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El seguimiento de una dieta mediterránea se asocia a una mayor supervivencia

 

(26/06/2003). - Diario Médico

Un estudio que se publica hoy en The New England Journal of Medicine indica que seguir una dieta mediterránea puede ser un seguro de vida. El trabajo se ha efectuado en 22.043 sujetos griegos y sus resultados son similares a los de prevención secundaria cardiovascular llevados a cabo en Estados Unidos. Se ha demostrado que la dieta mediterránea tradicional reduce la mortalidad cardiovascular y la oncológica.

 

Un mayor seguimiento de la dieta mediterránea tradicional se asocia con una reducción significativa de la mortalidad total, según lo ha confirmado un estudio coordinado por Dimitrios Trichopoulos, del Departamento de Epidemiología de la Universidad de Harvard, en Boston, y por Antonia Trichopoulou, del Departamento de Epidemiología e Higiene de la Universidad de Atenas, en Grecia, que se publica hoy en The New England Journal of Medicine.

El seguimiento de la dieta mediterránea puede mejorar la longevidad pero los datos relevantes son limitados. Por eso, el equipo griego llevó a cabo una investigación prospectiva sobre 22.043 adultos que residían en Grecia y que completaron un amplio cuestionario sobre la frecuencia de los alimentos que consumían.

Se evalúo el seguimiento de la dieta mediterránea tradicional mediante una escala de la dieta mediterránea de 10 puntos que incorpora las características principales de la dieta (rango de puntuación, de 0 a 9, indicando las puntuaciones más altas un mayor seguimiento de la dieta).

 

Mortalidad
Los investigadores emplearon la regresión de los riesgos proporcionales para evaluar la relación entre el seguimiento de la dieta mediterránea y la mortalidad global, así como la mortalidad asociada a cardiopatía y al cáncer, con ajustes para la edad, el sexo, el índice de masa corporal, el grado de actividad física y otros posibles factores de confusión.

Durante un seguimiento medio de 44 meses se produjeron 275 muertes. Un mayor seguimiento de la dieta mediterránea se asoció a una reducción de la mortalidad total (tasa de riesgo ajustada de muerte asociada a un incremento de dos puntos en la puntuación de la dieta mediterránea, 0,75; intervalo de confianza del 95 por ciento, 0,64 a 0,87). Fue evidente una asociación inversa con el mayor seguimiento de la dieta, tanto para las muertes debidas a cardiopatía coronaria como para las asociadas a cáncer.

En general, no fueron significativas las asociaciones entre los grupos de alimentos individuales que contribuyen a la puntuación de la dieta mediterránea y la mortalidad global.

Los autores del estudio han indicado que la dieta mediterránea tradicional se caracteriza por la ingesta elevada de verduras, legumbres, frutas y frutos secos y cereales, sin olvidarse del aceite de oliva. La cantidad de lípidos saturados no tiene que ser elevada, lo contrario que el consumo de pescado. Sin embargo, la carne y las aves se deben comer con moderación, aunque se puede aumentar el consumo de lácteos. También se recomienda el consumo regular de etanol, sobre todo el procedente del vino, en las comidas.

Los autores del trabajo añaden que sus resultados son compatibles con los datos de los dos estudios randomizados sobre prevención secundaria de enfermedad cardiovascular basados en el seguimiento de los patrones básicos de la dieta mediterránea en pacientes que ya han sufrido un evento.

 

El aceite de la vida
El concepto de la dieta mediterránea surgió en el Estudio de los Siete Países, coordinado por Ancel Keys en 1950, en el que se mostraba que la población de Creta tenía una tasa baja de enfermedad cardiovascular y de ciertos tipos de cáncer. Además, presentaban una elevada esperanza de vida, según recuerda Frank B. Hu, del Departamento de Epidemiología y Nutrición de la Universidad de Harvard, en un artículo de revisión que se publica hoy en The New England Journal of Medicine.

Con el paso de los años, la dieta mediterránea se ha convertido en un modelo de alimentación saludable. El consumo elevado de aceite de oliva, propio de la dieta mediterránea, se ha convertido en su distintivo, importándose a otros países no mediterráneos. La evidencia de diversos estudios demuestra el papel del aceite de oliva en la prevención de la enfermedad cardiovascular y de ciertos tipos de cáncer, debido a los altos niveles de ácidos grasos monoinsaturados y a los compuestos polifenólicos.

Hu advierte que los patrones clásicos de dieta mediterránea están cambiando en Grecia y en los demás países que bordean el Mediterráneo. La obesidad están creciendo en estos países por la occidentalización de la dieta y por la reducción de la actividad física. El estudio de Trichopoulou es un aviso más para que se vuelva a la alimentación sana ofrecida por la dieta mediterránea.

(N Engl J Med 2003; 348: 2.599-2.608).

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