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Hallan el mecanismo por el que la
vejez favorece la aterosclerosis
(17/07/2003). - Diario Médico
Que el envejecimiento supone
un factor de riesgo para la aterosclerosis ya se sabía. El porqué
lo acaba de encontrar un equipo de la Universidad de Duke, en Durham
(Carolina del Norte) y, según publicará Circulation el 29 de julio,
se debe a un fallo medular asociado a la edad que provoca la pérdida
de células progenitoras vasculares derivadas de la médula ósea (VPC,
en sus siglas inglesas), necesarias para reparar el daño de los
vasos.
En su investigación, el equipo de Duke que ha coordinado
Doris Taylor utilizó ratones diseñados específicamente para desarrollar
aterosclerosis e hipercolesterolemia. Los científicos inyectaron
células hematopoyéticas de ratones sanos en los animales durante
un periodo de 14 semanas. Transcurrido este tiempo y comparados
con un grupo control, los ratones tratados presentaban entre un
40 y un 60 por ciento menos de lesiones en la aorta, pero los mismos
niveles de colesterol.
Diferenciación
Por otro lado, en la edición electrónica de Proceedings
of the National Academy of Sciences se publica un análisis de la
Universidad de Wisconsin que explica cómo la interacción de dos
proteínas determina si una célula madre hematopoyética se diferenciará
en otra célula sanguínea o mantendrá su condición.
El equipo de Emery Bresnick ha explorado el papel
en este proceso de las proteínas GATA-1 y GATA-2. Según explican,
un nivel elevado de GATA-2 es necesario para que las células madre
se diferencien en un tipo intermedio de células hematológicas, llamadas
progenitoras multipotenciales. Sin embargo, la diferenciación sólo
puede proseguir si se reducen los niveles de GATA-2.
Por su parte, el estudio de la GATA-1 reveló que
se necesitan cantidades elevadas de esta proteína para la formación
de distintos tipos de células hematológicas. Por contra, para que
las células madre hematopoyéticas permanezcan indiferenciadas, los
niveles de esta proteína deben ser bajos. "Pensamos que existe una
relación recíproca e inversa entre GATA-1 y GATA-2", ha comentado
Bresnick.
Al observar la forma en que estas proteínas interactúan
con secuencias genéticas de células vivas, observaron en el gen
de la GATA-2 una región que regula la relación. Por tanto, cuando
este gen está activado, las proteínas GATA-2 se adhieren a esta
región; pero si el gen está inactivo, son las proteínas GATA-1 las
que se adhieren. Así, a medida que los niveles de GATA-1 aumentan,
la proteína se adhiere a la región y lanza una señal al GATA-2 para
que deje de producir su proteína. El efecto en red provoca que si
GATA-1 ocupa la región clave, la actividad del gen se detiene y
la célula se diferencia. Pero si GATA-2 es la que se une a la región,
la actividad genética comienza y la diferenciación no se lleva a
cabo.
Migración al hígado
Las células madre hematopoyéticas migran hasta el
hígado para reparar el tejido hepático dañado de forma selectiva,
no aleatoria, en un proceso que requiere la expresión de la quimiocina
de señalización SDF-1 y del receptor CXCR4. Así lo explica un equipo
del Instituto de Ciencia Weizmann, en Israel, que, en colaboración
con expertos del Mount Sinai, en Nueva York, el Instituto Pasteur,
en París, y el Centro Médico Chaim Sheba, en Israel, publican un
trabajo en el último número del Journal of Clinical Investigation.
Las vías que facilitan la intercomunicación entre las células madre
hematopoyéticas y el tejido hepático dañado podrían servir como
diana para terapias regeneradoras de este órgano.
(JCI 2003; 112: 160-169).
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