonas para compensar o dosis de melatonina, una
de las sustancias, según los científicos, con mayor
potencial antioxidante. Si las estadísticas no mienten, el
95% de las personas que siguen una terapia antiaging presentan mayor
resistencia a las enfermedades.
El sueño de la vida eterna, de la juventud
imperecedera. ¿Ensoñación? En su búsqueda,
los españoles nos gastamos, por ejemplo, en cosméticos,
42 millones de euros. Otros 12 en productos como Propecia para recuperar
el cabello o salvar el poco que nos quede. 18 millones más
en Viagra para superar la impotencia. A este negocio se unen terapias
que prometen recuperar el vigor y la estética de la juventud
perdida. Un boom en EEUU y un fenómeno en España que
empieza a echar raíces.
En realidad, todas ofrecen ilusión léase
hormona del crecimiento, testosterona y DHEA, y ello a pesar
de que sus efectos a largo plazo son una incógnita. Por ejemplo,
ésta última es una hormona presuntamente beneficiosa
para el riego sanguíneo y el tono vital, que los franceses
han bautizado como la píldora de la eterna juventud. Su función
es regular las hormonas sexuales. Pero el problema es que, a partir
de los 25 años, nuestras glándulas suprarrenales disminuyen
lenta y progresivamente su producción. Llegados a los 70
años sólo nos queda el 10% del capital inicial. Escasa
y cara: 30 euros el frasco. Prohibida en España, pero comercializada
en Francia como suplemento nutricional. Legal en Estados Unidos
y en Internet, adonde acuden quienes alaban sus efectos.
La fama se la dieron unos experimentos hechos en
la década de los 70 con animales de laboratorio. Hubo una
gran expectación. Algunos ratones, con serios problemas de
obesidad, eliminaron la grasa corporal y bajaron de peso. Otros,
predispuestos a sufrir un cáncer, no llegaron a desarrollarlo.
Hubo animales que incluso experimentaron una mejoría notable
de su memoria. También resultaron alentadoras las pruebas
en humanos realizadas en i995 por el profesor Bauler, padre de la
píldora abortiva RU-586, y François Foren, directora
del Instituto Nacional de Gerontología de París.
ENSAYOS
Doscientos voluntarios, de entre 60 y 79 años, hicieron de
conejillos de Indias: 50 miligramos diarios de hormona durante un
año. En abril de 2000 la revista de la Academia Nacional
de las Ciencias del Reino Unido publicaba los resultados. Tanto
hombres como mujeres decían sentirse pletóricos. Su
piel se hidrataba y adquiría un tono sonrosado, los dolores
musculares se atenuaban, aumentaba la densidad ósea y se
recalcificaban las vértebras lumbares. Amén del aumento
de la libido. ¿Ilusión?
Hoy la DHEA está en entredicho. Incluidos
los ensayos de EEUU y el Reino Unido. Decenas de investigadores
y médicos la ponen en duda, como Samuel Yen, de la Universidad
de San Diego (California), quien también puso en marcha un
experimento para comprobar si esta hormona era tan mágica
como algunos creían. Y es que el envejecimiento no admite
trucos, ni siquiera tomando pastillas. Dentro de 10 o 15 años,
cuando se conozcan muchos de los mensajes que hay escritos en los
genes humanos, estaremos en condición de curar enfermedades
actualmente sin remedio y sabremos con mayor certeza cómo
hacerle frente a la muerte, añade el presidente de
SEMAL.
Pero Elena, 58 años, no está dispuesta
a esperar. Para entonces habrá rebasado los 70. Prefiero
luchar ahora con todas mis fuerzas, que son muchas, cuenta.
No porque le ronde el pesimismo sobre su futuro. Elena Puig, una
mujer preocupada por su aspecto y calidad de vida, está segura
de que puede retrasar su vejez. No hay más que oírla
hablar para comprobar el entusiasmo con el que se enfrenta a la
senectud. Cuando se le pide opinión sobre las palabras del
escritor francés Alejandro Dumas, el hombre nace sin
dientes, sin cabello y sin ilusiones. Y muere lo mismo: sin dientes,
sin cabello y sin ilusiones, ella reacciona enérgica:
Jamás lo permitiría. No sólo por
estética, aunque se reconoce muy coqueta. Por respeto
a mi cuerpo; por dentro, sobre todo, y por fuera. Se siente
como una joven de 30, y no sólo cuando la piropean por las
calles de Barcelona. También sus médicos le recrean
el oído.
Hace un año y cuatro meses decidió
seguir los pasos de Rafael y David. Les dije a los doctores
que no quería ni podía permitirme el lujo de enfermar.
Familia obliga, y la suya es numerosa. Elena, madre de cinco hijos
y abuela de tres nietos, no para. Cuida de los pequeños,
de un hijo y del marido, y aún le queda tiempo para echar
una mano en el almacén de ropa familiar. Ahora, en la clínica
Planas le controlan las calorías, la hidratación de
su cuerpo y unos ejercicios diseñados sólo para ella.
Su organismo, dice, debe rendir cada día más. Como
el empresario extremeño o el cirujano andaluz, tampoco se
pone un límite. Su lucha por ganarle tiempo al reloj ha ido
a más. Sé que tengo la fuerza para seguir viviendo,
al menos, otros 58 años. Lo cuenta orgullosa, como
una batalla más de las muchas que ha librado esta madre de
familia.
Elena no parece que pida demasiado. En la Roma imperial,
no pasaban de los 23 años, y a principios del siglo XX eran
pocos los europeos que llegaban a celebrar su cuadragésimo
aniversario. Hoy vivimos casi cuatro veces más que un centurión
romano. Y cada año que pasa hay que revisar las previsiones.
El envejecimiento no es ni inevitable ni necesario,
sentencia Tom Kirkwood, gerontólogo de la Universidad de
Manchester, en su libro El fin del envejecimiento. Pone como ejemplo
a la difunta Jeanne Louise Calment. Nacida en 1875 (Arles, Francia),
llegó a conocer los gobiernos de 17 presidentes de la República
y murió en 1997, a los i22 años y cinco meses.
Nada hace pensar, añade Kirkwood, que la
longevidad de la mujer francesa marque un límite a la capacidad
humana de supervivencia. Con esa idea trabaja la bióloga
María Blasco en el Centro Nacional de Biotecnología,
de Madrid. Dirige uno de los pocos laboratorios europeos dedicados
al estudio de la telomerasa. Descubierta en 1985, esta enzima convierte
nuestras células en prácticamente inmortales y actúa
donde algunos científicos aseguran está la llave maestra
del envejecimiento: los genes.
TIEMPO DE VIDA
La especialidad de la telomerasa es producir telómeros; es
decir, la parte inicial y final de un cromosoma. Cuando estos remates
degeneran o desaparecen, las cadenas de genes se parten. Los huesos,
el hígado, la piel, los ojos... todos los tejidos envejecen
irremediablemente. La razón por la que somos perecederos
cobra una nueva dimensión. Lo hemos comprobado en ratones,
cuenta la doctora. Algunos son animales únicos en el mundo,
modificados genéticamente para privarles de la telomerasa
necesaria. Resultado: Viven sólo cinco meses, cuando
lo normal es que duren tres años. Toda una vida. Si
esta diferencia de tiempo se extrapola a los humanos, un hombre
o una mujer perdería, al menos, 20 años de existencia.
¿Y si fuera al revés? ¿Qué pasaría
si pudiésemos proteger esta enzima o ingerirla en dosis complementarias?
Sólo, en teoría, ganaríamos tiempo de
vida, esgrime prudente la investigadora. Dígame, por
favor, cuánto tiempo. Se lo contestaré dentro
10 o 15 años, responde ella.
No hay por qué caer en el desaliento. Por
mucho que se le atribuya al ADN la capacidad de decidir a
nivel biológico el final de nuestra existencia, no
todo está escrito en los genes. El investigador estadounidense
Roy Walford, 79 años, lo sabe. Famoso por estar un año
encerrado en un invernadero de cristal con otros siete científicos
que trataban de averiguar hasta donde llega la resistencia del cuerpo
humano, hace 22 años que sigue a rajatabla una dieta
draconiana. Su regla: subnutrición sin desnutrición.
Lo que traducido a números significa ingerir 1.500 calorías
al día. Entre un tercio y la mitad de lo que consumiría
un hombre de su estatura (1, 71 metros) y peso (61 kilos). Cree
que así llegará a los 120 años. De momento,
ha superado una enfermedad nerviosa que le impedía valerse
por sí mismo.
Al cirujano David y al ama de casa Elena esto les
parece inhumano. Como dice el empresario Rafael, hay que echarle
mucho coraje. Y le viene a la mente el jamón que cría
en su finca. Y los tomates. Y las patatas. Al despedirse, el hombre
récord vuelve sobre su terapia antiedad y habla de lo bien
que marcha su cuerpo casi sexagenario. Como un chaval.
Consejos para vivir más
Los cinco pilares fundamentales:
1. DIETA
Ésta debe de ser baja en grasa y alta en carbohidratos complejos,
sobre todo, verduras y frutas. Las grasas preferiblemente deben
ser monoinsaturadas, como el aceite de oliva virgen, los frutos
secos y el pescado azul, rico en ácidos grasos Omega 3. Se
ha de incrementar la cantidad de Þbra en la dieta. Ésta
se encuentra en las frutas, legumbres y verduras, especialmente
en su piel, y también en los cereales integrales; en algunos
casos podemos aplicar suplementos de la fibra mediante cápsulas
o sobres. Desayunar todos los días. Lo ideal es hacer tres
comidas principales y dos pequeños tentempiés (a media
mañana y a media tarde); la cena debe ingerirse a una hora
temprana, ya que el proceso de digestión se ralentiza si
estamos tumbados, debe de ser ligera y de fácil digestión.
Masticar lentamente hace que los alimentos se digieran mejor. Consumir
moderadamente alcohol o no tomarlo. En caso afirmativo se puede
beber vino tinto de calidad, como máximo dos copas al día,
ya que esta variedad es rica en polifenoles, potentes antioxidantes
con un efecto protector cardiaco. Mantener el peso preferiblemente
entre 5 y 10% por debajo del considerado ideal. Está demostrado
que aumenta la longevidad. En conclusión, se trata de reforzar
la dieta mediante vitaminas, antioxidantes, minerales, oligoelementos,
extractos vegetales, ácidos grasos Omega 3 y Omega 6. Básicamente,
implica seguir una dieta mediterránea equilibrada, aunque
incrementando el consumo de frutas y verduras. Fuente: Sociedad
Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad (SEMAL).
2. EJERCICIO FÍSICO
Como mínimo debe practicarse media hora diaria y como máximo
60 minutos al día y tres veces por semana. Si se sobrepasa
puede producir estrés oxidativo y originar el efecto contrario
al deseado. Las personas de edad avanzada deben caminar, a un ritmo
rápido, durante ese tiempo. Antes de empezar con el ejercicio
en sí, se recomienda realizar un precalentamiento, así
como estiramientos musculares controlados por un preparador físico.
También es aconsejable el ciclismo, la natación, el
tenis...
3. CONTROL DEL ESTRÉS
Básicamente, con relajación mental y con la práctica
de ejercicio físico.
4. ADMINISTRACIÓN DE SUPLEMENTOS NUTRICIONALES
No se deben ingerir nunca sin consultar al experto en medicina anti-edad.
Es necesario realizar una analítica previa para adaptar las
dosis a cada persona.
5. EN CASOS NECESARIOS, EL REEMPLAZO HORMONAL
Sobre todo, en la menopausia. Y en el hombre, durante la andropausia,
normalmente a partir de los 45 años.
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