|
El nivel social
bajo acelera el envejecimiento
Fuente: Tendencias21.net
Las personas con dificultades económicas
tienen 7 años menos de vida que las demás
El envejecimiento biológico humano no depende sólo
de nuestra buena salud, sino también de nuestro estatus social,
señala un estudio realizado por un equipo de la unidad de
Twin Research and Genetic Epidemiology (de investigación
de gemelos y epidemiología genética) del St Thoma's
Hospital de Londres, liderados por el profesor Tim Spector.
Una esperanza de vida más corta está asociada a un
nivel socio económico bajo, señala el estudio, que
concluye que las personas que pertenecen a las clases populares
envejecen más deprisa que aquéllas cuyo estatus social
es más alto: la diferencia es de siete años con respecto
a las personas de las clases más favorecidas.
En el estudio, los científicos analizaron a 1.552 gemelas
británicas de edades comprendidas entre los 18 y los 75 años,
que provenían de clases sociales distintas. Además
de realizar un cuestionario acerca de la ocupación, la educación,
los sueldos, el tabaco, el ejercicio físico, la talla y el
peso de las participantes, a las gemelas investigadas también
se les tomaron muestras de sangre para la extracción de su
ADN, que se investigó.
La observación genética se centró particularmente
en los llamados telómeros, es decir, los extremos de los
cromosomas. Estas regiones de ADN son muy repetitivas y tienen la
función de estabilizar estructuralmente a los cromosomas
en la división celular y en el tiempo de vida de las estirpes
celulares, entre otras funciones.
El desgaste en ellos (la reducción de su longitud) podría
ser un indicador biológico del envejecimiento humano, señalan
los investigadores en un artículo publicado en la revista
Aging Cell.
De hecho, se pudo comprobar que los telómeros de las mujeres
que pertenecían a clases sociales más bajas eran significativamente
más cortos que los de las mujeres de clase alta.
El estrés, origen del mal
Los científicos constataron que existía una diferencia
biológica de siete años entre las mujeres de una u
otra clase social que tenían la misma edad. Esta diferencia
no puede explicarse sólo por cuestiones como la educación,
la higiene, el tabaco o la obesidad, sino que, según los
investigadores, podría ser originada por el estrés,
que provocaría el envejecimiento de las células.
La inseguridad laboral, más frecuente en medios populares,
así como una auto-estima más baja o una sobrecarga
de trabajo, podrían llevar a un esfuerzo que afectara al
cuerpo hasta el punto de envejecerlo prematuramente.
También se descubrió que aquellas mujeres de clase
alta que habían descendido de estatus al casarse
con alguien de clase más baja, también sufrían
un envejecimiento acelerado, lo que refuerza la hipótesis
de que una vida difícil, con problemas económicos
de los que carecen las clases altas, puede afectar a esta parte
de los genes responsable de nuestro envejecimiento.
Este descubrimiento puede explicar asimismo la gran diferencia
en la ratio de muertes entre las diversas clases sociales, ratio
que no puede explicarse completamente sólo por los estilos
de vida y los excesos que se hagan. La clase social y nuestra calidad
de vida afectan no sólo al desarrollo o no de determinadas
enfermedades: de hecho puede propiciar nuestro envejecimiento.
Siempre los genes
El equipo británico liderado por Tim Spector ha realizado
en el pasado otros importantes descubrimientos. Por ejemplo, en
2004 publicaron un artículo en el que señalaban que
el sentido del humor no es una cualidad intrínseca, sino
algo que se aprende por la educación y la cultura.
Asimismo, han encontrado que los factores genéticos tienen
un papel importante en los desórdenes del sueño, como
los ronquidos severos y sacudidas involuntarias de piernas.
Este descubrimiento se basa en un estudio realizado con casi 2.000
parejas de gemelas.
Para este equipo, la infidelidad de la pareja es asimismo de origen
genético, ya que según otro estudio, si entre dos
hermanas mellizas, una tiene una historia de infidelidad, el porcentaje
de que la segunda también sea infiel es superior al 55%.
En general, se estima que el 23% de las mujeres no son fieles.
Otra investigación realizada por Tim Spector señala
que los fumadores y los obesos se vuelven más viejos con
mayor rapidez que las personas delgadas y no fumadoras. En este
trabajo se obtuvieron evidencias, también a través
de los telomeros, acerca de cómo y de cuánto envejecen
a nivel molecular los individuos que fuman y padecen de obesidad.
La música tendría asimismo un origen genético,
según otra investigación de este equipo británico.
Otros estudios con gemelos han mostrado asimismo que en el caso
del dolor de espalda el factor más importante está
en los genes: la posibilidad de heredar un problema discal llega
hasta un 74%. Los factores genéticos suponen más del
50% de la variación en las posibilidades de sufrir dolor
lumbar, según este estudio.
|