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Los bebés ya disfrutan
de una esperanza de vida de 100 años
La aspiración de vivir un
siglo ya es una realidad para muchos. Algunos médicos afirman que
la longevidad se debe, en un 75 por ciento, a los hábitos de vida
y sólo en un 25 por ciento a los genes. Ahora queda por saber cuál
es el límite de la existencia humana
Fuente: La Razón [Septiembre 2003] - Rosa Serrano
Los bebés que han nacido este año
podrán vivir un siglo. Lo explica José Márquez-Serres,
presidente de la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento
y Longevidad (Semal). «Los niños que están naciendo
en la actualidad en países desarrollados tendrán una
esperanza de vida cercana a los cien años. Así lo
consideran ya algunas compañías de seguros»,
afirma. La longevidad humana, por tanto, ha aumentado. Nuestro país
está a la cabeza de la Unión Europea, con una esperanza
de vida media de 79,3 años. Hace 20 años era de 72,9.
En otros lugares se baten auténticos récords.
La isla de Okinawa (Japón), el valle de Vilcabamba (Ecuador),
la región georgiana de Abjasia y el valle de Hunza (Paquistán)
tienen una cualidad en común: la extraordinaria longevidad
de sus habitantes. En estas zonas, es habitual encontrarse con centenarios
realizando labores cotidianas y en pleno uso de sus facultades mentales.
La esperanza de vida en Okinawa es considerada la más alta
del mundo, puesto que de cada 100.000 personas, 20,6 son mayores
de 100 años, cuando lo habitual es que la cifra sea de 4,9,
según un informe del Gobierno japonés. Por su parte,
los georgianos están censados y estudiados por el Instituto
de Geriatría de Rusia, debido a su tendencia a vivir por
encima del siglo. Estos grupos de longevos tienen en común
vivir en la alta montaña, su dedicación a la agricultura
y la ganadería, una dieta baja en calorías y el respeto
que sienten hacia los ancianos. A la vista de sus largas vidas,
los expertos investigan si es ésta la receta para vivir cien
años. Y esta meta puede no estar demasiado lejos.
Genes para una vida larga
Entre las causas de la longevidad, los especialistas buscan
explicaciones genéticas. Las investigaciones del genetista
italiano Luca Cavalli-Sforza sobre los longevos habitantes de Cerdeña
apuntan a que puede existir un gen de la longevidad. Sin embargo,
aún no existe la forma de saber si se posee este preciado
gen.
Javier Novo, director de Genética de la Clínica
Universitaria de Navarra, cree que la propensión a vivir
más años no se debe a un solo gen. «Seguramente
¬apunta¬ habrá un conjunto de unos 20 o 30 genes
que, con determinadas variantes, proporcionarán más
longevidad», pero asegura que llevará mucho tiempo
conocerlos. «Hay pocos estudios sobre grupos de genes en longevos.
Pero vivir más puede tener causas genéticas que influyan
y protejan en muchos mecanismos. Eso explicaría por qué
hay gente que fuma y no sufre cáncer de pulmón: una
variante de un gen puede protegerlos», dice.
Sin embargo, esa protección genética
no basta. Para Márquez-Serres, «la longevidad depende
de la genética en un 25 por ciento, aproximadamente. El otro
75 por ciento se debe a los hábitos de vida». El doctor
ilustra esta afirmación con un ejemplo. «Un estudio
de la OMS sobre las japonesas, que son las mujeres con menos cáncer
de mama, concluye que las emigrantes de ese país tienen una
incidencia normal de la enfermedad después de siete años
viviendo en otro lugar, luego la explicación no es genética,
sino que se debe a la alimentación».
En efecto, la dieta es uno de los pilares para llegar
a centenario. Los cardiólogos recomiendan una dieta baja
en grasas saturadas y alta en carbohidratos, frutas y verduras.
Un menú para evitar incidentes cardíacos, una de las
principales causas de mortalidad en los países desarrollados.
Pero, además, grupos de longevos como el de la isla de Okinawa
son conocidos por su austeridad en la comida. Los expertos están
prácticamente convencidos de que una dieta hipocalórica,
sin restricciones de nutrientes, aporta años de vida.
Dieta y estilo de vida
Para Mónica de la Fuente, catedrática de Fisiología
de la Universidad Complutense de Madrid, los grupos de longevos
surgen «por una mezcla de genes y nutrición».
Señala que existen otros factores. «Todos van acoplados
¬afirma¬. Se envejece por el daño que provocan los
radicales libres en las células. Todo lo que lo reduzca es
bueno». Entre estos factores destaca, además de una
buena nutrición, el ejercicio físico. «Hace
que funcionen mejor las mitocondrias y que no produzcan los radicales
libres. Pero sólo si se realiza de forma moderada, pues el
de alta competición no es beneficioso».
La dieta, el ejercicio, no fumar, beber lo menos
posible, son también las recomendaciones del Ministerio de
Sanidad en su última campaña de publicidad institucional.
A éstas, De la Fuente añade una última: «Tener
una actitud psicológica positiva». «En la vida,
continuamente se producen situaciones de estrés, y algunos
no saben reaccionar. Entonces se ponen en marcha mecanismos que
oxidan más. Por el contrario, aquellos que tienen un cierto
funcionamiento cerebral, más optimismo , viven más»,
asegura.
Entre las causas del aumento de la longevidad no
pueden olvidarse los avances en el tratamiento de enfermedades,
sobre todo infecciosas, que sin él, serían mortales.
Pero vivir más años también arrastra efectos
negativos. Javier Novo explica que «en poco tiempo, hemos
llegado a vivir muchos más años. Una de las consecuencias
es el aumento del cáncer, una enfermedad del envejecimiento».
Mónica de la Fuente coincide en que la vejez no siempre es
la deseada. «Las mujeres, por ejemplo, viven más, pero
su calidad de vida no es tan buena», afirma.
Las secuelas del envejecimiento llevan a pensar
si la longevidad seguirá aumentando y si existe un límite
para la vida humana. En la actualidad, este debate se divide entre
quienes afirman que no se sabe hasta cuándo se podrá
vivir y los que aseguran que el «reloj biológico»
no llegará más allá de los 120 años.
Para Márquez-Serres, «tenemos un reloj
que marca los 120 años como límite, pero no se sabe
si podrá ampliarse, visto lo que han vivido algunas personas».
Novo opina que «como especie, los humanos estamos preparados
para una vida corta, pues se han seleccionado genes para la supervivencia,
no para la longevidad». De la Fuente concluye que «quizá
no se pueda ampliar la vida más de 120 años, pero
sí la esperanza de vida media».
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