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Preciada juventud

No parecer más joven, sino serlo es el objetivo de la medicina antienvejecimiento o antiaging, una disciplina que a través de terapias personalizadas ayuda a prevenir enfermedades degenerativas y a mejorar la calidad de vida. Si le interesa atrasar su reloj biológico, cambie sus hábitos de vida.

Fuente: eluniversal.com

Se imagina llegar a los 70 años con la misma vitalidad de los 40, o mejor aún de los 20. Con pulmones, cerebro, corazón y articulaciones trabajando óptimamente, sin ahogamientos, olvidos, sofocos e indisposiciones. ¿Le parece imposible? Pues es posible, y la ciencia asegura que ese ideal de “eterna juventud” ya no es un sueño.

Ciertamente envejecer es inevitable. Es un proceso natural que forma parte de la evolución del ser humano, que va progresando con el paso del tiempo y que culmina con la muerte. Los procesos metabólicos del organismo dejan de funcionar correctamente, pierden su capacidad de respuesta, por lo que se generan cambios biológicos, psicológicos y sociales. Eso es normal; sin embargo, lo que se puede
lograr es cambiar la forma de hacerlo; es decir, de cómo querer envejecer.

Más que eliminar arrugas y tapar las canas, de lo que se trata es alcanzar la longevidad en forma sana, sin enfermedades, ni impedimentos físicos, psíquicos y los achaques, estas manifestaciones típicas de la vejez. ¿No le parece fabuloso tener al alcance de su mano la clave para continuar “sintiéndose” joven y saludable, con un cuerpo fuerte y en forma, durante más tiempo? Seguro que sí.

A juicio del doctor Juan Carlos Méndez, especialista en medicina antienvejecimiento,
sí existe la posibilidad, desde el punto de vista biológico, de prevenir y revertir el proceso del envejecimiento, origen de muchas enfermedades, y que como tal, tiene que tener una cura. En ese sentido, a modo de pregunta y respuesta reflexiona lo siguiente: “¿Cuál es el índice de mortalidad? El ciento por ciento: todos morimos.
¿Por qué se muere la gente? Porque se enferma. ¿De qué se enferman? De enfermedades crónicas degenerativas como el cáncer, infarto del corazón, accidente cerebro-vascular, respiratorias, mal nutrición, entre otras. Y, ¿por qué se enferman? Por el envejecimiento. Este es un círculo vicioso que tiene su fundamento en cinco teorías: daño genético, relacionado con las alteraciones de ADN; oxidación: sobreproducción de radicales libres que termina por degenerar la célula; homotoxicosis: acumulación de toxinas fuera y dentro de la célula; desbalance hormonal: descenso de la hormona del crecimiento (hormona de la juventud) y de otras como DHEA, estrógeno, progesterona, testosterona, serotonina, dopamina y desbalance nutricional: definitivamente somos lo que comemos, la alimentación cotidiana se ha convertido actualmente, en un problema más que en una solución, lo cual se ve reflejado en una deficiente calidad nutricional, trayendo como consecuencia una mala calidad de los tejidos”.

Cédula o célula
Aunque cueste creerlo, el proceso de envejecimiento no comienza cuando se llega
a la madurez, entre los 50-60 años, si se toman los 100 ó 120 como esperanza de
vida. Algunos especialistas señalan que la vejez arranca con el nacimiento; otros, cuando se dificulta llevar a cabo las actividades que antes resultaban fáciles hacer. Para la medicina antienvejecimiento, el ser humano termina de madurar a los 28
años, cuando, según explica Méndez, está en su capacidad óptima, y efectivamente,
es capaz de cumplir con todas sus funciones: físicas, sociales, sexuales, familiares.

Sin embargo, hay gente con suerte: son mayores y aparentan menos edad de la que tienen, pero existe el caso contrario: son jóvenes y lucen envejecidos. En esto influye
la edad biológica y la edad cronológica. ¿Qué significa esto? Que cada cual tiene una edad señalada por su fecha de nacimiento (cronológica) que es la que aparece en su documento de identidad —la cédula en nuestro caso—, y otra biológica, de las células, estrechamente relacionada, y determinada, por las agresiones de todo tipo a las que ha estado sometido el organismo en sus primeros 25 años de vida. Esto depende, según afirma el doctor José Márquez Serres, presidente de la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad (Semal), en un 25 por ciento de la genética, que juega a su favor, y en un 75 por ciento del estilo de vida; es decir, el cuidado del cuerpo. Si éste ha sufrido exceso de radiaciones solares, tabaco, alcohol o ejercicios; si ha padecido numerosas situaciones de estrés o, incluso, estrés crónico; si, además, desde el punto de vista dietético, no ha recibido una alimentación adecuada ni tampoco cumple con un descanso y reposo reparador, de seguro que su edad biológica y su edad cronológica están absolutamente descompensadas. Podrá tener 40 años cronológicos, con los signos de envejecimiento propios de esa edad, pero serán 60 años biológicos, a consecuencia del daño celular provocado por las agresiones mencionadas.

Precisamente, lo que más afecta al organismo es la acción de los radicales libres y la oxidación que provocan en las células.

A la medida
A diferencia de la medicina convencional, ambos especialistas señalan que la medicina antienvejecimiento es básicamente preventiva y personalizada y no se enfoca en la enfermedad, sino en la salud. El paciente debe estar sano; sin embargo, si el diagnóstico previo detecta algún mal, es tratado previamente por el especialista que corresponda y cuando se recupera, se fija el tratamiento antiedad. ¿La edad adecuada? A partir de los 35 ó 40 años. Sin embargo, insiste Serres, uno debería comenzar en la juventud, incluso en la niñez, con una dieta adecuada y la práctica de ejercicio físico, fundamentalmente.

Méndez explica que el protocolo del tratamiento antiedad implica realizar previamente unos exámenes físicos y bioquímicos para conocer a fondo el estado general del organismo. Estos permiten determinar el nivel hormonal, el perfil oxidativo y la presencia de vitaminas, minerales y oligoelementos. Se realizan estudios genéticos; se calcula el porcentaje de masa ósea, muscular y el ph cutáneo, y se trabaja también sobre las capacidades cognitivas, como la memoria; y fisiológicas, como la fuerza, flexibilidad, capacidad aeróbica y de reacción.

Con los resultados en mano, y descartadas las enfermedades, se comienza con el tratamiento. Este incluye un programa de ejercicio físico diario, pero moderado (el exceso acelera el envejecimiento, por la acción de los radicales libres); una dieta saludable y adaptada al paciente; suplementos de vitaminas o antioxidantes, aminoácidos, enzimas y oligoelementos que reparen el organismo y, en caso de ser necesario, tratamiento hormonal.

Entre las terapias antienvejecimiento que más se realizan destacan:
Hidroterapia de colon: consiste en la irrigación de agua purificada y enemas emolientes, enzimáticos, balsámicos y nutritivos, con el fin de desprender
mucosidades tóxicas adheridas a las paredes del intestino, sustituyéndola por una
flora bacteriana saludable.

Ozono: estimula la producción de enzimas antioxidantes para neutralizar la oxidación, mejora la micro-circulación sanguínea y combate virus, bacterias y hongos.

Plasma rico en plaquetas: concentración de factores de crecimiento propios del pacientes, aplicados con terapia celular y oligoelementos como factores de regeneración, revitalización y rejuvenecimiento de órganos y tejidos.

Quelaciones: captura y elimina depósitos tóxicos, radicales libres, proteínas azucaradas y metales pesados dentro y fuera de la célula y en las paredes de los vasos sanguíneos (arterias y venas), limpiándolas, mejorando la nutrición y desbloqueando los sistemas enzimáticos.

Sueros: aplicación endovenosa de oligoelementos, vitaminas, bioterápicos y repolarizantes que aportan a las células la materia prima necesaria para mejorar su metabolismo y estructura.

Terapia celular: aporta al organismo la materia prima prefabricada o terminada, la cual es aprovechada por el cuerpo para transportarla a los órganos afectados y restaurar de inmediato sus funciones.

Terapia neural: aplicación de procaína enriquecida con bioterápicos, con el fin de aumentar el voltaje celular y con ello la capacidad de regeneración.

Vacuna antiaging: estimula la producción de las hormonas de la juventud (HGH, IGF1 y DHEA), con micro-dosis aplicadas en los puntos del eje hormonal (chacras).

Cada vez que el paciente vuelve a la consulta, explica el doctor Méndez, miden su edad biológica, a través de las pruebas biofísicas, y comprueban si los resultados están dando los logros esperados, los cuales, además, verifican si efectivamente el paciente cumple o no con su tratamiento.

 
 

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