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El estrés y las dietas adelgazantes agravan la caída del cabello, que afecta al 20% de las mujeres

Fuente: El País (Febrero de 2006)

El 20% de las mujeres sufre alopecia, un trastorno multifactorial en el que predomina el componente hormonal y hereditario. Una dieta desequilibrada, algunas enfermedades graves y ciertos medicamentos pueden desencadenar un proceso de caída del cabello que afecta a la autoestima de las mujeres tanto o más que la calvicie masculina a la de los hombres.

Aunque siempre ha habido mujeres con alopecia, la calvicie ha sido fundamentalmente cosa de hombres. Pero algunos cambios en los estilos de vida pueden tener graves repercusiones sobre el pelo de las mujeres. ¿Habrá más calvas entre las mujeres del siglo XXI? De momento, no hay estadísticas al respecto, pero los especialistas advierten de que el estrés y las dietas adelgazantes pueden desencadenar o agravar la caída del cabello y conducir a una alopecia que, una vez instaurada, es difícilmente reversible.

Una cabellera normal, tanto en hombres como en mujeres, tiene unos 100.000 cabellos. Con esa dotación nacemos y con ella moriríamos si en medio no se interpusieran una serie de factores genéticos y ambientales que merman ese capital, a veces de forma dramática. Que caigan pelos al peinarse puede ser normal. Que caigan muchos puede ser el pasaporte hacia la calvicie. ¿A partir de cuántos? Los especialistas han puesto una cifra -cien diarios- a partir de la cual conviene comenzar a preocuparse.

"Al nacer, nuestro organismo tiene capacidad para tener entre 33 y 38 ciclos de pelo, y cada uno de estos ciclos tiene una vida media de tres años. Por tanto, si se siguiera esta secuencia nadie debería quedarse calvo antes de los 100 años. Pero si los ciclos se aceleran y en vez de tres años duran la mitad, se agotan antes", advierte Campos.

La alopecia es un proceso hereditario en el que intervienen múltiples factores y genes. Desequilibrios hormonales, estrés o deficiencias en la nutrición pueden desencadenar el proceso en las personas que tienen predisposición genética. Hay que distinguir entre dos grandes grupos: la alopecia androgenética (caída del cabello por una alteración hormonal en casos de predisposición genética) y el efluvio telogénico (pérdida de pelo como consecuencia de la dieta, de una enfermedad grave o como efecto secundario de ciertos medicamentos).

"El 20% de las mujeres españolas de entre 20 y 89 años sufre alopecia. De ellas, un porcentaje muy alto, especialmente en el grupo de edad de 16 a 29 años, siguen dietas de adelgazamiento y no ingieren suficientes nutrientes, como proteínas, ácidos grasos o ferritina. El cuerpo necesita estas reservas proteicas para órganos como la médula ósea, el pulmón o el hígado, y si no las obtiene de la alimentación, las coge del pelo", explica Francisco Camacho, jefe del Departamento de Dermatología Médico-Quirúrgica y Venereología del hospital Universitario Virgen Macarena de Sevilla.

En las mujeres de 30 a 39 años son más frecuentes otras carencias nutricionales, como la falta de biotinas (un transportador del dióxido de carbono que se encuentra en el huevo), vitamina B12 o hierro. "Además, cada vez hay más mujeres que no asimilan bien el hierro, por eso antes de seguir un tratamiento farmacológico contra la alopecia se debe optar por un régimen alimenticio hiperproteico rico en carnes rojas".

Hasta el año 2000 todos los tipos de caída del cabello se catalogaban como alopecia androgenética femenina. Hoy prevalece la clasificación de la científica americana Elise Olsen, que distingue entre alopecias precoces (las que aparecen antes de la menopausia) y tardías. En cada uno de estos dos grupos, distingue a su vez entre alopecias que presentan elevación de andrógenos y las que no. En los grupos de mujeres en los que están aumentados los andrógenos, el proceso de la enfermedad es similar al del varón. En las que no hay exceso de andrógenos se produce efluvio telogénico, con una caída paulatina y difusa del cabello.

"Una de las principales enzimas involucradas en la alopecia es la 5 alfa reductasa, que convierte la testosterona en dihidrotestosterona, hormona androgénica responsable final de la alopecia. El exceso de funcionamiento de esta hormona se produce desde el nacimiento, pero no se manifiesta hasta que no se desarrollan las hormonas sexuales, a partir de la adolescencia. La alopecia androgenética se produce porque hay una mayor sensibilización de los folículos pilosebáceos a la dihidrotestosterona, y no porque haya un exceso de ésta", apunta Manuel Velasco, del servicio de Dermatología del hospital Arnau de Vilanova (Valencia).

Según Velasco, a veces, cuando el efluvio telogénico se cronifica, puede confundirse con alopecia androgenética, y se deben hacer pruebas diagnosticas diferenciales, entre ellas la medición del diámetro del cabello. "En el efluvio telogénico crónico, que muchas veces aparece de forma brusca en mujeres de entre 40 y 60 años, los cabellos son más finos pero no alcanzan los niveles de los de la alopecia androgenética. Un cabello normal tiene un grosor de entre 0,055 y 0,085 milímetros, pero en la alopecia androgenética el diámetro es menor de 0,04 milímetros", indica.

El estrés es otro de los factores que más se asocian a la caída del pelo. Sin embargo, los expertos insisten en que en la mayoría de las ocasiones lo que popularmente se conoce como alopecia de estrés no es otra cosa que un empeoramiento de una alopecia androgenética. "La única alopecia científicamente admitida como alopecia de tensión o estrés es la alopecia areata, aquella que se produce por un choque emocional grave derivado de situaciones como la muerte de un familiar, una ruptura de pareja, problemas económicos graves y situaciones emotivas muy intensas. Cuando el estrés es debido al exceso de trabajo o a un ritmo de vida excesivamente acelerado, son alopecias androgenéticas que se agravan por esta circunstancia, que produce un aumento de andrógenos en las glándulas suprarrenales", explica Camacho.

Pero la caída del cabello también puede deberse a un estrés físico, como la acción de los rayos ultravioleta. Así se ha descrito recientemente gracias a los trabajos del equipo de Tricología del hospital Virgen Macarena, dirigido por el doctor Camacho y a un grupo de investigación alemán coordinado por Ralf Paus. "En 1996 observamos que entre los pacientes con alopecia había una serie de personas con zonas del cuero cabelludo al descubierto a los que se les caía todavía mucho más el pelo. Esto significaba que unos tres meses antes había existido un traumatismo. Llegamos a la conclusión de que este daño se había generado por efecto de la luz solar, aunque no averiguamos el mecanismo por el que se producía este trastorno", explica Camacho.

Por estas mismas fechas, según Camacho, Paus dirigió unas investigaciones que demostraban que el pelo actúa como una fibra óptica capaz de absorber la intensidad lumínica y transmitirla hasta el bulbo piloso. "Allí, los melanocitos actúan como micropilas y producen una reacción que provoca la caída del pelo", explica Camacho.

El 80% de las mujeres que acuden a consulta por alopecia ya ha probado algún tratamiento farmacéutico (vitaminas) o cosmético (ampollas). Según los expertos, no existe ningún champú que haga crecer el pelo. "Es muy importante que las mujeres sepan que hay diferentes tipos de alopecias y que existen tratamientos para frenar la caída. Deben acudir al dermatólogo para que valore la causa y haga un diagnóstico adecuado", agrega Ricardo Ruiz, jefe de la unidad de Dermatología de la Clínica Ruber de Madrid.

Las terapias farmacológicas pueden ser locales o generales. A veces se utilizan ambas. En las locales destacan el minoxidil, que es un hipotensor, y otras sustancias que ayudan a la vasodilatación. En los tratamientos generales, se administran antiandrógenos, cuya prescripción requiere un amplio estudio hormonal y un riguroso seguimiento médico.

 

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